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REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 97 – Enero de 2005 (Extraordinario)
LA CONSTRUCCIÓN DEL LAICISMO EN LA FRANCIA DE LA
REVOLUCIÓN
Por José Luis Orella Martínez
[1]
La Iglesia Católica en Francia ha sido una de las primogénitas desde que en
el año 496 el rey de los francos, Clodoveo se convirtió al catolicismo mientras
que el resto de los pueblos germanos se mantuvieron pertinaces en las herejías
arrianas. Francia desde entonces guardó una intensa fidelidad al catolicismo y
los caballeros franceses fueron los que aniquilaron a los herejes cátaros del
mediodía francés y junto a San Luis participaron en la Cruzada contra los
musulmanes en Oriente Próximo. Los reinos francos del levante palestino fueron
defendidos por la llegada continua de caballeros del país galo.
Sin embargo, desde el siglo XVIII, Francia que rivaliza con España el lugar
de primera potencia mundial, evoluciona a posiciones que ven en la Iglesia
Católica un lastre del avance tecnológico del país. Los pensadores ilustrados
defienden tesis racionalistas y empiezan atacando los fundamentos dogmáticos de
la Iglesia Católica.
- El análisis de la religión cristiana, de Dumarsais.
- El hombre máquina, de La Mettrie.
- El espíritu, de Helvetius.
- La carta sobre los ciegos, de Diderot.
- El Belisario, de Marmontel.
- El sistema de la naturaleza, de D´Holbach.
Las obras de ilustrados como Voltaire, Rousseau o Diderot difunden una imagen
negativa de la Iglesia en círculos minoritarios, pero influyentes por su
posición social e intelectual, especialmente en los centros urbanos. El
catolicismo es algo propio de las clases populares y atrasadas. El siglo de las
luces, no deja de ser la época de lucha contra el liderazgo cultural llevado por
la Iglesia, desde que los bárbaros irrumpieron en el imperio romano occidental.
A pesar de todo, a finales del siglo XVIII, la Iglesia Católica en Francia
dispone de una gran fuerza social, de los 26 millones de franceses únicamente
medio millón son hugonotes (calvinistas) y 40 mil judíos. Esta Iglesia esta
organizada en 139 diócesis y 40 mil parroquias sustentadas por 130 mil miembros
del clero. Aparte, la Iglesia también es un poder económico independiente
calculada su riqueza en propiedades en 3 mil millones de libras que le da unas
rentas de 150 millones de libras de intereses. En definitiva el 6 % de la tierra
francesa esta bajo el dominio de la Iglesia y le permite sostener su
independencia del poder real. Además existen unas 50 mil cofradías de carácter
religioso que reúne a la mayor parte del laicado católico francés en un
asociacionismo fuera del control del Estado.
Sin embargo, a pesar de las cifras que describen a una Iglesia francesa
poderosa e influyente en la sociedad francesa, existen síntomas que pueden
complicar su salud. Desde 1750 se ha ido comprobando un progresivo descenso en
el número de vocaciones religiosas. Las razones para este descenso vienen en
parte por el retraso, desde 1768, a los 21 años del ingreso de los jóvenes en
las órdenes religiosas; la hostilidad de algunas familias, influidas por las
lecturas de los ilustrados a que sus vástagos entren en religión; relajación del
modo de vida de algunas órdenes al reducir el tiempo de oración, consumir té y
café y salir a la calle sin permiso del superior. Además de estas causas
persiste la división entre los miembros del clero francés al permanecer
enquistados defensores de las tendencias galicanas y jansenistas. Los primeros
eran favorables a una cierta autonomía de la Iglesia francesa con respecto a
Roma y un acercamiento al poder civil y defendían la superioridad del concilio
con respecto a la figura del Papa. En cuanto a los segundos, aparte de la
defensa de la predestinación favorecían el poder de los obispos a costa del
Pontífice romano.
No obstante, aunque la Iglesia francesa tuviese que soportar a estos
colectivos disolventes en su seno, que serían utilizados en su contra hábilmente
por el poder político, la calidad del clero galo no planteará problemas a la
fidelidad de la Iglesia. Los miembros del clero están preparados e instruidos, y
no se les conoce ningún tipo de escándalo. La preparación que tiene en el
seminario dura de dos a tres años, especializándose en Teología o Sagrada
Escritura. Tomando como ejemplo algunas localidades, en Burdeos el 50 % de los
canónigos son doctores en Teología, un tercio del clero del Périgord tiene
título universitario. En cuanto a los obispos cumplen con sus obligaciones
pastorales, pero en su mayor parte pertenecen a la aristocracia, mientras que el
resto del clero es reclutado entre las nacientes clases medias del tercer estado
francés.
Además la Iglesia protagoniza la ayuda social de una manera determinante al
disponer de la totalidad del personal de los hospitales y centros de
beneficencia y al escolarizar a dos tercios de los niños en centros regidos por
órdenes religiosas femeninas. Aparte, el estado francés se encuentra muy
necesitado de liquidez monetaria por las deudas contraídas en las diversas
guerras coloniales realizadas contra el Imperio Británico. La Iglesia Católica
aporta en 1780 7.300.000 libras al erario francés y en los últimos cinco años
anteriores a la revolución, la cantidad donada por la Iglesia al Estado para
hacer frente a las deudas suma 76 millones de libras. En definitiva la Iglesia
Católica francesa es una institución vital en la sociedad gala y un pilar
fundamental para el sostenimiento del Antiguo Régimen.
Sin embargo, el estallido de la revolución francesa y la creación de un nuevo
concepto de Estado y sociedad provoca cambios. En el nuevo régimen los
estamentos deben desaparecer en beneficio de la nación francesa. Las medidas
consiguientes van a tener la misión de desmantelar la Iglesia francesa.
- El 4 de agosto de 1789 se produce la abolición de los derechos feudales
por la Asamblea nacional.
- El 24 de agosto de 1789 se vota por la supresión de los diezmos.
- El 2 de noviembre de 1789 se produce la nacionalización de los bienes del
clero y su conversión en bienes nacionales para su posterior venta en
beneficio del Estado.
Estas medidas que anulan en definitiva el poder de la Iglesia Católica en
Francia tienen diversas consecuencias como la separación Iglesia-Estado y la
formación del primer Estado aconfesional, la desaparición del patrimonio
artístico francés, la asunción por el Estado de la educación y la asistencia
social por el desmantelamiento de la red educativa y asistencia de la Iglesia y
la manutención del clero por el Estado. Esta última a consecuencia de la
desamortización de los bienes de la Iglesia que contrae la pérdida de su
independencia económica.
- El 13 de febrero de 1790 se produce la abolición de los votos religiosos,
lo que significa la supresión de las órdenes regulares.
- El 18 de agosto de 1791 se suprimen las congregaciones seculares.
Estas medidas reducen los efectivos de la Iglesia Católica a los curas
diocesanos, pero para ellos también hay una medida de reorganización que les
pondrá a las órdenes directas del Estado.
El 2 de julio de 1790 se aprueba la constitución civil del clero que es la
base angular de la instauración de una nueva iglesia y la destrucción total de
la vigente hasta entonces. Esta reordenación consiste en diseñar de nuevo las
diócesis que deben coincidir con los limítrofes de los departamentos. Sin
embargo, esta medida significa la supresión de 53 diócesis. Al mismo tiempo la
reordenación parroquial, en realidad consiste en la supresión de cuatro mil
parroquias. En cuanto al personal de la nueva iglesia, la elección de los
obispos y párrocos por una asamblea de electores (ciudadanos activos), pero que
por el censo censitario está reducido a las clases más acomodadas de la
sociedad. Además la ordenación de los curas será por los obispos, pero éstos
serán por el metropolitano y no por el Papa, proclamándose la ruptura con Roma.
Como el nuevo clero depende del Estado en su organización y manutención y
cumplen una función pública, como el resto de los funcionarios del Estado, deben
jurar ser fieles a la nación y apoyar con todo su poder la constitución
decretada por la asamblea nacional. No obstante, estas medidas que eliminan a la
Iglesia Católica francesa cuentan con la total oposición del Papa Pío VI, con lo
que se da comienzo al cisma de una iglesia galicana subordinada al poder civil.
Entre los miembros del episcopado únicamente cuatro renegarán de la fidelidad a
Roma: Talleyrand, obispo de Autun; Loménie de Brieme, Cardenal arzobispo de Sens;
Jarente, obispo de Orleans; y Lafont, obispo de Viviers. Entre los miembros del
clero se calcula en un 53 % los refractarios al juramento y reconocimiento de la
ruptura con Roma.
En cuanto al pueblo creyente, éste se suma a la oposición del clero oficial y
asiste a ceremonias clandestinas. El rechazo a la reorganización eclesial es
respondida por las autoridades con fuertes medidas como las siguientes:
- El 29 de noviembre de 1791, el clérigo que no jure en ocho días será
puesto bajo vigilancia.
- El 27 de mayo de 1792, se recrudece la medida con los miembros del clero
refractario, si veinte ciudadanos los denuncian, se considerará motivo de
deportación.
- El 3 de septiembre de 1792, se redacta un nuevo juramento en el cual se
debe comprometer el juramentado a mantener la libertad, la igualdad, seguridad
de las personas y propiedades.
- El 10 de agosto de 1792, se aprueba la famosa ley de sospechosos, donde el
clero refractario forma uno de los colectivos considerados enemigos declarados
de la revolución. En septiembre, a consecuencia de la ley se iniciarán las
matanzas de los presos de París. Es el primer asesinato colectivo.
Sin embargo, el Terror se va a ensañar con el colectivo fiel a Roma: el 26 de
agosto de 1792 se redacta la ley de deportación general de todos los miembros
del clero que se hayan opuesto al juramento. En la primavera siguiente de 1793,
los refractarios persistentes en territorio francés quedan condenados a muerte.
Estas medidas causan la salida de más de cuarenta mil exiliados de condición
religiosa, seis mil de los cuales recalan en España y ayudarán a acrecentar
desde el catolicismo español un sentimiento contrario al revolucionario francés
que se materializará en 1808 en la lucha contra Napoleón.
En esas fechas es el inicio de la revuelta de La Vendee, cuyos campesinos
sublevados llevan prendidos escarapelas del Sagrado Corazón y se autodenominan
como ejército católico y real. La profunda militancia católica de esta región
viene causada por las misiones parroquiales de los discípulos del P. L. M.
Grignon de Montfort S.J. que extendió la devoción a la cruz, al Santísimo
Sacramento y al rezo del Rosario. El cultivo de estas medidas de piedad había
hecho de La Vendee una zona dinámica y activa en modo de vivir la Fe.
Sin embargo, en este momento el gobierno revolucionario inicia una etapa
descristianizadora al considerar a la revolución como una nueva era de
civilización y al cristianismo como algo periclitado y unido al antiguo régimen.
El 5 de octubre de 1793 se sustituye el domingo por el decadi. A partir del 6 de
noviembre, la convención permite la supresión del culto y los miembros del clero
constitucional se ven obligados por las circunstancias adversas a renunciar a
sus cargos. El único culto cristiano que permanece es el que se celebra de forma
clandestina.
La nueva era que quiere erigir la convención se acerca bastante al ideal
preconizado por el paganismo romano y los revolucionarios franceses van a
adoptar un mimetismo en las formas con la época romana. Como se erige una nueva
civilización, se crea un nuevo calendario y se conmemora nuevas festividades con
motivos de aniversarios revolucionarios. El racionalismo que Robespierre quiere
imponer, debe hacerse de una forma entendible por la población y las autoridades
inician el culto a la diosa razón. En esta fase de la revolución, donde por
instigación del propio Robespierre se introduce la fiesta del 8 de junio de 1794
en honor al Ser Supremo, también los colectivos minoritarios hasta entonces
respetados empiezan a ser molestados. Los hugonotes y judíos franceses empiezan
a ser presionados para que abandonen sus cultos y se integren en la igualdad
ciudadana de la nueva creencia revolucionaria.
Sin embargo, la caída de Robespierre no va a mejorar la situación para los
católicos franceses. Desde septiembre de 1797 hasta el 29 de diciembre de 1799,
el directorio, que es el nuevo régimen que ha sustituido a la convención,
mantiene la persecución religiosa de manera sistemática. Aunque ante la
degradación social que ha causado la revolución, el directorio inicia una
política de exaltación de los valores familiares, se ofrecen sumas de 300 a
2.400 libras por la delación de un sacerdote. Los sospechosos al menos no son
guillotinados, sino que son fusilados. No obstante, la caída de un régimen tan
inestable como el directorio por el golpe del 18 de Brumario va a incidir en un
cambio espectacular. El nuevo hombre fuerte del consulado, Napoleón Bonaparte,
inicia un período de fortaleza que elevará a Francia a uno de sus momentos
históricos más espléndidos en su gloria militar.
Bajo el nuevo régimen consular se decreta el 29 de diciembre de 1799 la
libertad de cultos. La Iglesia Católica se encuentra en un momento que recuerda
a la sufrida en su origen en las catacumbas romanas. Además, la muerte del Papa
Pío VI, en prisión desde su apresamiento por tropas francesas en Roma, favorece
la imagen de Iglesia mártir. Napoleón Bonaparte no quiere proseguir una
enemistad con el catolicismo, que favorece a la oposición política de manera
gratuita con el apoyo de importantes sectores sociales practicantes. De esta
forma, el concordato del 15 de julio de 1801 restablece la convivencia entre la
Iglesia Católica y el Estado francés. La Iglesia acepta las desamortizaciones
realizadas de sus bienes a cambio de la manutención de su personal religioso por
el Estado. Pero lo principal es que el Estado francés permite el
restablecimiento de órdenes religiosas con finalidad educativa y misionera. El
Estado francés se va a preocupar de los estratos educativos superiores como la
universidad y la secundaria. Pero la primaria y la alfabetización de la masa
social francesa se la va a brindar a las órdenes religiosas. Al mismo tiempo, el
Estado francés va a incentivar la labor misionera en diferentes continentes. La
conversión de pueblos africanos o asiáticos al catolicismo por misioneros galos,
creaba en estas poblaciones una actitud más favorable a aceptar a un comerciante
francés que a un rival británico.
La persecución sufrida por los católicos franceses había pasado, pero la
Iglesia Católica no recuperaría el papel protagonista que tuvo en la sociedad
francesa. El vacío producido en la educación produjo la proliferación de
numerosas órdenes religiosas. Sin embargo, con la instauración de la III
República y el monopolio de su política por las logias, las órdenes religiosas
de carácter educativo se vieron obligadas a abandonar Francia. Esta política
contraria a la religión influirá en otros regímenes liberales. En España los
gobiernos liberales de la restauración aplicaron algunas medidas miméticas de
las francesas bajo el gobierno de Sagasta o de Canalejas. Sin embargo, la
instauración de la II República y esencialmente la labor emprendida por Manuel
Azaña, fue la que más hizo por asemejar España al modelo francés anticatólico,
causando de modo gratuito el ambiente de radicalidad que desembocaría en una
guerra civil como la sufrida en el siglo anterior por los franceses.
[1] José Luis Orella Martínez es doctor en
Historia Contemporánea. Director del Departamento de Historia, Literatura y
Pensamiento de la Universidad San pablo-CEU:
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