REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 97 – Enero de 2005 (Extraordinario)
LA UNIÓN EUROPEA
Por José Mª García de Tuñón Aza
[1]
La consecución de la Unión Europea no es sino el resultado de un amplio
proceso histórico cuyo final está siendo la unión política y económica de
Europa. Desde el Imperio Romano a la cultura cristiana en la que se basa la
Europa de Carlomagno y Carlos V se fueron sentando las bases de este continente,
con sus amagos de política integradora. De los pueblos a los reinos y finalmente
las naciones, se han ido dando pasos en pro de una unidad que haga mejorar el
nivel de vida de todos los habitantes que la integran. Tras la última guerra
mundial, superadas las guerras fratricidas, el viejo continente ha sentido
nuevamente la necesidad de unirse para poder alcanzar la estabilidad política y
prepararse para sobrevivir en un mundo de enorme competencia ante las nuevas y
pujantes economías de países como EE.UU. y Japón.
Para realizar el objetivo propuesto se crearon varias organizaciones
diferentes y con prioridades distintas: el 12 de julio de 1947 comienzan los
trabajos que conducirían a la constitución de la OECE (Organización Económica de
Cooperación Europea) y que se firma en abril de 1948. Este mismo año se promulga
la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que no firman ni la Unión
Soviética, ni China, ni tampoco otros países socialistas. Más tarde la
Organización del Tratado de Atlántico Norte (OTAN) y la Unión Europea Occidental
(UEO) se centraron en las cuestiones militares y de seguridad, mientras que el
propósito del Consejo Europeo, fundado en 1949, era fomentar la cooperación
política entre los países europeos.
La precursora de la Unión Europea actual fue la Comunidad Europea del Carbón
y del Acero (CECA), que entró en vigor en 1952. A diferencia de las otras
organizaciones, sus seis miembros fundadores –Bélgica, Francia, Italia,
Luxemburgo, Países Bajos y República Federal de Alemania– se propusieron
explícitamente sentar las bases de una mayor integración europea y de una paz
duradera poniendo en común toda su producción de carbón y acero bajo una
organización única. En 1955 tiene lugar el Pacto de Varsovia como reacción de
los rusos a la OTAN. Este mismo año se constituye el COMECOM como contestación
soviética a la CECA
Esta idea de avanzar hacia la unidad europea a través de la integración
económica, impulsó también a los seis Estados miembros fundadores a suscribir
los tratados por los que se crearon, en 1957, la Comunidad Europea de la Energía
Atómica y la Comunidad Económica Europea (CEE). En este tiempo, España intenta
ingresar en la CEE (en 1958 ingresa en el FMI, Fondo Monetario Internacional) y
no es hasta 1970 cuando firma un tratado comercial preferencial que Ramón
Tamames, ilustre miembro del Partido Comunista, no ve bien porque en su libro
La Estructura económica de España dice: «Un observador frío podrá decir que
España, aun en el supuesto de llegar a un acuerdo preferencial más favorable con
CEE, no obtendrá del Mercado Común mucho más de lo que actualmente percibe, y,
por todo lo contrario, sí habría de entregar mucho más de lo que entrega».
España ingresaría en el Mercado Común Europeo en 1986. Este mismo año ingresaría
en la OTAN.
Por otro lado y si bien el objetivo fundamental de la Comunidad ha sido
siempre el de propiciar la paz y la prosperidad para sus ciudadanos en el
contexto de una unión cada vez más estrecha, este objetivo ha resultado más
difícil de realizar en la práctica de lo que en un principio se había imaginado.
Así, por ejemplo, mientras se iniciaba la integración económica en los años
cincuenta, se hicieron también intentos de introducir elementos de mayor calado
político. Uno de los ejemplos más claros de estos intentos fue la propuesta que
hizo el gobierno francés en 1950 de un plan para crear una Comunidad Europea de
Defensa. Sin embargo, este plan hubo de abandonarse en 1954 porque la Asamblea
Francesa no lo refrendó.
El siguiente intento importante se hizo a comienzos de los años sesenta,
cuando los seis países fundadores encomendaron a una comisión que formulara
propuestas, conocidas como Plan Fouchet, para la creación de una carta
política con vistas a la unión de los pueblos. Esa iniciativa no tardó en
encallar en medio de irreconciliables diferencias de opinión.
Hasta comienzos de los años sesenta los dirigentes europeos no volvieron a
debatir en serio el objetivo de una unión cada vez más estrecha entre los
pueblos de Europa. No obstante, la orientación prevista, es decir, el
establecimiento de la Unión Económica y Monetaria al final de esa década y la
aplicación de una política exterior y políticas regionales y sociales comunes,
resultó demasiado polémico. La unión política siempre ha sido un elemento
esencial del proceso de integración europea. Sin embargo, los países de Europa
se han ido fijando prioridades diferentes a lo largo de los siglos y ello se
refleja en la porción de soberanía que cada uno de ellos está dispuesto a
compartir. Así se explica que el proceso de integración haya avanzado siempre de
forma tan irregular, aunque constante.
El Acta Única Europea, vigente desde julio de 1987, fue la culminación de
varios años de intenso debate sobre las posibilidades de reactivar y
perfeccionar el proceso de integración europea y más interesante para los
ciudadanos. El resultado fue un marco jurídico detallado para el establecimiento
del Mercado Único de bienes, capitales y servicios y la garantía de la libre
circulación de las personas.
España que forma parte de toda esa cultura y de la geografía y que a través
de la historia ha sido gran baluarte de la Europa de Occidente, se encuentra
ahora al fin en ese conjunto de países que forman la Unión Europea. Esta
comunidad o mercado único, desde el punto de vista del trabajo, estaría vacío
sin los trabajadores que integran la base de esa Europa sin fronteras y que
quieren alcanzar un bienestar arañando al capitalismo todo lo que tiene de
explotador, obligando a las empresas a un gran esfuerzo de inversión para
mejorar las tecnologías que vayan en beneficio del mundo del trabajo.
[1] José Mª García de Tuñón aza es licenciado en
Empresariales y articulista.
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