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Altar Mayor - Nº 97 (42)
Monday, 17 January a las 21:22:55

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 97 – Enero de 2005 (Extraordinario)

LOS JÓVENES EN LA EDAD MUNDIAL
Por
José M. González Páramo [1]

1. jóvenes sin identidad

No son ellos mismos. Se identifican con sus amigos, sus compañías, sus periódicos, sus mal fundadas increencias, también por su lugar de trabajo, por las instituciones transitadas, por las modas irracionales y rebeldes, por sus estudios, por todo lo que no son ellos, a veces por las familias. Esa identidad puede resultar buena si seleccionan con una inteligencia crítica. En caso contrario, la identidad puede ser falsa o nefasta para su futuro. En política se llama identidad falsa a la de quienes votan contra sus intereses. Cuando los conservadores dan el triunfo a la izquierda o cuando la izquierda da el triunfo a su adversario: los conservadores ganaron con el voto laborista tres veces en Inglaterra (R. Dalh).

Cuando los chicos se ponen «pins» o «piercing» en los labios, la lengua, los oídos, o se peinan en picos verticales como puerco-espines, o desde la frente a la nuca pegotean en pico una zona central afilada que recuerda el dorso de la iguana o se afeitan con patillas de legionario o construyen una identidad anodina «mono imitante», da la impresión de una identidad llamativa y falsa. Así, la primera noticia que captamos en ciertos jóvenes por su aspecto no es falsa sino deleznable y preocupante. Estos ligoncillos son una lástima pero no es la facción más preocupante, aunque trabajen poco por su futuro.

Por lo que se refiere a los estudiantes, lo más alarmante es el desinterés religioso, político, el zurdismo poco informado, el post-modernismo. Que pasen de lo religioso y lo político tiene una causación circular compleja: el alejamiento de las normas morales que ayudan a la erección de la personalidad. La entrega irresponsable al mínimo esfuerzo y la máxima satisfacción, dando entrada a la generalización del epicureismo, a la concepción laica de la vida, el hedonismo y los escapes tristes de la droga o el alcohol. La literatura, el cine, el teatro, la prensa, la radio, internet han apostatado de su responsabilidad formativa del lector reduciéndose a fines de poder, informaciones y negocios, aunque perezca el mundo. ¡Nada intemporal aunque sea noticia en cualquier día!

Podíamos añadir que la complicación pasional e inmoral de una juventud sin ideales, sin energía ni voluntad de excelencia o esfuerzo, faciliten a las gentes que de 15 a 30 años, encuentren escapes «redentores»: su apertura a ideales políticos de justicia que produce la demagogia manipuladora de unos mozos y mozas, en general, más ignorantes que los de otras preparaciones previas.

Dignos de mención a este respecto son los jóvenes para quienes el socialismo y la post-modernidad son sucedáneos de la plenitud y les dan a ellos la sensación de que trabajan por algo moral y justo, y que tienen todas las razones para sentirse a gusto y ennoblecidos por su «divino» izquierdismo o su culta post-modernidad. Ignoran la intrínseca perversidad del marxismo y la mentira tras la izquierda o la derecha. No saben discernir entre el bien posible y el mal menor y se portan como la manada que se arrojó al mar.

No hay un bloque en cuanto a la persistencia de la modernidad. Está el bloque de Habermas, Adorno, Derrida, Finlkelkrau, que insiste en que hay que extraer la última esencia de lo moderno, «las luces y sus ideales» y lo revolucionario. Existe también el bloque de quienes, por el contrario, rechazan la modernidad, el mundo intelectual contemporáneo (Tarchi, Steukers, de la Mora). Y, finalmente, el bloque ambiguo (Vallino, Excarpetti, Lyotard integran el postmodernismo en la modernidad sin buscar esa esencia), ¿a cuál tendencia se afilian los jóvenes? Trabajados por el primer y la izquierda, ¿se entregan en votaciones zurdas...?

Los jóvenes sin identidad, por carecer de ella, no saben qué es, cuál y cómo se conquista una vida buena y digna y tienden, al revés que los excelentes, a votar al socialismo, marxista en el método, en este peligroso instante de acumulación de conflictos que recuerda al Frente Popular y la falta de honradez con que se promovió la dolorosa guerra civil 1936-1939.
 

2. jóvenes sin referencias

No se puede uno orientar en una gran ciudad sin referencias, ni en la aldea global de inmensos territorios. Carecen de indicaciones para el camino. No pueden orientarse en la gran urbe ni en el campo, ni en el aire, ni  el océano mundial. Los jóvenes sin referencia han perdido el norte, la brújula, la rosa de los vientos, el cuadrante, el rumbo. Los de «mucho tiempo de honradez» les señalaban rutas equivocadas, sedicentes nobles, les desorientan para llevarles al indefectible edén. En la edad mundial, la comunicación excesiva les asfixia y equivoca. Los hijos y los nietos del 68 les han convencido de que no se confíen en los mayores y en sus experiencias. El «prohibido prohibir» les ha dejado sin pautas de conducta. Los colectivos mercantiles y políticos los quieren como clientes y votantes, mintiendo paraísos que en la juventud parecen reales.

Muchos años de honradez no los tienen muchos, y menos, acaso, los que se inventaron el slogan. Honradez, rectitud de ánimo, integridad en el obrar. Honradez es respetar, enaltecer la adhesión o asistencia a otros, premiar el mérito, dar honor. Los pactos ocultos, no cumplir las reglas de juego, decir una cosa y pretender otra en los hechos es falta de honradez.

Uno de los temas más delicados pensando en la izquierda es cómo sustituyó el juego limpio. La teoría del empujón relevó el estado de derecho antes, en y después de la II República, ¿son demócratas quienes aceptan las urnas sólo si les son favorables? El 14 de abril de 1931, los vencedores –cuadriplicaban el número de votos de los vencidos- pero fueron los vencidos los que trajeron la II República. En 1933, Lerroux y Gil-Robles eran mayoría y no fueron llamados al poder. La izquierda planificó la revolución fallida del 34. Era para toda España, pero la gloria de Lerroux fue haberlo cortado en todas las provincias menos en Barcelona y Oviedo. Azaña y Prieto crearon una coalición en el deseo de conseguir el poder para la izquierda. Se parece a «Todos contra la mayoría absoluta del PP». ¿Estamos en el 36 o en el 2004? ¿Hemos aprendido? ¿Frentes?

Felipe González renunció al marxismo, no al método, y reinó 14 años; el PP estuvo sólo 8 años. UCD era el equivalente funcional de un partido. Falta mucho para empatar. Si en unas elecciones hubiere mayoría absoluta, yo impediría la unión de los perdedores para que pueda formarse gobierno: debe ejercer el poder la mayoría minoritaria, el ganador de las legislativas, además recuperaría el recurso previo de constitucionalidad y reforzaría el poder central: la facultad de suspender las autonomías es imprescindible. No puede haber dudas en problemas graves. No reformaría la Constitución, propondría enmiendas como USA. Las enmiendas respetan y adecuan la constitución. La reforma hace pensar lo impensable en la sustitución.

Los jóvenes carecen de referencias y son halagados por quienes las falsean y les equivocan en razón de intereses ideológicos, comerciales, políticos,... Los principios, los valores, la moral son zonas de valores y contra-valores que pueden ser distintos, opuestos, nefastos, incluso. Depende de las creencias e increencias, de los intereses materiales y espirituales de quienes las ofrecen y de aquellos que las reciben. Si el alma de la cultura son los valores, las políticas y contra-políticas en coexistencia, en diálogo y en dialéctica o en conflicto. Nadie discute los valores abstractos. Todos admiten el bien, la verdad, la plenitud, la belleza, pero el contenido concreto puede ser diferente u hostil a muerte. En cualquier caso, tratan de colocarse los valores personales en escalas de importancia, ¿qué es la justicia, la libertad, el deber para mí? Los hombres en la feria, en el teatro del mundo, en el río que nos lleva podemos buscar aguas claras o revueltas, cada cual para su ganancia. Encontrar los referentes antropológicos convenientes exige un gran esfuerzo intelectual y crítico del joven que no ha podido saber en pocos años lo que sabrá con muchos.

Hay muchos valores de cuyo descubrimiento depende su éxito existencial. Lo que las zonas profesionales, humanas, piensan es plural. Lo que el reformismo, el socialismo, el liberalismo, creen es distinto en su cosmovisión y en su despiece. Después de estudiar mucho sobre el liberalismo y socialismo me quedo con la visión ideológica y práctica del reformismo a la que dedicaré un artículo. Además de los nobles valores mencionados, citaré la justicia, la centralidad de la persona, su creatividad, el esfuerzo, la responsabilidad, la disciplina, la educación, el civismo, la escuela, la familia, la comprensión, la amistad, la autenticidad, la paz, el espíritu,... Ninguno es monopolio de nadie, todos lo interpretan a su aire, lo importante de las referencias valiosas es su funcionalidad para vivir con tenacidad hacia la plenitud óptimamente.
 

3. jóvenes tullidos

Muchos jóvenes están moralmente tullidos. Son cojos, mancos, paralíticos, y alguno –lo que tiene mal remedio- «gilipollas». Su integridad corporal no tiene esas incapacidades. Como no luchan por la excelencia ni se esfuerzan, se sitúan fuera del reino de la virtud y son incapaces de nada. No respetan ninguna norma ética, salvo los miembros de las ONGs, no se preocupan de nada ni de nadie. Ejercen cuanto es necesario para procurarse cosas y dinero. Muchísimos son nocharniegos. Algunos hacen deporte.

Ni son pacientes ni son castos ni son agradecidos. El deporte nacional de los jóvenes tullidos es el «ligue», el sexo. Leen poco y su compañía resulta aburrida hasta para las chicas jóvenes que los tientan. El mayor, el viejo verde, han desaparecido menos aprisa que las chicas gerontófilas (las que aman a los viejos). El adulto cincuentón es más respetuoso, culto y ameno, poético, romántico que los susodichos mozuelos, que plantean su demanda sin versos y están sólo dispuestos al ataque largas noches que acaban del mismo modo.

La vida normal es atosigante. Se levantan con pereza salvo que tengan planes. Las clases tienen que ser muy buenas, apenas atienden. El estudio sólo es fuerte durante los exámenes. El coche y la moto son otra droga. Están, en general, cerrados a los mayores. Han cortado drásticamente con los padres. El grupo de iguales, las pandillas, son el refugio dictaminante de las conductas. El cine, la discoteca y el auto son buenos para cualquier cosa.

No creen, no esperan, no aman, no rezan, no les brillan los ojos. Se les llama tullidos porque les faltan los asientos corporales en los que se fundamenta la energía, la sensación, la sensibilidad. Del mismo modo que en la melancolía, en la depresión, se carece de las sustancias por las que el cerebro se coloca dentro de la normalidad, muchos jóvenes tienen desatendida la comunicación eléctrica que produce la normalidad. Sentir, amar, creer, mantener la ilusión, tienen raíces corporales. El cuerpo aloja la benevolencia, el sentido común, el discernimiento, la capacidad crítica. El estado de necedad es físico también. Los hábitos hedonistas apartan de la objetividad en las percepciones y predisponen para un talante intolerante. Las más sutiles funciones de la inteligencia se guarecen en los vasos más recónditos del cerebro. De él se reciben las corrientes placenteras y dolorosas. La cojera mental, las manqueras de la sensibilidad...

Jóvenes entregados a las sectas, al tarot, al sexo, al alcohol se ven compelidos, enganchados a hábitos, a pensamientos de trasmigración y sólo funcionan con los estímulos del placer, repetido, adormecido...; su manquedad está engarzada a las sensaciones espiritistas y acaban viéndose adheridos a las estructuras del mal.

Sin cultivar el bien a los demás, como en las ONGs, trocando la vida por un culmen de egolatría, el joven se auto-lesiona, y tullido permanece para acertar como joven y como adulto, como profesional, como ciudadano, como ser humano, como pareja. Al no cultivar la voluntad, al no llevar el timón de sí mismos, se hacen aptos para ser manejados por otros, se convierten en esclavos de sus pasiones. Se inutilizan para realizar un proyecto, mantener un ideal, crecer en sabiduría, bondad y estatura moral ante los demás. El joven tullido ético no será feliz.
 

4. jóvenes acríticos

Tienen sentido de la crítica pero no es una crítica con sentido. La crítica es un medio de elucidar la verdad objetiva de una afirmación, de una emergencia, de un suceso; mediante ella se descubre la ley de la situación, su encaje en el conjunto de las situaciones. Si carecemos de sentido de la complejidad, sin finura de la inteligencia, sin espíritu sutil, no podemos distinguir los árboles del bosque, no podemos valorar la realidad en que nos alojamos, ni asumir sus consecuencias.

Haciéndoles mucho favor a los críticos se les puede considerar como «dialécticos». La discusión de quien dialectiza es para discutir en la conversación sin fin o lograr la victoria de los que discuten. Está alejada de la investigación y de la búsqueda de la verdad. No es vencer, ni encontrar verdades relativas o absolutas. Crisis y crítica vienen de Kriseo, juicio en español. Ejercer una crítica con sentido es conveniente para vivir en la complejidad de la existencia.

Los jóvenes poseen un léxico muy reducido hoy. No así en otras generaciones o en los minoritarios que buscan la excelencia. ¿Es que los jóvenes carecen de juicio y no son capaces de formular una expresión sin la cual no hay derecho a la libre expresión? Una embarullada repetición de tópicos filosóficos, económicos o políticos no pueden formularse como una opinión, sin palabras. El funcionamiento de la inteligencia se realiza en el laboratorio cerebral de las palabras. Ante las frases restallantes, agudas, destructivas los jóvenes no críticos están sin defensa. Pero esas palabras se oyen en una situación que interpreta su rebeldía y les conducen a decisiones de apoyar a quienes poseen el arte oratorio de los sofistas.

Los zagales y zagalas sin auténtica capacidad crítica viven en constante riesgo de ser manipulados en todos los terrenos. En el plano personal e íntimo de las creencias no cernidas que les afectan seriamente, respecto el bien y el mal, el amor y el desamor, la amistad y la enemistad, la belleza y la fealdad, lo verdadero y lo falso, lo noble y lo innoble. En todo ello influyen los amigos de su edad, más que nadie y con un absurdo sentido de la lealtad.

Aparte de las transferencias amicales, las externas, el aula, los profesores, los buenos escritores, la prensa, la radio, la TV, internet, el aire ametrallea (bombardea) con bondad o con perversión, su ser,... el «stablishment» seduce compradores, votantes, sanos y enfermos, mentes acríticas tranquilas, ociosas masas y ellas, las mismas masas acceden al poder, al empresariado. El ocio con su oferta hedonística, los deportes pasivos, la contemplación del mar y la montaña distraen a quienes pagan. Pocos se hacen a sí mismos.

Llevar el propio timón, exige identidad, referencias y mentes ágiles y fuertes para ser ellos mismos; reclaman ideales, ilusión que energice hacia la plenitud. Ser dueño de sí, ejercitar la voluntad, abastecerse de palabras y saberes, practicar la memoria y la estrategia construye toda la felicidad posible. La mercancía de la belleza ética está manejada. Ser críticos, independientes, es fundamental. A veces, resulta menester cambiar las compañías, afilar todos los dones y ponerlos en juego, para ser uno mismo. Asumir todo lo malo que no se puede cambiar. Amar sinceramente a los otros.

La vida es como las películas románticas o como las mejores novelas. En ellas un adulterio, un amor leal, una horrible situación que se mezcla con unas bellas circunstancias. Niños, jóvenes, mayores y ancianos, todos con sus virtudes o defectos. No se sabe el argumento: realidad y mal están en la vida misma, en la película, en el corazón.
 

5. Jóvenes desdichados

La felicidad posible está en nuestras manos y en el vivir para los demás. Hay varias clases de felicidad entre ellas dos. La felicidad animal –la del «mutilado»- y la del hombre íntegro, la felicidad abunda y está sociológicamente comprobada. En nuestro país da un altísimo porcentaje: entre un 80% a un 90% se sienten felices («Salud, dinero y amor»). La felicidad íntegra exige eso en cuerpo y alma, y eso, además, no incluye el poder y el espíritu.

Russel detalla más: trabajo satisfactorio, afecto, respeto, paternidad,... y excluye de los felices posibles a los envidiosos, a los cobardes, a los aprensivos, a los malvados, a los ególatras,... Y aunque cree que la felicidad exige «creencias» más o menos religiosas, se inclina más hacia la felicidad vulgar y menos exquisita. En cualquier caso, entre los derechos humanos no figura el derecho a la buena suerte. La mejor lotería es el trabajo, el esfuerzo tenaz dedicado a la excelencia.

Quienes por la pobreza se sienten, con razón, inútiles; quienes tratan de invalidar a otros o, con el temor, tratan de paralizarlos; quienes malgastan tiempo y energía; quienes, desasosegados, pierden el control de sí; los refractarios a asumir los hechos y responsabilidades; quienes dilapidan tiempo y salud sin hacer nada útil y critican en lugar de alentar; quienes creen que la dicha consiste en cosas y no pone todo su ser para alcanzarla; quienes están poseídos por esas conductas, encontrarán pocas facilidades para la bienandanza.

¿Basta aconsejar equilibrio corporal y espiritual o convertir cada día en una obra de arte? No se puede hacer esto último con lo precedente. Ser feliz exige una panoplia de decisiones y, entre ellas, una radical: un ideal difícil pero asequible. Diseñar un destino al que podamos acceder con virtud y orden. La felicidad posible se inserta en la sustancia del ser humano y exige actuar desde ese instante en armonía y sosiego.

Una filosofía posibilista, firme y tolerante debe guiarnos. No exigir demasiado de la vida ni de los otros. Gozarse y dar las gracias por los dones recibidos y usarlos como exigencia clave. No sólo los corporales, también los de encuandre social, amigos, compañeros de estudio, posición, familia. No hacer daño, no temer. Optar por una vida feliz, propia y ajena. Asumir la crítica y lo negativo. Solicitar ayuda para completar las lagunas de nuestro carácter. Ponerse a la sombra de los más esforzados y contagiarse de su denuedo y calificación.

Construir contra las estructuras del mal. Aceptar la propia existencia y la muerte como coronación. Tenacidad contra los malos hábitos. Perfeccionar la señalización hacia el ideal. Preservar nuestra ilusión de maldades y errores. Generalizar el respeto y el afecto a los poseídos por ideas negativas y disfuncionales. Poner amor donde no lo hay, hallando amor... (S. Francisco de Asís). Cultivar la paz imperturbable no sólo con poesía, música, también con oración. Control máximo de uno mismo. Revisar los «pros» y los «contras» de mi felicidad joven para conseguir la profunda felicidad de un ser humano con firmeza y fe, ¡ya!

El espantoso mundo que puede venir del Sí o del No a la globalización reclama jóvenes y adultos excelentes que impongan otra mundialización en un mundo digno de ser habitado. Eso es sagrado. Él, según Larrañaga, debe ser el rey de nuestros territorios. Tiene que ser su juego, su sangre y su luz, su alegría, la razón de nuestro existir, el sentido de nuestra vida, la brújula, el horizonte, la plenitud de los que quieren un habitáculo mejor.
 

6. jóvenes sin ideal

Los jóvenes de 15 a 30 años constituyen una variable decisiva y acaso determinante en la configuración inadvertida y dramática del futuro. El desbordamiento de treintañeros comienza a operar ya en lo que resulte de la composición de fuerzas protagonistas del porvenir. Pocos se detienen a reflexionar en lo que puede significar la mayoritaria abulia política, la indolencia espiritual, el insuficiente esfuerzo en conseguir la excelencia profesional e íntegra... de doncellas y donceles ante la indefectible sustitución del elenco directivo por la generación de ya está aquí, ¿qué oscurece la adivinación de lo que pueda suceder con los mozos y mozas?

La prospectiva de lo que pueda suceder por el desequilibrio de las fuerzas en presencia, va desde la sentida necesidad de un nuevo orden mundial hasta la incapacidad de las nuevas «generación-masa»; desde el laicismo y la cosmovisión neo-liberal; desde el mundo pasional al hombre inacabado hasta de la inercia de una (inacabada) historia incompleta; desde el capitalismo fundamentalistas al reformismo social cristiano; desde el ecumenismo espiritual a la mundialización de la economía y la política... ¡sólo un 4% de zagales y zagalas tienen interés en la política, se sienten atraídos por la Iglesia! Los galanes y las chicas van en un globo del cual parecen haber arrojado los ideales como lastre y las ideas con su poder germinal. Han resuelto mal sus crisis infantiles, adolescentes y de juventud.

Nuestros herederos abúlicos, inhibidos, relativizantes están fuera de la realidad, han caído en los contadores contrarios a la tradición –con lo que tiene de útil- y en principios dañinos. Quieren vivir sin lo que la vida exige. Fanáticos de esos principios sucumben a un absolutismo de izquierda, no reconocen nada. La realidad, tal como es, frustra la realización auténtica de estos revolucionarios. Eso, algunos. Otros, con manías de grandeza, confunden el éxito real con el fantaseado. Su vacío interno se oculta en su agitación. Otros adolescentes crecidos son entusiastas continuos sin referirse a la realidad como Fausto tiene la afición a la magia.

Los más capitulan ante los que dicen «todo»: experiencias fáciles, éxitos irrelevantes, provechos y placer. Envidio a quien se esfuerza y alecciona pero no se esfuerzan. Son realistas y se toman la existencia «como es», quieren abrirse paso y situarse. Sólo una excelente minoría tiene la convicción de las ideas grandes, quieren hacer algo valioso y ser hombres justos, responsables y libres para llegar a la plenitud de la madurez.

Un joven, trabajador o estudiante, que no obtenga las mejores calificaciones en aprendizaje profesional, un muchacho que no respeta a las muchachas en su madurez y a la madre de sus hijos, tomando la castidad como algo rancio, un doncel o doncella que anota con muescas sus «ligues», un joven cuyas amistades no sean excelentes, un joven que se despreocupa del espíritu y la vida, un mozalbete sin dudas a la hora de votar, de escoger amigos y amigas o se desentienden de lo que es el bien posible para su patria y su mundo. Un pimpollo o chinela que se ría de las ONGs, del voluntariado al servicio a los demás yéndose a pintorescas e inútiles manifestaciones. Quien sea convencido por la suelta oratoria del sofista, un mancebo y su pareja que no aman desinteresadamente, no funda su amistad en la profunda plenitud y ser ellos mismos. Todo define a los jóvenes con ideales y el reducto del esfuerzo y la excelencia. El diseño de un ideal exigente pero accesible arquetipo necesario para ser la belleza de un proyecto.

Es peligroso mentar al filósofo alemán que habla de la determinación del ideal en sí, de su manifestación en la acción, de su alta pureza, de la verdad interior, verdadera esencia del espíritu, de las situaciones prosaicas, de lo que depura el carácter y el ennoblecimiento de los personajes, de lo falso que se obtiene de lo falso, de la forma exterior de ideal y su relación con el público. El mundo de lo sublime y la sublimación tratado por Kant, por Hegel, por Frankl,... nos introduce en la maravilla a la que el hombre puede llegar y muchísimos jóvenes ignoran.

Lo sublime nace de la naturaleza por encima de lo cotidiano, «la desmesura mesurada» por la fuerza de las presiones, la vehemencia de lo emocional, lo grandioso de la tragedia, el poder de Dios, todo cuanto «sobrecoge y pasma» como fuente natural de lo sublime, grado máximo de la creación. El comedimiento de lo desconocido expresa la vivencia, la técnica de lo sublime supone cultivo de los propios dones y traducción en formas de conducta expresiva, el arrebato de la inspiración del espíritu. Todo ello supone un salto del «ideal a lo sublime», del juego de los dones, de la asunción estética de la realidad, del afecto. Deja la vulgaridad, exige metanoicas conversiones y al que camina a la excelencia seguir en el intento. Quienes vivimos una alegría superior a todas las amenazas sentimos la urgencia cargando el énfasis en la persuasión. Deja la vida sin sentido y emprende una significación. Dejar lo absurdo te habilita para lo superior.



[1] José M. González Páramo es licenciado en Ciencias Políticas, Ciencias de la Información y Ciencias Sociales, y doctor en Derecho y en Psicología.


 
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