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REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 97 – Enero de 2005 (Extraordinario)
LOS JÓVENES EN LA EDAD MUNDIAL
Por José M. González Páramo [1]
1. jóvenes sin identidad
No son ellos mismos. Se identifican con sus amigos, sus compañías, sus
periódicos, sus mal fundadas increencias, también por su lugar de trabajo, por
las instituciones transitadas, por las modas irracionales y rebeldes, por sus
estudios, por todo lo que no son ellos, a veces por las familias. Esa identidad
puede resultar buena si seleccionan con una inteligencia crítica. En caso
contrario, la identidad puede ser falsa o nefasta para su futuro. En política se
llama identidad falsa a la de quienes votan contra sus intereses. Cuando los
conservadores dan el triunfo a la izquierda o cuando la izquierda da el triunfo
a su adversario: los conservadores ganaron con el voto laborista tres veces en
Inglaterra (R. Dalh).
Cuando los chicos se ponen «pins» o «piercing» en los labios, la lengua, los
oídos, o se peinan en picos verticales como puerco-espines, o desde la frente a
la nuca pegotean en pico una zona central afilada que recuerda el dorso de la
iguana o se afeitan con patillas de legionario o construyen una identidad
anodina «mono imitante», da la impresión de una identidad llamativa y falsa.
Así, la primera noticia que captamos en ciertos jóvenes por su aspecto no es
falsa sino deleznable y preocupante. Estos ligoncillos son una lástima pero no
es la facción más preocupante, aunque trabajen poco por su futuro.
Por lo que se refiere a los estudiantes, lo más alarmante es el desinterés
religioso, político, el zurdismo poco informado, el post-modernismo. Que pasen
de lo religioso y lo político tiene una causación circular compleja: el
alejamiento de las normas morales que ayudan a la erección de la personalidad.
La entrega irresponsable al mínimo esfuerzo y la máxima satisfacción, dando
entrada a la generalización del epicureismo, a la concepción laica de la vida,
el hedonismo y los escapes tristes de la droga o el alcohol. La literatura, el
cine, el teatro, la prensa, la radio, internet han apostatado de su
responsabilidad formativa del lector reduciéndose a fines de poder,
informaciones y negocios, aunque perezca el mundo. ¡Nada intemporal aunque sea
noticia en cualquier día!
Podíamos añadir que la complicación pasional e inmoral de una juventud sin
ideales, sin energía ni voluntad de excelencia o esfuerzo, faciliten a las
gentes que de 15 a 30 años, encuentren escapes «redentores»: su apertura a
ideales políticos de justicia que produce la demagogia manipuladora de unos
mozos y mozas, en general, más ignorantes que los de otras preparaciones
previas.
Dignos de mención a este respecto son los jóvenes para quienes el socialismo
y la post-modernidad son sucedáneos de la plenitud y les dan a ellos la
sensación de que trabajan por algo moral y justo, y que tienen todas las razones
para sentirse a gusto y ennoblecidos por su «divino» izquierdismo o su culta
post-modernidad. Ignoran la intrínseca perversidad del marxismo y la mentira
tras la izquierda o la derecha. No saben discernir entre el bien posible y el
mal menor y se portan como la manada que se arrojó al mar.
No hay un bloque en cuanto a la persistencia de la modernidad. Está el bloque
de Habermas, Adorno, Derrida, Finlkelkrau, que insiste en que hay que extraer la
última esencia de lo moderno, «las luces y sus ideales» y lo revolucionario.
Existe también el bloque de quienes, por el contrario, rechazan la modernidad,
el mundo intelectual contemporáneo (Tarchi, Steukers, de la Mora). Y,
finalmente, el bloque ambiguo (Vallino, Excarpetti, Lyotard integran el
postmodernismo en la modernidad sin buscar esa esencia), ¿a cuál tendencia se
afilian los jóvenes? Trabajados por el primer y la izquierda, ¿se entregan en
votaciones zurdas...?
Los jóvenes sin identidad, por carecer de ella, no saben qué es, cuál y cómo
se conquista una vida buena y digna y tienden, al revés que los excelentes, a
votar al socialismo, marxista en el método, en este peligroso instante de
acumulación de conflictos que recuerda al Frente Popular y la falta de honradez
con que se promovió la dolorosa guerra civil 1936-1939.
2. jóvenes sin referencias
No se puede uno orientar en una gran ciudad sin referencias, ni en la aldea
global de inmensos territorios. Carecen de indicaciones para el camino. No
pueden orientarse en la gran urbe ni en el campo, ni en el aire, ni el
océano mundial. Los jóvenes sin referencia han perdido el norte, la brújula, la
rosa de los vientos, el cuadrante, el rumbo. Los de «mucho tiempo de honradez»
les señalaban rutas equivocadas, sedicentes nobles, les desorientan para
llevarles al indefectible edén. En la edad mundial, la comunicación excesiva les
asfixia y equivoca. Los hijos y los nietos del 68 les han convencido de que no
se confíen en los mayores y en sus experiencias. El «prohibido prohibir» les ha
dejado sin pautas de conducta. Los colectivos mercantiles y políticos los
quieren como clientes y votantes, mintiendo paraísos que en la juventud parecen
reales.
Muchos años de honradez no los tienen muchos, y menos, acaso, los que se
inventaron el slogan. Honradez, rectitud de ánimo, integridad en el obrar.
Honradez es respetar, enaltecer la adhesión o asistencia a otros, premiar el
mérito, dar honor. Los pactos ocultos, no cumplir las reglas de juego, decir una
cosa y pretender otra en los hechos es falta de honradez.
Uno de los temas más delicados pensando en la izquierda es cómo sustituyó el
juego limpio. La teoría del empujón relevó el estado de derecho antes, en y
después de la II República, ¿son demócratas quienes aceptan las urnas sólo si
les son favorables? El 14 de abril de 1931, los vencedores –cuadriplicaban el
número de votos de los vencidos- pero fueron los vencidos los que trajeron la II
República. En 1933, Lerroux y Gil-Robles eran mayoría y no fueron llamados al
poder. La izquierda planificó la revolución fallida del 34. Era para toda
España, pero la gloria de Lerroux fue haberlo cortado en todas las provincias
menos en Barcelona y Oviedo. Azaña y Prieto crearon una coalición en el deseo de
conseguir el poder para la izquierda. Se parece a «Todos contra la mayoría
absoluta del PP». ¿Estamos en el 36 o en el 2004? ¿Hemos aprendido? ¿Frentes?
Felipe González renunció al marxismo, no al método, y reinó 14 años; el PP
estuvo sólo 8 años. UCD era el equivalente funcional de un partido. Falta mucho
para empatar. Si en unas elecciones hubiere mayoría absoluta, yo impediría la
unión de los perdedores para que pueda formarse gobierno: debe ejercer el poder
la mayoría minoritaria, el ganador de las legislativas, además recuperaría el
recurso previo de constitucionalidad y reforzaría el poder central: la facultad
de suspender las autonomías es imprescindible. No puede haber dudas en problemas
graves. No reformaría la Constitución, propondría enmiendas como USA. Las
enmiendas respetan y adecuan la constitución. La reforma hace pensar lo
impensable en la sustitución.
Los jóvenes carecen de referencias y son halagados por quienes las falsean y
les equivocan en razón de intereses ideológicos, comerciales, políticos,... Los
principios, los valores, la moral son zonas de valores y contra-valores que
pueden ser distintos, opuestos, nefastos, incluso. Depende de las creencias e
increencias, de los intereses materiales y espirituales de quienes las ofrecen y
de aquellos que las reciben. Si el alma de la cultura son los valores, las
políticas y contra-políticas en coexistencia, en diálogo y en dialéctica o en
conflicto. Nadie discute los valores abstractos. Todos admiten el bien, la
verdad, la plenitud, la belleza, pero el contenido concreto puede ser diferente
u hostil a muerte. En cualquier caso, tratan de colocarse los valores personales
en escalas de importancia, ¿qué es la justicia, la libertad, el deber para mí?
Los hombres en la feria, en el teatro del mundo, en el río que nos lleva podemos
buscar aguas claras o revueltas, cada cual para su ganancia. Encontrar los
referentes antropológicos convenientes exige un gran esfuerzo intelectual y
crítico del joven que no ha podido saber en pocos años lo que sabrá con muchos.
Hay muchos valores de cuyo descubrimiento depende su éxito existencial. Lo
que las zonas profesionales, humanas, piensan es plural. Lo que el reformismo,
el socialismo, el liberalismo, creen es distinto en su cosmovisión y en su
despiece. Después de estudiar mucho sobre el liberalismo y socialismo me quedo
con la visión ideológica y práctica del reformismo a la que dedicaré un
artículo. Además de los nobles valores mencionados, citaré la justicia, la
centralidad de la persona, su creatividad, el esfuerzo, la responsabilidad, la
disciplina, la educación, el civismo, la escuela, la familia, la comprensión, la
amistad, la autenticidad, la paz, el espíritu,... Ninguno es monopolio de nadie,
todos lo interpretan a su aire, lo importante de las referencias valiosas es su
funcionalidad para vivir con tenacidad hacia la plenitud óptimamente.
3. jóvenes tullidos
Muchos jóvenes están moralmente tullidos. Son cojos, mancos, paralíticos, y
alguno –lo que tiene mal remedio- «gilipollas». Su integridad corporal no tiene
esas incapacidades. Como no luchan por la excelencia ni se esfuerzan, se sitúan
fuera del reino de la virtud y son incapaces de nada. No respetan ninguna norma
ética, salvo los miembros de las ONGs, no se preocupan de nada ni de nadie.
Ejercen cuanto es necesario para procurarse cosas y dinero. Muchísimos son
nocharniegos. Algunos hacen deporte.
Ni son pacientes ni son castos ni son agradecidos. El deporte nacional de los
jóvenes tullidos es el «ligue», el sexo. Leen poco y su compañía resulta
aburrida hasta para las chicas jóvenes que los tientan. El mayor, el viejo
verde, han desaparecido menos aprisa que las chicas gerontófilas (las que aman a
los viejos). El adulto cincuentón es más respetuoso, culto y ameno, poético,
romántico que los susodichos mozuelos, que plantean su demanda sin versos y
están sólo dispuestos al ataque largas noches que acaban del mismo modo.
La vida normal es atosigante. Se levantan con pereza salvo que tengan planes.
Las clases tienen que ser muy buenas, apenas atienden. El estudio sólo es fuerte
durante los exámenes. El coche y la moto son otra droga. Están, en general,
cerrados a los mayores. Han cortado drásticamente con los padres. El grupo de
iguales, las pandillas, son el refugio dictaminante de las conductas. El cine,
la discoteca y el auto son buenos para cualquier cosa.
No creen, no esperan, no aman, no rezan, no les brillan los ojos. Se les
llama tullidos porque les faltan los asientos corporales en los que se
fundamenta la energía, la sensación, la sensibilidad. Del mismo modo que en la
melancolía, en la depresión, se carece de las sustancias por las que el cerebro
se coloca dentro de la normalidad, muchos jóvenes tienen desatendida la
comunicación eléctrica que produce la normalidad. Sentir, amar, creer, mantener
la ilusión, tienen raíces corporales. El cuerpo aloja la benevolencia, el
sentido común, el discernimiento, la capacidad crítica. El estado de necedad es
físico también. Los hábitos hedonistas apartan de la objetividad en las
percepciones y predisponen para un talante intolerante. Las más sutiles
funciones de la inteligencia se guarecen en los vasos más recónditos del
cerebro. De él se reciben las corrientes placenteras y dolorosas. La cojera
mental, las manqueras de la sensibilidad...
Jóvenes entregados a las sectas, al tarot, al sexo, al alcohol se ven
compelidos, enganchados a hábitos, a pensamientos de trasmigración y sólo
funcionan con los estímulos del placer, repetido, adormecido...; su manquedad
está engarzada a las sensaciones espiritistas y acaban viéndose adheridos a las
estructuras del mal.
Sin cultivar el bien a los demás, como en las ONGs, trocando la vida por un
culmen de egolatría, el joven se auto-lesiona, y tullido permanece para acertar
como joven y como adulto, como profesional, como ciudadano, como ser humano,
como pareja. Al no cultivar la voluntad, al no llevar el timón de sí mismos, se
hacen aptos para ser manejados por otros, se convierten en esclavos de sus
pasiones. Se inutilizan para realizar un proyecto, mantener un ideal, crecer en
sabiduría, bondad y estatura moral ante los demás. El joven tullido ético no
será feliz.
4. jóvenes acríticos
Tienen sentido de la crítica pero no es una crítica con sentido. La crítica
es un medio de elucidar la verdad objetiva de una afirmación, de una emergencia,
de un suceso; mediante ella se descubre la ley de la situación, su encaje en el
conjunto de las situaciones. Si carecemos de sentido de la complejidad, sin
finura de la inteligencia, sin espíritu sutil, no podemos distinguir los árboles
del bosque, no podemos valorar la realidad en que nos alojamos, ni asumir sus
consecuencias.
Haciéndoles mucho favor a los críticos se les puede considerar como
«dialécticos». La discusión de quien dialectiza es para discutir en la
conversación sin fin o lograr la victoria de los que discuten. Está alejada de
la investigación y de la búsqueda de la verdad. No es vencer, ni encontrar
verdades relativas o absolutas. Crisis y crítica vienen de Kriseo, juicio en
español. Ejercer una crítica con sentido es conveniente para vivir en la
complejidad de la existencia.
Los jóvenes poseen un léxico muy reducido hoy. No así en otras generaciones o
en los minoritarios que buscan la excelencia. ¿Es que los jóvenes carecen de
juicio y no son capaces de formular una expresión sin la cual no hay derecho a
la libre expresión? Una embarullada repetición de tópicos filosóficos,
económicos o políticos no pueden formularse como una opinión, sin palabras. El
funcionamiento de la inteligencia se realiza en el laboratorio cerebral de las
palabras. Ante las frases restallantes, agudas, destructivas los jóvenes no
críticos están sin defensa. Pero esas palabras se oyen en una situación que
interpreta su rebeldía y les conducen a decisiones de apoyar a quienes poseen el
arte oratorio de los sofistas.
Los zagales y zagalas sin auténtica capacidad crítica viven en constante
riesgo de ser manipulados en todos los terrenos. En el plano personal e íntimo
de las creencias no cernidas que les afectan seriamente, respecto el bien y el
mal, el amor y el desamor, la amistad y la enemistad, la belleza y la fealdad,
lo verdadero y lo falso, lo noble y lo innoble. En todo ello influyen los amigos
de su edad, más que nadie y con un absurdo sentido de la lealtad.
Aparte de las transferencias amicales, las externas, el aula, los profesores,
los buenos escritores, la prensa, la radio, la TV, internet, el aire ametrallea
(bombardea) con bondad o con perversión, su ser,... el «stablishment» seduce
compradores, votantes, sanos y enfermos, mentes acríticas tranquilas, ociosas
masas y ellas, las mismas masas acceden al poder, al empresariado. El ocio con
su oferta hedonística, los deportes pasivos, la contemplación del mar y la
montaña distraen a quienes pagan. Pocos se hacen a sí mismos.
Llevar el propio timón, exige identidad, referencias y mentes ágiles y
fuertes para ser ellos mismos; reclaman ideales, ilusión que energice hacia la
plenitud. Ser dueño de sí, ejercitar la voluntad, abastecerse de palabras y
saberes, practicar la memoria y la estrategia construye toda la felicidad
posible. La mercancía de la belleza ética está manejada. Ser críticos,
independientes, es fundamental. A veces, resulta menester cambiar las compañías,
afilar todos los dones y ponerlos en juego, para ser uno mismo. Asumir todo lo
malo que no se puede cambiar. Amar sinceramente a los otros.
La vida es como las películas románticas o como las mejores novelas. En ellas
un adulterio, un amor leal, una horrible situación que se mezcla con unas bellas
circunstancias. Niños, jóvenes, mayores y ancianos, todos con sus virtudes o
defectos. No se sabe el argumento: realidad y mal están en la vida misma, en la
película, en el corazón.
5. Jóvenes desdichados
La felicidad posible está en nuestras manos y en el vivir para los demás. Hay
varias clases de felicidad entre ellas dos. La felicidad animal –la del
«mutilado»- y la del hombre íntegro, la felicidad abunda y está sociológicamente
comprobada. En nuestro país da un altísimo porcentaje: entre un 80% a un 90% se
sienten felices («Salud, dinero y amor»). La felicidad íntegra exige eso en
cuerpo y alma, y eso, además, no incluye el poder y el espíritu.
Russel detalla más: trabajo satisfactorio, afecto, respeto, paternidad,... y
excluye de los felices posibles a los envidiosos, a los cobardes, a los
aprensivos, a los malvados, a los ególatras,... Y aunque cree que la felicidad
exige «creencias» más o menos religiosas, se inclina más hacia la felicidad
vulgar y menos exquisita. En cualquier caso, entre los derechos humanos no
figura el derecho a la buena suerte. La mejor lotería es el trabajo, el esfuerzo
tenaz dedicado a la excelencia.
Quienes por la pobreza se sienten, con razón, inútiles; quienes tratan de
invalidar a otros o, con el temor, tratan de paralizarlos; quienes malgastan
tiempo y energía; quienes, desasosegados, pierden el control de sí; los
refractarios a asumir los hechos y responsabilidades; quienes dilapidan tiempo y
salud sin hacer nada útil y critican en lugar de alentar; quienes creen que la
dicha consiste en cosas y no pone todo su ser para alcanzarla; quienes están
poseídos por esas conductas, encontrarán pocas facilidades para la bienandanza.
¿Basta aconsejar equilibrio corporal y espiritual o convertir cada día en una
obra de arte? No se puede hacer esto último con lo precedente. Ser feliz exige
una panoplia de decisiones y, entre ellas, una radical: un ideal difícil pero
asequible. Diseñar un destino al que podamos acceder con virtud y orden. La
felicidad posible se inserta en la sustancia del ser humano y exige actuar desde
ese instante en armonía y sosiego.
Una filosofía posibilista, firme y tolerante debe guiarnos. No exigir
demasiado de la vida ni de los otros. Gozarse y dar las gracias por los dones
recibidos y usarlos como exigencia clave. No sólo los corporales, también los de
encuandre social, amigos, compañeros de estudio, posición, familia. No hacer
daño, no temer. Optar por una vida feliz, propia y ajena. Asumir la crítica y lo
negativo. Solicitar ayuda para completar las lagunas de nuestro carácter.
Ponerse a la sombra de los más esforzados y contagiarse de su denuedo y
calificación.
Construir contra las estructuras del mal. Aceptar la propia existencia y la
muerte como coronación. Tenacidad contra los malos hábitos. Perfeccionar la
señalización hacia el ideal. Preservar nuestra ilusión de maldades y errores.
Generalizar el respeto y el afecto a los poseídos por ideas negativas y
disfuncionales. Poner amor donde no lo hay, hallando amor... (S. Francisco de
Asís). Cultivar la paz imperturbable no sólo con poesía, música, también con
oración. Control máximo de uno mismo. Revisar los «pros» y los «contras» de mi
felicidad joven para conseguir la profunda felicidad de un ser humano con
firmeza y fe, ¡ya!
El espantoso mundo que puede venir del Sí o del No a la globalización reclama
jóvenes y adultos excelentes que impongan otra mundialización en un mundo digno
de ser habitado. Eso es sagrado. Él, según Larrañaga, debe ser el rey de
nuestros territorios. Tiene que ser su juego, su sangre y su luz, su alegría, la
razón de nuestro existir, el sentido de nuestra vida, la brújula, el horizonte,
la plenitud de los que quieren un habitáculo mejor.
6. jóvenes sin ideal
Los jóvenes de 15 a 30 años constituyen una variable decisiva y acaso
determinante en la configuración inadvertida y dramática del futuro. El
desbordamiento de treintañeros comienza a operar ya en lo que resulte de la
composición de fuerzas protagonistas del porvenir. Pocos se detienen a
reflexionar en lo que puede significar la mayoritaria abulia política, la
indolencia espiritual, el insuficiente esfuerzo en conseguir la excelencia
profesional e íntegra... de doncellas y donceles ante la indefectible
sustitución del elenco directivo por la generación de ya está aquí, ¿qué
oscurece la adivinación de lo que pueda suceder con los mozos y mozas?
La prospectiva de lo que pueda suceder por el desequilibrio de las fuerzas en
presencia, va desde la sentida necesidad de un nuevo orden mundial hasta la
incapacidad de las nuevas «generación-masa»; desde el laicismo y la cosmovisión
neo-liberal; desde el mundo pasional al hombre inacabado hasta de la inercia de
una (inacabada) historia incompleta; desde el capitalismo fundamentalistas al
reformismo social cristiano; desde el ecumenismo espiritual a la mundialización
de la economía y la política... ¡sólo un 4% de zagales y zagalas tienen interés
en la política, se sienten atraídos por la Iglesia! Los galanes y las chicas van
en un globo del cual parecen haber arrojado los ideales como lastre y las ideas
con su poder germinal. Han resuelto mal sus crisis infantiles, adolescentes y de
juventud.
Nuestros herederos abúlicos, inhibidos, relativizantes están fuera de la
realidad, han caído en los contadores contrarios a la tradición –con lo que
tiene de útil- y en principios dañinos. Quieren vivir sin lo que la vida exige.
Fanáticos de esos principios sucumben a un absolutismo de izquierda, no
reconocen nada. La realidad, tal como es, frustra la realización auténtica de
estos revolucionarios. Eso, algunos. Otros, con manías de grandeza, confunden el
éxito real con el fantaseado. Su vacío interno se oculta en su agitación. Otros
adolescentes crecidos son entusiastas continuos sin referirse a la realidad como
Fausto tiene la afición a la magia.
Los más capitulan ante los que dicen «todo»: experiencias fáciles, éxitos
irrelevantes, provechos y placer. Envidio a quien se esfuerza y alecciona pero
no se esfuerzan. Son realistas y se toman la existencia «como es», quieren
abrirse paso y situarse. Sólo una excelente minoría tiene la convicción de las
ideas grandes, quieren hacer algo valioso y ser hombres justos, responsables y
libres para llegar a la plenitud de la madurez.
Un joven, trabajador o estudiante, que no obtenga las mejores calificaciones
en aprendizaje profesional, un muchacho que no respeta a las muchachas en su
madurez y a la madre de sus hijos, tomando la castidad como algo rancio, un
doncel o doncella que anota con muescas sus «ligues», un joven cuyas amistades
no sean excelentes, un joven que se despreocupa del espíritu y la vida, un
mozalbete sin dudas a la hora de votar, de escoger amigos y amigas o se
desentienden de lo que es el bien posible para su patria y su mundo. Un pimpollo
o chinela que se ría de las ONGs, del voluntariado al servicio a los demás
yéndose a pintorescas e inútiles manifestaciones. Quien sea convencido por la
suelta oratoria del sofista, un mancebo y su pareja que no aman
desinteresadamente, no funda su amistad en la profunda plenitud y ser ellos
mismos. Todo define a los jóvenes con ideales y el reducto del esfuerzo y la
excelencia. El diseño de un ideal exigente pero accesible arquetipo necesario
para ser la belleza de un proyecto.
Es peligroso mentar al filósofo alemán que habla de la determinación del
ideal en sí, de su manifestación en la acción, de su alta pureza, de la verdad
interior, verdadera esencia del espíritu, de las situaciones prosaicas, de lo
que depura el carácter y el ennoblecimiento de los personajes, de lo falso que
se obtiene de lo falso, de la forma exterior de ideal y su relación con el
público. El mundo de lo sublime y la sublimación tratado por Kant, por Hegel,
por Frankl,... nos introduce en la maravilla a la que el hombre puede llegar y
muchísimos jóvenes ignoran.
Lo sublime nace de la naturaleza por encima de lo cotidiano, «la desmesura
mesurada» por la fuerza de las presiones, la vehemencia de lo emocional, lo
grandioso de la tragedia, el poder de Dios, todo cuanto «sobrecoge y pasma» como
fuente natural de lo sublime, grado máximo de la creación. El comedimiento de lo
desconocido expresa la vivencia, la técnica de lo sublime supone cultivo de los
propios dones y traducción en formas de conducta expresiva, el arrebato de la
inspiración del espíritu. Todo ello supone un salto del «ideal a lo sublime»,
del juego de los dones, de la asunción estética de la realidad, del afecto. Deja
la vulgaridad, exige metanoicas conversiones y al que camina a la excelencia
seguir en el intento. Quienes vivimos una alegría superior a todas las amenazas
sentimos la urgencia cargando el énfasis en la persuasión. Deja la vida sin
sentido y emprende una significación. Dejar lo absurdo te habilita para lo
superior.
[1] José M. González Páramo es licenciado en
Ciencias Políticas, Ciencias de la Información y Ciencias Sociales, y doctor en
Derecho y en Psicología.
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