REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 97 – Enero de 2005 (Extraordinario)
EUROPA, ¡HASTA LA GUERRA QUE VIENE!
Por Severino Arranz Martín [1]
Resulta verdaderamente extraño contemplar cómo los dirigentes europeos, los
forjadores de la nueva Europa han acordado recientemente por gran mayoría la
barbaridad política de prescindir del mejor y más valioso elemento defensivo
contra la inminencia de un ataque a la civilización occidental.
El Viejo Continente está siendo atacado y en cierto modo conquistado con un
arma que, si bien no produce víctimas inmediatas (de eso ya se encargan las
bombas), está demostrando su eficacia como elemento de conquista. Me estoy
refiriendo a la religión islámica porque considero que contiene los elementos de
lucha y de conquista más eficaces, más económicos y más fáciles de conseguir,
que son una demografía en expansión, la pobreza de las masas, y el fanatismo;
todo lo contrario de lo que ocurre en Europa: descenso de la natalidad, que
llega a extremos preocupantes; exceso de bienes de disfrute (riqueza), y
ausencia de valores religiosos.
La superpoblación es consecuencia inmediata de una religión que se
apoya en la poligamia como parte esencial.
En cuanto al segundo elemento, la pobreza, podemos afirmar que va
indisolublemente unida con los países islámicos, dando la sensación de ser un
ingrediente más de esa religión. Tan pobre es el musulmán de un país rico como
de uno pobre. Me refiero al musulmán de a pie, no a los que ostentan el poder en
uno u otro grado y que saben sublimar la pobreza de las gentes por la vía
espiritual, la mayor parte de las veces con fines espurios. Esto enlaza con el
tercer ingrediente señalado, el fanatismo como elemento de compensación en la
otra vida de la miseria de ésta, compensación más bien de goces materiales.
Este fanatismo, debidamente canalizado, ha alcanzado su cota más alta en el
fenómeno kamikaze, que en la actualidad ha venido a ser una verdadera
arma de destrucción masiva, aunque con una característica muy peculiar: hasta
hoy no se ha conocido a ningún mandatario civil ni religioso «espanzurrarse»
con una carga de dinamita en el chaleco. ¿Conocen a algún imán, algún jeque,
emir o sultán que lo haya hecho?
El Islam, como religión oficial, lo impregna todo. Todo se mide en grados de
religiosidad, desde la política hasta el crimen.
¿Cuál es «la barbaridad política» por parte de Europa que comentaba al
principio de este artículo? Pues ni más ni menos que el hacer tabla rasa de los
principios religiosos que forjaron en otros tiempos su verdadera grandeza.
Nótese que he dicho «barbaridad política»; no ya religiosa que también y
principalmente. Yo me pregunto qué hubiera sido de nuestra Reconquista contra el
Islam sin el ingrediente religioso-cristiano, tan firmemente arraigado en las
conciencias tanto de los reyes como de los súbditos.
Actualmente el enfrentamiento entre los dos bloques, Islam adversus
Occidente, es esencialmente religioso, el primero se caracteriza por un exceso
de religión, mientras que el segundo por un lamentable defecto de ella; dándose
la circunstancia verdaderamente curiosa de que Occidente está completamente
desarmado contra este tipo de guerra, carece de armas espirituales porque ha
renunciado a ellas.
He ahí, repito, la barbaridad política, el error más grave de los últimos
tiempos.
Europa prefiere no enterarse de lo que está fraguándose. Ni siquiera se ha
ocupado de analizar las causas del odio que el mundo islámico tiene a todo lo
que sea occidental. Odio y miedo a la vez, pero un miedo de naturaleza religiosa
porque comprueba cómo el libertinaje ateo e inmoral de los países
superdesarrollados está introduciéndose en sus propios hogares a través de los
modernos medios de comunicación.
A estos efectos no conviene olvidar el carácter sexista de la religión
islámica como elemento básico y piedra fundamental; de tal modo que todo aquello
que contribuya a poner en peligro la sumisión de sus mujeres y la función
reproductiva con fines expansionistas puede ser objeto de guerra, un casus
belli, como diría el latino. Esta es la parte intocable de su sistema de
valores; todo lo que no esté relacionado con ello importa menos, incluso podemos
decir que sus otros vicios sociales e individuales son compartidos con el mundo
desarrollado.
Pero tranquilos, que España en nombre de Europa y por medio de su presidente
Sr. Rodríguez Zapatero, ha pedido la paz en la Asamblea de la ONU del día 22 de
septiembre de 2004, proponiendo ni más ni menos que una alianza entre ambos
bloques. O sea, lo que parece un pacto entre civilizaciones. ¡Otra vez España
reserva espiritual de Europa!, como en tiempos pasados; con la diferencia de que
entonces había elementos para pregonarlo. España tenía alma en el pueblo y en
sus rectores y un proyecto de vida como nación, una, grande y libre. ¿Hay
algo más noble? Estos tres adjetivos han quedado suplantados por sus contrarios
y ahora va a la cabeza de los países de la Unión en todas las aberraciones, la
última de ellas, octubre de 2004, es el matrimonio entre homosexuales, para
exportar a Europa con la marca del progresismo español. ¡Ay de los niños,
siempre pagan las consecuencias de los errores de los mayores!
Pero todo pacto conlleva alguna renuncia, alguna cesión por los pactantes.
Yo le propongo al Sr. Presidente del Gobierno un paquete de cesiones que
podría interesar, aunque no satisfacer, a los del bloque contrario:
Ambos renunciamos a matar; Vds. a los infieles con sus bombas;
nosotros a los inocentes que van a nacer, con la bomba de destrucción masiva del
aborto.
En cuanto a mujeres, ambos renunciamos a tratarlas como objetos, o sea darles
toda la dignidad que merecen. Por parte del mundo occidental, dirá el Sr.
Presidente del gobierno de España, renunciamos a la exhibición provocadora de
cuerpos femeninos en los escaparates de los medios de comunicación y de los
otros (Ámsterdam por ejemplo), para evitar que vuestras esposas puedan seguir el
ejemplo y se os vayan a sublevar, preconizando eso de la liberación sexual, el
feminismo y las cuotas. Renunciamos igualmente a la pederastia, a la galopante
sodomización de nuestros pueblos, al divorcio fácil o caprichoso que marcan para
siempre la vida de los niños (¡otra vez los niños!).
Europa y el mundo islámico se comprometen a moderar su egoísmo y su falta de
solidaridad y prometen depurar a sus gobernantes, enviando al ostracismo a los
corruptos y sinvergüenzas, que los hay a manta en ambos bloques.
Se supone que el señor Presidente del Gobierno de España debe hablar en
persona con el mismísimo Ben Laden para que deje la yihad o guerra contra
los infieles occidentales y en todo caso la aplique contra ciertos gobernantes
del mundo islámico que están utilizando a las masas como armas de guerra.
Finalmente el Sr. Rodríguez Zapatero, como portavoz del mundo occidental,
puede ceder en moderar el consumo desenfrenado y el hedonismo, para no poner los
dientes largos y ser objeto de codicia y de conquista por parte de los
hambrientos. O sea, austeridad, moderación como receta de urgencia.
En cuanto a la enseñanza de la Religión en Europa, pocas cesiones se pueden
hacer de algo que ya no queda. Por lo cual les dejamos el campo libre. Que
prediquen lo que quieran, que el occidental tiene los oídos tapados a todo lo
que no sea realismo material y materialista.
El bloque occidental es hoy un conjunto de naciones que han perdido su
proyecto de vida, pues no tienen otro que no sea «el estado del bienestar», pero
eso se paga caro según la Historia. Mientras Europa duerme, alguien traspasa sus
fronteras, como sucedió hace mil quinientos años cuando se infiltraban en el
Imperio los denominados bárbaros que acabaron sometiéndole.
A la vista de la expansión tan alarmante del Islamismo en el mundo, uno se
pregunta qué tiene esta religión que tanto gancho demuestra en los países
pobres. ¿Les redime del hambre y la miseria? La respuesta la tienen
especialmente los países del África Negra donde nuestros misioneros europeos
cristianos se parten el pecho todos los días para llevar pan y amor. Pero se ve
que pueden más las metralletas y el miedo. Sudán es buen ejemplo de lo que digo;
o Senegal, donde un puñado de misioneros cristianos tienen que ejercer su
entrega a los humildes en medio de un entorno religioso claramente musulmán y
por tanto poco favorable. Y para qué seguir. Yo al menos no conozco misioneros
islámicos al estilo occidental que sacrifiquen generosamente sus vidas (esa sí
es autoinmolación) todos los días en aras de la verdadera caridad al estilo de
Teresa de Calcuta.
Los sabios dirigentes europeos no se han percatado de la labor, incluso
política y social, que tan generosamente desempeña el trabajo misionero en ese
llamado tercer mundo.
Que no se crean los capitostes que gobiernan Europa que pueden silenciar la
voz del Cristianismo. Ahí están los viejos conventos, catedrales, templos y
ermitas, como sermones de piedra. Ahí están las bibliotecas, las imágenes, las
tumbas, las tradiciones, los mártires, las coronas imperiales con la cruz de
Cristo como emblema.
Señores Chirac, Schröder, Berlusconi, Zapatero, y demás figurantes del teatro
político, vuestro suelo está sembrado de estos testigos de más de dos milenios
de antigüedad y ustedes no podrán borrarlos de la Historia por mucho que lo
silencien en los estatutos de la nueva Europa, que no es nueva porque ustedes lo
digan; es la Vieja Europa, la de los grandes santos, la de los valientes
guerreros, de los filósofos, de los literatos, de los descubridores de nuevos
mundos, la de los grandes inventores, de los grandes papas; todos ellos bajo el
sello indeleble de la fe.
Aunque no lo constaten en los Estatutos, no es indispensable.
[1] Severino Arranz Martín es licenciado en
Psicología y en Filología Románica.
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