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Altar Mayor - Nº 97 (05)
Tuesday, 18 January a las 13:28:32

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 97 – Enero de 2005 (Extraordinario)

Comunicado
DIMENSIÓN MILITAR EUROPEA. La capacidad militar de Europa
Por Armando Marchante Gil [1]

1.- Presentación

La dirección de estas Undécimas Conversaciones en el Valle me hizo el honor de solicitar mi intervención en ellas, propuesta que me abruma tanto por la calidad de quienes en ellas imparten enseñanzas como por el auditorio que las sigue. Vaya por delante mi agradecimiento y mi temor por el resultado de mi conversación con todos ustedes que espero sea amplia y, sin duda, sincera.

Se me indicó asimismo el título de mi conferencia que he aceptado disciplinadamente; como me corresponde, si bien me he permitido añadir como subtítulo «La capacidad militar de Europa» que entiendo es un rasgo aclaratorio del contenido de mi presente exposición, dirigida esencialmente a presentar cuál puede ser el peso militar de Europa en un mundo caracterizado tanto por la existencia de la potencia hegemónica que son los Estados Unidos como por la aparición de un nuevo tipo de conflictos, mezcla de acciones bélicas, diríamos clásicas para entendernos, de actuaciones encuadrables en la guerrilla, inventada por los españoles contra Napoleón, y en la acción terrorista internacional, tanto a gran escala en el caso de la voladura de las torres neoyorquinas, como en pequeño formato, como ha venido siendo en general la acción de ETA, bien conocida en España pero que tiene alguna de sus raíces fuera de nuestras fronteras.

Algún autor ha inventado el término de «conflictos de cuarta generación» para describir lo que estamos viviendo, que no es mas que la mezcla de varios ingredientes -guerra regular, guerrilla y terrorismo en todas sus formas- para producir un precipitado de todos sus elementos cuyo resultado final está por ver.

Puede añadirse a todo ello un componente sobradamente conocido como fue en la segunda mitad del pasado siglo lo que se vino en denominar «guerra subversiva», que trataba de corroer y socavar mediante distintos procedimientos el conjunto de ideas, principios, convicciones y sentimientos que son el fundamento de la civilización occidental cristiana. Si bien el marxismo fue vencido en la llamada «guerra fría» sus actuales epígonos no dejan de actuar en Occidente, contra nuestro sistema de vida y, en definitiva, contra nuestras libertades utilizando métodos bien conocidos de agitación y propaganda.

En España, la Directiva de Defensa Nacional del año 2000 hablaba de la «actuación de las Fuerzas Armadas en un escenario estratégico como el actual caracterizado por la ausencia de una amenaza clara y definida a nuestro territorio y por la aparición, sin embargo, de riesgos asimétricos, crisis y conflictos que comprometen la paz, la seguridad y la estabilidad en muchas regiones del mundo y que pueden afectar a nuestra propia seguridad y, en consecuencia, requerir una respuesta por parte de España».

Asimismo en la Revisión Estratégica de la Defensa, puesta a punto por el Estado Mayor de la Defensa el pasado año 2003, se decía: «El nuevo fenómeno al que se enfrentan los Ejércitos tradicionales, particularmente tras los atentados del 11 de septiembre y la dramática constatación de un terrorismo catastrófico, es el de un enemigo que utiliza una aproximación asimétrica, y que es, en esencia, él mismo asimétrico y no convencional». Como ven, si los recientes atentados en Madrid han sido una sorpresa para los políticos, no lo han sido para los responsables militares de nuestra defensa a quienes tan poco caso se hace.

Es en este marco de los nuevos tipos de conflicto que amenazan a Occidente, someramente descritos, donde tenemos que valorar las posibilidades de defensa militar de Europa.
 

2.- Las dificultades europeas

Se dice que cuando el Congreso de Viena de 1814 abordó el posible restablecimiento del Antiguo Régimen en Italia, Metternich afirmó con cierto aire despectivo que Italia era una mera expresión geográfica; naturalmente el canciller austriaco se refería al hecho de que no había en la península Italiana ni una idea nacional surgida a la sombra de la Revolución francesa ni tampoco una Monarquía o un Imperio capaz de aglutinar en sí políticamente a los habitantes de aquella península.

¿Es este el caso de la Europa actual? La pregunta es importante porque si no hay una organización política unitaria capaz de dar personalidad, consistencia y, en definitiva, tener capacidad de decisión unívoca, la defensa militar es muy difícil por no decir imposible, y menos aún ante el tipo de conflictos como los que vemos cada día.

Las mesnadas medievales eran la expresión de un sistema feudal; los Ejércitos reales, creados en España durante el reinado de los Reyes Católicos, eran instrumentos de las Monarquías más o menos absolutas y los Ejércitos nacionales, nacidos de la Revolución francesa, defendían una nación o varias coaligadas, en cuyo caso se trataba de alianzas más o menos duraderas.

Ahora bien, la primera alianza que creó un sistema militar permanente con una organización estable y supranacional fue el Tratado del Atlántico Norte firmado en Washington en 1949, que dio origen a la OTAN para hacer posible la defensa de Europa frente a la URSS. La nueva Alianza respondía a un concepto parecido al de las viejas coaliciones con dos diferencias fundamentales: había una gran potencia dominante dentro de ella y contaba con un órgano permanente para su puesta a punto y dirección política y militar. Se trataba de defender militarmente al mundo occidental trasatlántico ante un gravísimo peligro común que es el mejor cemento para unir voluntades. Ahora, ese cemento ha desaparecido y de ahí vienen las principales dificultades para establecer una defensa de Europa autónoma.

¿Qué es Europa? Muy recientemente S.S. Juan Pablo II ha recordado que Europa es «un concepto predominantemente cultural e histórico que caracteriza una realidad nacida como Continente, gracias a la fuerza aglutinante del cristianismo que ha sabido integrar a pueblos y culturas diferentes y que está íntimamente ligado a toda la cultura europea».

Evidentemente, no ha nacido todavía la forma que consiga la trasformación de la actual Europa en una entidad política propia y sin esa forma política es sumamente difícil la puesta a punto de una estructura militar, es decir unos Ejércitos que den seguridad y garanticen la defensa de Europa y de sus intereses fuera de sus fronteras.

No faltan precisamente organizaciones políticas y militares que agrupan a naciones europeas, aunque en ellas figuren también otras que no lo son. De algunas se puede esperar que sean el núcleo inicial de una entidad política propiamente europea. Veamos las más importantes:

  • Organización de las Naciones Unidas (ONU)
  • Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)
  • Organización de Seguridad y Cooperación Europea (OSCE)
  • Consejo de Europa
  • Acuerdo de Schengen
  • Unión de Europa Occidental (UEO)
  • Unión Europea (UE)

Precisamente la amplitud y heterogeneidad de estas Organizaciones, la presencia en algunas de ellas de naciones que no son europeas o que siéndolo mantienen su estatus de neutralidad y su misma proliferación a través de los años trascurridos desde 1945, dan idea de la dificultad de lograr un ente político europeo único, capaz de poner al servicio de sus intereses el instrumento militar adecuado para su defensa. Por ello, hablar de la capacidad militar europea puede hacerse siempre que nos mantengamos en el campo de la OTAN, pero al ser ésta una Organización intra y extra europea a la vez y depender fundamentalmente de su miembro más poderoso, que son los Estados Unidos, es evidente que, dentro de ella los países europeos carecen de autonomía para la defensa de sus propios intereses, siempre que no coincidan absolutamente con los de los Estados Unidos.

Sin embargo, no se puede olvidar que las naciones europeas han realizado muchos esfuerzos y avances para lograr el nacimiento de una estructura unitaria capaz de llevar definitivamente a la creación de la Europa política con su correlativo Ejército.

Curiosamente el primer intento nació ante la amenaza militar soviética que llevó a la firma del Tratado de Bruselas el 17 de marzo de 1948 por parte del Benelux, Francia e Inglaterra lo que supuso el nacimiento de la Unión Europea Occidental (UEO), cuyo objeto principal no era otro que hacer frente a aquella amenaza. Constatada inmediatamente la endeblez política y militar del tratado citado, el 18 de marzo de 1949 se firmó en Washington el Tratado del Atlántico Norte que añadía al anterior las firmas de Canadá y los Estados Unidos y que se amplió rápidamente a Portugal, Dinamarca e Islandia.

Como se ha dicho, el Tratado creaba un órgano capaz de conseguir día a día los fines propuestos: era la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que logró efectivamente, en el marco de la «guerra fría», aportar a la Europa occidental la seguridad que pretendía frente al peligro soviético hasta su final y el de la «guerra fría» en 1989 con la caída del Muro de Berlín y trasformaciones posteriores. No se puede olvidar que aquello fue posible no por la acción autónoma de los principales países de Europa Occidental sino por la aportación decisiva del poder económico, político y militar de los Estados Unidos.

En el mismo año 1949 nacían el Consejo de Europa y la República Federal de Alemania cuya integración en la OTAN tendría lugar casi inmediatamente, así como la de Italia.

Paralelamente los esfuerzos de aquellos grandes hombres europeos que fueron Adenauer, Monet, De Gasperi y Schuman, al iniciar la cooperación franco-alemana con la puesta a punto mediante el Tratado de París de 1951 de la Comunidad del Carbón y del Acero, seguida luego por el Tratado de Roma que habría de ser el germen de la Unión Europea, han hecho posible medio siglo después los actuales avances hacia la unidad económica europea.
 

3.- Los primeros intentos de defensa común

Hace ahora cincuenta años que fracasaba un primer intento militar de crear lo que por primera vez iba a ser al menos el embrión de un Ejército europeo en que se integrarían los Ejércitos de los países que así lo decidiesen. Me refiero al proyecto del ministro francés René Pleven en 1950 para establecer la que se llamó Comunidad Europea de Defensa (CED), capaz de formar unas Fuerzas Armadas europeas en cuyas Divisiones se combinasen Brigadas y otras Unidades pertenecientes a distintos países bajo un mando militar único. El Tratado fue firmado por la República Federal de Alemania, Bélgica, Francia, Italia y Luxemburgo el 27 de mayo de 1952 pero su puesta en marcha exigía la ratificación de los Parlamentos nacionales; en el verano de 1954, paradójicamente, fue el Parlamento francés quien se negó a ratificarlo con lo cual la CED no vio la luz.

En realidad, el proyecto era un intento de evitar la aparición de un nuevo Ejército alemán, según era el propósito de los Estados Unidos, conscientes de que para que la OTAN pudiese asegurar la defensa contra un ataque soviético era imprescindible contar con la República Federal Alemana y considerando además que sin la aportación alemana, la tarea iba a recaer casi íntegramente sobre ellos. Fue precisamente la Asamblea Nacional francesa la que al negarse a ratificar el proyecto en 1954 produjo su fracaso y, en consecuencia, la aparición de la Bundeswehr o nuevo Ejército alemán integrado en la OTAN. Era el primer presagio de la dificultad de poner de acuerdo a los gobiernos europeos acerca de la integración de sus ejércitos.

Mientras duró la «guerra fría» y el empeño militar estadounidense en Europa, incluidas las armas nucleares, no se volvió a plantear la cuestión de dotar a Europa de un sistema defensivo autónomo y común. Este desinterés hizo más fácil no sólo la reconstrucción económica europea sino los sucesivos esfuerzos de integración en este campo cuyo exponente más importante fue el éxito del llamado Mercado Común que ha desembocado en la actual Unión Europea (UE) cuya última ampliación va a suponer la integración económica en un grado más o menos avanzado de veinticinco países europeos.

Esta Europa puede llegar a ser, o es ya, la zona más próspera del mundo pues su producto interior bruto supera al de los EE.UU., y el del Japón, a la vez que la cuarta parte del comercio mundial se desarrolla en el mercado europeo, aunque muestre todavía un cierto atraso tecnológico en relación con los Estado Unidos. Esta enorme riqueza contrasta con la incapacidad europea para traducirla en términos de seguridad y defensa del conjunto europeo, donde se han producido acontecimientos como la disgregación de Yugoeslavia con los terribles conflictos de Bosnia, Kosovo, Macedonia o Albania que los europeos fueron incapaces de controlar y que no concluyeron en su fase militar hasta que se produjo la intervención norteamericana.

A partir de los últimos conflictos las carencias militares de los países europeos se hacen día a día más evidentes, así como la escandalosa falta de una política exterior y de seguridad común que tanto ha complicado la situación mundial después de la voladura de las Torres gemelas de Nueva York, con episodios tan lamentables como las discrepancias europeas con ocasión de los conflictos de Yugoeslavia, Afganistán e Iraq: sin olvidar las terribles matanzas ocurridas en los países de África que un día fueron colonias europeas.
 

4.- Éxito y reorganización de la OTAN

Indiscutiblemente la existencia de la OTAN durante los años de la «guerra fría» fue casi la única garantía para la defensa no de toda Europa, pues parte importante de ella estaba bajo la dominación de la URSS, sino de la Europa situada más acá del telón de acero. Para ser justos hay que recordar que la OTAN fue completada a partir de 1953 con los Acuerdos hispano-norteamericanos que, quiérase o no, dieron mayor profundidad estratégica al teatro de operaciones europeo, aparte de asegurar el control del Estrecho de Gibraltar. El abandono por parte de De Gaulle de la estructura militar integrada de la OTAN, que obligó a ésta a instalarse en Bélgica, no supuso un grave colapso de la defensa europea, que poco podía ganar con la capacidad nuclear lograda por Francia e Inglaterra.

El éxito de la OTAN fue debido al apoyo de la potencia norteamericana, a la aportación alemana y a su flexibilidad de organización. Cuando el fin de la «guerra fría» parecía que iba a terminar con la existencia de la OTAN, ha sucedido todo lo contrario, pues los antiguos países del Este se muestran deseosos de integrarse en la misma, seguramente por ofrecerles más seguridad que cualquiera otra solución con base en los países europeos.

La cumbre de Praga de la OTAN de noviembre de 2002 decidió llevar a cabo una profunda reorganización que fue aprobada por los Ministros de Defensa en su reunión de Bruselas el 12 de junio de 2003. Esta reorganización de su estructura trata de hacerla más ligera y barata, más flexible y más adecuada a los actuales retos militares y de seguridad a que nos enfrentamos; además es adecuada para integrar a los nuevos incorporados: Estonia, Lituania, Letonia, Rumania, Bulgaria, Eslovenia, Eslovaquia, Polonia, Hungría y la República Checa. Se mantiene un solo Mando Estratégico (ACE) que tendrá subordinados seis Mandos Conjuntos mientras que los actuales Cuarteles Generales Subregionales se trasforman en Mandos Componentes terrestres (LCC), uno de ellos en Madrid, Aéreos (ACC) y Marítimos (MCC); además se reducen de diez a seis los Mandos Aéreos.

Es importante la aparición de la nueva Fuerza de Reacción Rápida (NRF) capaz de entrar en acción en cualquier región en menos de cinco días para asumir operaciones de apoyo a la paz y la estabilidad en cualquier parte del mundo y en operaciones de combate contra el terrorismo y evacuación de residentes.

A partir del momento en que desapareció el telón de acero, los países europeos de la OTAN comenzaron a relajar su esfuerzo defensivo, con un progresivo intento de desvinculación de los Estados Unidos en el plano militar, pero manteniendo la Alianza Atlántica.

De tal modo comenzó a hablarse, siempre dentro de la OTAN, de la Identidad Europea de Seguridad y Defensa (IESD), que se presentaba como el pilar europeo de la Alianza. Esta tendencia tuvo su primera manifestación en Saint Maló en diciembre de 1998 cuando el Primer Ministro inglés y el Jefe del Estado francés aprobaron una declaración en la que se decía que la Unión Europea debía contar «con una capacidad autónoma de actuación, apoyada sobre unas fuerzas militares creíbles que puedan ser utilizadas para dar respuesta a las crisis internacionales». Como se ve tal declaración era un tanto ambigua pues no aclaraba si esas fuerzas militares estarían integradas o no en la Alianza Atlántica.
 

5.- Los intentos militares europeos

El 25 de marzo de 1957 se firmaron en Roma dos Tratados: el que dio origen al Mercado Común y el creador del EURATOM; una vez ratificados por los parlamentos de Francia, Holanda, Italia, Luxemburgo, Bélgica y Alemania, entraron en vigor el 1 de enero de 1958. Nada en ellos se refería a la defensa de sus signatarios que seguía encomendada a la OTAN.

En 1986 se firmaba el Acta Única Europea donde por primera vez se aludía a la posibilidad de llegar a una unión política europea; tampoco allí se encontraba ninguna referencia a la defensa militar de los países firmantes.

En el Tratado de la Unión Europea (TUE) firmado en Mastrique el 7 de diciembre de 1992 aparece por primera vez en los acuerdos europeos una preocupación por la defensa, concretada en la decisión de llegar a una Política Exterior y de Seguridad Común (PESC), según acuerdos que deberían tomarse por unanimidad en el seno del Consejo de la Unión Europea. A la vez, los firmantes volvían a poner en marcha la Unión Europea Occidental (UEO), invernada durante muchos años y restaurada en Roma el año 1984 para tratar de convertirla en el brazo militar de la Unión Europea.

Dinamarca en un primer momento se negó a la entrada en la Unión, Austria, Suecia y Finlandia sí lo hicieron, pero no Noruega y Suiza; con ello estábamos ya en la Europa de los Quince cuya capacidad militar era escasísima fuera de la OTAN.

En el Tratado se fijaban los llamados «tres pilares» de la Unión Europea, que son:

Primer pilar: instituciones europeas, a saber:

  • Consejo de la Unión Europea.
  • Parlamento europeo.
  • Comisión europea.
  • Tribunal de Cuentas.
  • Tribunal de Justicia.

Segundo pilar:

  • Política Exterior y de Seguridad Común (PESC).

Tercer pilar:

  • Justicia e Interior.

Este Tratado de la Unión Europea (TUE) y su derivada la PESC, atravesaron graves dificultades tanto por la grave crisis económica europea de sus primeros años como por la demostrada incapacidad de los países de la Unión para hacer frente militarmente a los conflictos de Croacia, Bosnia, Kosovo y Albania, alguno de los cuales había sido fomentado por determinados países de la Unión, que demostraron una gran falta de solidaridad y una no menos grande incapacidad militar. Sólo la intervención militar norteamericana en el marco de la OTAN pudo poner fin rápidamente, en 1999, al conflicto de la antigua Yugoeslavia.

El 2 de octubre de 1997 se firmaba el Tratado de Ámsterdam que entró en vigor el 1 de mayo de 1999, donde se recogía el Acuerdo de Schengen relativo a la libre circulación de personas en la Comunidad, que no fue firmado por el Reino Unido, Irlanda y Dinamarca.

En cuanto a la PESC, la evidente desproporción entre los medios disponibles y los objetivos propuestos, trató dé ser resuelta mediante el nombramiento del Sr. Solana como responsable de la misma en el intento de contribuir a la formulación de una política exterior comunitaria. La única realización militar de la UEO ha sido el Eurocuerpo, nacido de una iniciativa franco-alemana en 1991, del que luego hablaré.

Apareció en Ámsterdam el concepto de la «cooperación reforzada», según la cual los países que quieran ceder más competencias nacionales a la UE podrán hacerlo; es decir se trata de la construcción de la unidad europea de varias velocidades, pero nada se especifica en cuanto a las cuestiones de defensa y seguridad.

Ha quedado reseñada la declaración anglo-francesa de Saint Maló de 1998 en la que por primera vez el Reino Unido aceptaba la idea de una fuerza militar propiamente europea.

El Consejo Europeo de Colonia en junio de 1999 decidió:

  • Crear una capacidad autónoma de acción con fuerzas militares creíbles, sin perjuicio de la OTAN.
  • Disponer de los medios militares precisos para reaccionar ante aquellas crisis que no impliquen a los Estado Unidos.
  • Integrar definitivamente a la UEO en la UE.

Para lograr esto último se le acumuló al Sr. Solana (mister PESC, según los periodistas) el cargo de Secretario General de la UEO para que pudiese poner a punto la llamada Identidad Europea de Seguridad y Defensa (IESD).

¿Qué es esta IESD? En el Consejo ministerial de la OTAN, celebrado en Berlín en 1996, los Estados Unido aceptaron que, cuando no quisieran participar en alguna operación militar en Europa, no tendrían inconveniente en que la entonces UEO utilizase elementos de la OTAN para llevarlas a cabo. Estos elementos podían ir desde los Cuarteles Generales de la OTAN en Europa hasta el Sistema de Defensa Aérea y los Elementos de Información facilitados a la OTAN por los EE.UU., singularmente los llamados «satélites espía».

El nuevo concepto estratégico de la OTAN aprobado en abril de 1999 en Washington reafirma que «la Alianza apoya plenamente el desarrollo de la IESD dentro de la OTAN poniendo a su disposición activos e instalaciones para las operaciones dirigidas por la UEO». Quedaba claro, una vez más, que los países europeos necesitaban del apoyo de la OTAN para actuar militarmente, ya que la repetida IESD forma parte de la doctrina de la OTAN, y sólo puede ser eficaz si dispone de los apoyos que ésta le dé.

En el Consejo Europeo de Helsinki, celebrado en diciembre de 1999, se decidió que los Estados miembros pudiesen cooperar voluntariamente con la UE para que ésta pudiera estar en condiciones en 2003 de disponer de una fuerza de 60.000 soldados, capaces de desplegar en 60 días y mantenerse en disposición de actuar, una vez desplegados, por un año al menos.

No se trataba de crear un Ejército plenamente integrado sino de que se asignasen a la UE unidades nacionales para con ellas poder componer la fuerza militar que se requiriese. Seguramente se estaba pensando en el Eurocuerpo ya en marcha.

Para lograr esa fuerza de 60.000 soldados se crearon tres nuevos organismos:

  • El Comité Político y de Seguridad (COPS o bien PSC).
  • El Comité Militar de la UE (EUMC).
  • El Estado Mayor de la UE (EUMS).

Todos ellos dependen del Consejo de la Unión Europea y le asesoran y proponen las opciones estratégicas y medidas militares en caso de crisis, pero queda claro que no se trata ni de lejos de ir a la creación de ningún Ejército europeo.

Además, en las conclusiones de esta Cumbre se especificó que estas decisiones no afectarían a los compromisos adquiridos con la OTAN.

Tal vez para evitar la desconfianza de los EE.UU., en el Consejo Europeo de Niza celebrado en febrero de 2001 se dio un nuevo frenazo por el Reino Unido a las ya escasas expectativas de creación de un Ejército europeo; Mr. Cook, ministro de Exteriores ingles dijo que «el peso de la defensa de la Unión lo seguirá llevando la OTAN», mientras que Solana estimaba que la nonata Fuerza de Reacción Rápida de la OTAN se limitaría a realizar acciones humanitarias.

¿Cuáles son estas misiones humanitarias? El Consejo de la UEO celebrado en Bonn el 19 de junio de 1992 había decidido que, aparte de la contribución a la defensa común en la OTAN, las Unidades militares de los países miembros de la UEO podían ser empleadas para misiones humanitarias y de rescate; misiones de mantenimiento de la paz y misiones en las que intervengan fuerzas de combate para la gestión de crisis, incluidas las misiones de restablecimiento o imposición de la paz.

Estas misiones denominadas «misiones Petersberg» por haber sido aprobadas en dicha localidad, cerca de Bonn, se incluyeron en el acervo comunitario en el Tratado de Ámsterdam; pero aunque generalmente se hable de ellas como «misiones de paz» no significan que no exijan combatir como puede deducirse de su propio enunciado.

Hasta hoy, la Unión Europea se mantiene en cuanto a seguridad y defensa en el clásico querer y no querer, desear en teoría una defensa autónoma pero no atreverse a decirlo y mucho menos hacer el esfuerzo económico y organizativo necesario para prescindir del apoyo norteamericano en cuanto a defensa y seguridad. La existencia en la Unión de los cinco países neutrales (Austria, Suecia, Finlandia; Dinamarca e Irlanda) complica todavía más las cosas.
 

6.- El Eurocuerpo y otras fuerzas europeas

El Eurocuerpo tuvo su origen en una carta dirigida el 4 de octubre de 1991 por Kohl y Mitterand al Consejo de Europa para comunicar su intención de crear un Cuerpo de Ejército franco-alemán, decisión definitiva tomada por ambos en La Rochelle el 22 de mayo de 1992 a la que se unió Bélgica en 1993, España en 1994 y poco después Luxemburgo. Su Cuartel General se estableció en Estrasburgo.

Iniciada su constitución fue necesario llegar a un acuerdo con la OTAN que se firmó el 21 de enero de 1993 para hacer posible la participación del Cuartel General del Eurocuerpo en el Cuartel General de la Fuerza de Estabilización (SFOR) dirigida por la OTAN en Sarajevo. Una vez más fue preciso formar parte de las estructuras aliadas en el seno del Pacto Atlántico.

En la ya relatada Cumbre de Colonia celebrada en 1999, la Unión Europea (UE) se comprometió a convertir al Eurocuerpo en la Fuerza de Reacción Rápida Europea a la que se le encomendarían las misiones Petersberg; para ello sería necesario en cada misión revisar la estructura del propio Eurocuerpo, aspecto éste bastante complicado puesto que, en todo caso, habría que mantener también la posibilidad de que el Eurocuerpo pudiese seguir capacitado para actuar bajo el mando OTAN en misiones de combate.

La composición en líneas generales del Eurocuerpo es la siguiente

  • Mando y Cuartel General. En el mando se alternan generales alemanes, franceses y españoles y el E. M. es multinacional con personal de todos los países que componen el Eurocuerpo. Cuenta con el Regimiento de Trasmisiones n° 53, francés. Está situado en Estrasburgo.
  • 10ª División Acorazada alemana de Sigmaringen.
  • 1ª División Mecanizada belga en Saive con una Compañía de reconocimiento luxemburguesa.
  • 1ª División Mecanizada francesa en Besançon
  • División Mecanizada Brunete en Burgos
  • Brigada Mecanizada franco-alemana en Müllheim

En total se trata de 4 divisiones, 1 brigada, 60.000 soldados, 800 carros, 1.700 VCI y 500 piezas de artillería, pero se debe tener en cuenta que estas son las Unidades nacionales integrantes del Eurocuerpo, pero no disponibles continuamente ya que corresponde a cada gobierno asignarlas al Eurocuerpo en cada circunstancia.

Se ha logrado el pleno funcionamiento multinacional del Cuartel General y su E. M. en Estrasburgo venciendo las dificultades de organización, los distintos procedimientos e incluso el problema idiomático para un trabajo en común desarrollado en su mayor parte en inglés, que no es el idioma de ninguno de sus componentes, y adoptando los procedimientos OTAN que se utilizan en los ejercicios que se realizan, casi siempre de cuadros.

Asimismo se ha tenido en cuenta la posibilidad de que este Cuartel General pueda actuar, como Mando de Componente Terrestre (LCC) de la OTAN. No ha habido problemas en la rotación de mandos pues han sido Jefes del Eurocuerpo generales belgas, franceses, alemanes y españoles.

Paralelamente al Eurocuerpo existen el EUROFOR y el EUROMARFOR así como la Fuerza Anfibia hispano-italiana (SIAF).

El EUROFOR nació en noviembre de 1996 y en él participan España, Italia, Portugal y Francia, con su C. G. en Florencia, y tiene asignados contingentes correspondientes a una división (12.000 hombres) para realizar misiones Petersberg. Cada nación asigna a esta Fuerza bianualmente las Unidades que considere conveniente.

El EUROMARFOR es algo parecido en el ámbito naval con capacidad de desembarcar una Brigada como máximo. Sólo tiene activado permanentemente su C. G.

En cuanto a la Fuerza Anfibia hispano-italiana (SIAF) se creó en 1997 por acuerdo de los Ministros de Defensa de ambos países; cuenta con un Grupo de Trabajo para ponerla a punto mediante la permanencia en los Estados Mayores de oficiales procedentes del otro país. Existe un Comandante de la Fuerza Anfibia y un Comandante de la Fuerza de desembarco. Italia ha asignado para esta Fuerza la 3ª División Naval y el Batallón Anfibio San Marco, y España la Brigada de Infantería de Marina y el Grupo Delta de la Armada.

Para ser realistas, esta variedad de organizaciones militares no va más allá de la creación de Cuarteles Generales multinacionales capaces, en un plano teórico, de realizar operaciones tipo Petersberg y poco más; esto siempre que los gobiernos nacionales resuelvan en cada caso aportar las Unidades nacionales que sean precisas para cada misión.

La cuestión es que cada una de estas asignaciones exige la previa existencia en condiciones operativas de las Unidades, cosa que no siempre ocurre, y desde luego su empleo en estas misiones, especialmente en las operaciones Petersberg, supone su desaparición durante largos períodos de tiempo como fuerzas combativas.

Por lo tanto, no estamos ni de lejos en la constitución de un verdadero Ejército europeo capaz de actuar en defensa de intereses europeos independientemente de la OTAN y, en consecuencia, de los Estados Unidos.
 

7.- Los últimos intentos

El 26 de febrero de 2001 se firmó el Tratado de Niza que hacía las reformas necesarias en la Unión Europea para el ingreso de nuevos países a partir de 2002. Alguno de sus firmantes, como Chirac y Persson, dieron muestra de su escepticismo al declarar que «el espíritu europeo no había soplado en Niza». Como es sabido la principal dificultad nació de la nueva distribución de poder que había de presidir la toma de resoluciones en una UE ampliada a veinticinco miembros.

Hay que señalar que en Niza no se hizo la menor alusión a la forma de encarar en el futuro el problema de la defensa de Europa. Tampoco en la opinión pública de algunos países fue bien acogido el nuevo Tratado, hasta tal punto de que los irlandeses, en un primer referéndum, se negaron a ratificarlo.

Se convocó un nuevo Consejo Europeo en noviembre de 2003 que, reunido en Bruselas, ha supuesto un nuevo fracaso político, pues no ha conseguido la aprobación del proyecto de Convención o Constitución europea que fue encargada en Niza a una Comisión presidida por Valéry Giscard d’Estaing.

Por su parte, los Ministros de Exteriores de la UE trataron una vez más en Bruselas de la política de seguridad de la Unión; allí se tomó el acuerdo de crear la Agencia Europea de Armamento, Investigación, Adquisición y Desarrollo de Capacidades Militares que comenzará a funcionar en julio del presente año. Se trata de evitar derroches en las adquisiciones de armamentos por parte de los países de la Unión, actuales y futuros, impulsar la investigación militar y llegar en lo posible a una normalización de armamentos de los países europeos.

Según el ministro de Defensa inglés será trabajo de esta Agencia detectar las carencias de la defensa en el campo de los armamentos y ver la manera de poder solucionarlas. Evidentemente, una de las causas de estas carencias reside en que los países de la UE, cuyo PIB es mayor que el de los EE.UU., dedican al gasto en armamento el 50 % de lo que gastan éstos. Nuevamente se encargó al Sr. Solana de la creación de un equipo de expertos que estudie la forma de poner en pie dicha Agencia.

En esta misma cumbre de Bruselas se ha decidido crear lo que se ha llamado un «esbozo, de célula de planificación operativa», independiente de la OTAN si bien en ella habrá enlaces del Cuartel General de la Alianza Atlántica, capaz de estudiar posibles operaciones militares de la UE, y que también queda bajo la responsabilidad del Sr. Solana. Sería el embrión de un futuro Cuartel General de la UE, pero esta previsión no es muy apoyada dentro de la UE y no se admite por los EE.UU.

De nuevo se ha podido comprobar que la formación de un Ejército europeo integrado cuenta con el rechazo de los países neutrales de la UE y del Reino Unido sin que Alemania, Francia o Italia sean tampoco muy entusiastas de la idea, por no hablar de los países que van a entrar en la Unión Europea.

El proyecto de Constitución europea de Valéry Giscard d’Estaing había sido completado por un protocolo que preveía la creación hacia 2007 de formaciones de combate europeas con elementos de apoyo capaces de desplegar en plazos de cinco días a un mes y de poderse mantener con sus propios medios durante treinta días, siempre y cuando se encuentren países interesados a estos efectos en la llamada «cooperación estructurada».

Es decir, que cuando entre en vigor la Constitución europea, habrá que buscar países que tengan interés en participar en la «cooperación estructurada» para ir más rápidos y más lejos que los demás en cuanto a sus aportaciones para la defensa europea. Estos países tendrán que aumentar su gasto militar en función de las exigencias de la Iniciativa Europea de Defensa (IED); cada uno de ellos deberá poder desplegar en 10 días a 1.500 soldados a unos 4.000 kilómetros de distancia y ser capaces de mantenerlos allí entre 30 y 120 días.

Como la Constitución europea no ha sido aprobada, hasta tanto lo sea tales planes no pasan de ser una aspiración sin base real ni política alguna; en todo caso no se trataría de la creación de un Ejército europeo y queda bien claro en el protocolo aprobado que todos los compromisos previstos se llevarán a efecto «conforme a los suscritos en el seno de la OTAN, que sigue siendo el fundamento de la defensa colectiva», según dice el artículo 40 del proyecto de Constitución europea.
 

8.- Las causas del fracaso

A lo largo de esta exposición se puede comprobar que desde hace cincuenta años se viene tratando por los políticos europeos la idea de crear un Ejército que integre a las Fuerzas Armadas de los países que forman Europa o, al menos, la Europa Occidental; a la vez se puede constatar que los resultados son escasamente significativos. ¿A qué ha sido debido? La primera explicación reside en la existencia de una poderosa alianza como la OTAN que, bajo el liderazgo de los Estados Unidos, ha resuelto durante la guerra fría el problema de la defensa de Europa haciendo posible el aumento de la riqueza de sus países sin los sacrificios necesarios para su defensa.

Por otra parte, por decirlo en frase del asesor de la Casa Blanca Zbigniew Brzezinski, «una Europa verdaderamente europea, no existe. Es una visión de futuro, una idea y un objetivo, pero no una realidad». Esto explica también las reticencias de muchos países europeos con conciencia de su soberanía a ceder la parte de ésta que supone la existencia de Ejércitos nacionales a una entidad supranacional que no se sabe de qué modo emplearía el instrumento militar así creado.

Los países con más peso en la construcción europea no dejan de defender con ahínco sus intereses nacionales frente a los menores y ello aumenta las desconfianzas de éstos frente a los problemas de defensa. Hay una cierta incompatibilidad entre la construcción de una política de defensa y seguridad común y los intereses nacionales de cada país. Véase el caso de nuestros intereses en ambos lados del Estrecho y su colisión con los de otros socios europeos.

Además, los países europeos han dedicado cada vez menos recursos a sus Ejércitos al contrario del empeño de los Estados Unidos; todo ello ha dado lugar a que la distancia tecnológica en cuestión de armamentos entre Norteamérica y Europa se haya acentuado hasta un punto que hace difícil recuperar el retraso sufrido. Todo ello ha llevado a que las carencias de Europa en sistemas de mando y control, guerra electrónica, armas llamadas «inteligentes», misilística, vigilancia del campo de batalla y capacidades logísticas sean muy grandes y requieran para ser colmadas inversiones importantes que los europeos no están dispuestos a hacer.

Es cierto que se ha aprobado el proyecto europeo Galileo para poner a punto un sistema de satélites militares, que la UE ha creado el Centro de Satélites en Torrejón y que hay acuerdos entre algunos países europeos sobre fragatas, el eurocaza y el avión de trasporte europeo, pero ni siquiera en estas cuestiones la participación comprende a todos los que están capacitados para estos desarrollos.

Otra cuestión que explica la impotencia europea ha sido la introducción poco meditada del voluntariado en algunos países para disponer de los hombres necesarios a los Ejércitos, sin tener en cuenta el aumento de costes que ello comporta y las dificultades de reclutamiento. Algunos piensan que el debilitamiento del espíritu nacional en algunos países europeos es mucho mayor cuando se trata de la construcción europea, y si los jóvenes de Europa no están dispuestos a arriesgar su vida por sus viejas naciones, mucho menos lo van a estar por un concepto indefinido como Europa. Por eso recientemente, Fischer, Ministro alemán de Asuntos Exteriores, decía que «los Estados siguen siendo realidades indispensables para la construcción de Europa».

Puede añadirse que dentro de Europa hay dos tendencias bien definidas: una es la que podemos llamar «atlantista» que considera que la OTAN sigue siendo el instrumento adecuado para la defensa europea y que no hay motivo para intentar crear un marco distinto; la otra tendencia es la «europeísta» que propugna un sistema de seguridad propio de la UE que tenga una política exterior, de seguridad y de defensa común con la necesaria capacidad militar para proyectar su poder militar en cualquier zona donde haya un interés europeo o un riesgo para Europa. Las tensiones entre ambos conceptos contribuyen a explicar que la defensa de Europa como entidad independiente no vaya adelante. Más grave es que estas dos tendencias se enfrenten dentro de un mismo país como estamos viendo recientemente en el nuestro con el resultado del viejo refrán «los unos por los otros, la casa sin barrer».

Finalmente, no se puede olvidar la actuación norteamericana en el seno de la OTAN que ha asimilado como proyectos de la organización atlántica las, por otra parte, limitadas y escasas iniciativas europeas para adquirir un mínimo grado de independencia militar de la gran potencia hegemónica.
 

9.- Conclusión

He tratado de presentar ante la dimensión militar de Europa que parecen pretender algunos de sus políticos, acerca de cuya sinceridad tengo serias dudas, pues sigue prevaleciendo en ellos la defensa de los intereses nacionales, cuando no la de los puramente personales, y, a la vez, presentar la capacidad militar europea, escasa, dudosa y que no ha dado hasta la fecha ninguna prueba evidente de fortaleza, pues no se puede tomar como tal el envío de 500 policías europeos a Bosnia-Herzegovina y el proyecto de relevar en el segundo semestre de este año con 8.000 soldados a los 13.000 que actualmente tiene la OTAN en Bosnia, ni tampoco la intervención tardía e insuficiente que tuvo lugar en el Congo Brazaville en agosto de 2003 dirigida por Francia. De la actuación de los países europeos en la presente situación en Iraq no es necesario hablar, pues es noticia de cada día.

Es cierto que hay estudios y declaraciones de propósitos y que se ha iniciado la puesta en marcha de proyectos armamentísticos de cierta importancia a la vez que la actividad del Eurocuerpo y de otros Cuarteles Generales dependientes de la UE ha sido satisfactoria hasta la fecha, así como los relativamente numerosos ejercicios de cuadros que se vienen realizando con una relativa autonomía de los correspondientes a la OTAN.

Con todo, resulta que la Unión Europea sigue siendo esencialmente una entidad de carácter económico aunque haya acuerdos en el campo de lucha antiterrorista, de movimiento de personas y mercancías, de cooperación judicial, etc. De ahí a la constitución de un verdadero Ejército europeo integrado y obedeciendo a una autoridad política única hay un trecho muy largo cuyo recorrido apenas se ha iniciado, mientras existen dudas razonables sobre si algún día se recorrerá.

Lo cierto es que el individualismo y la ética consumista de Europa han llevado a la aparición de unas poblaciones que se aprovechan de los sacrificios ajenos, apelando siempre para evadirse de sus obligaciones hacia sus semejantes a una supuesta «legalidad internacional», emanada de una comunidad internacional en la que tampoco creen.

Termino refiriéndome de nuevo a Zbigniew Brzezinski, quien ha escrito que «a pesar de su fuerza económica, su significativa integración financiera y de la auténtica resistencia frente al peligro mostrada en largos años de amistad transatlántica, la realidad es que Europa es hoy en el terreno militar, un protectorado de facto de los Estados Unidos». Tal vez eso explique la extensión del antiamericanismo de calle y salón tan presente hoy entre los europeos.



[1] Armado Marchante Gil es General de Brigada, diplomado de Estado Mayor, Lic. En Derecho, periodista y escritor.


 
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