REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 97 – Enero de 2005 (Extraordinario)
Comunicado
DIMENSIÓN MILITAR EUROPEA. La capacidad militar de Europa
Por Armando Marchante Gil [1]
1.- Presentación
La dirección de estas Undécimas Conversaciones en el Valle me hizo el honor
de solicitar mi intervención en ellas, propuesta que me abruma tanto por la
calidad de quienes en ellas imparten enseñanzas como por el auditorio que las
sigue. Vaya por delante mi agradecimiento y mi temor por el resultado de mi
conversación con todos ustedes que espero sea amplia y, sin duda, sincera.
Se me indicó asimismo el título de mi conferencia que he aceptado
disciplinadamente; como me corresponde, si bien me he permitido añadir como
subtítulo «La capacidad militar de Europa» que entiendo es un rasgo aclaratorio
del contenido de mi presente exposición, dirigida esencialmente a presentar cuál
puede ser el peso militar de Europa en un mundo caracterizado tanto por la
existencia de la potencia hegemónica que son los Estados Unidos como por la
aparición de un nuevo tipo de conflictos, mezcla de acciones bélicas, diríamos
clásicas para entendernos, de actuaciones encuadrables en la guerrilla,
inventada por los españoles contra Napoleón, y en la acción terrorista
internacional, tanto a gran escala en el caso de la voladura de las torres
neoyorquinas, como en pequeño formato, como ha venido siendo en general la
acción de ETA, bien conocida en España pero que tiene alguna de sus raíces fuera
de nuestras fronteras.
Algún autor ha inventado el término de «conflictos de cuarta generación» para
describir lo que estamos viviendo, que no es mas que la mezcla de varios
ingredientes -guerra regular, guerrilla y terrorismo en todas sus formas- para
producir un precipitado de todos sus elementos cuyo resultado final está por
ver.
Puede añadirse a todo ello un componente sobradamente conocido como fue en la
segunda mitad del pasado siglo lo que se vino en denominar «guerra subversiva»,
que trataba de corroer y socavar mediante distintos procedimientos el conjunto
de ideas, principios, convicciones y sentimientos que son el fundamento de la
civilización occidental cristiana. Si bien el marxismo fue vencido en la llamada
«guerra fría» sus actuales epígonos no dejan de actuar en Occidente, contra
nuestro sistema de vida y, en definitiva, contra nuestras libertades utilizando
métodos bien conocidos de agitación y propaganda.
En España, la Directiva de Defensa Nacional del año 2000 hablaba de la
«actuación de las Fuerzas Armadas en un escenario estratégico como el actual
caracterizado por la ausencia de una amenaza clara y definida a nuestro
territorio y por la aparición, sin embargo, de riesgos asimétricos, crisis y
conflictos que comprometen la paz, la seguridad y la estabilidad en muchas
regiones del mundo y que pueden afectar a nuestra propia seguridad y, en
consecuencia, requerir una respuesta por parte de España».
Asimismo en la Revisión Estratégica de la Defensa, puesta a punto por el
Estado Mayor de la Defensa el pasado año 2003, se decía: «El nuevo fenómeno al
que se enfrentan los Ejércitos tradicionales, particularmente tras los atentados
del 11 de septiembre y la dramática constatación de un terrorismo catastrófico,
es el de un enemigo que utiliza una aproximación asimétrica, y que es, en
esencia, él mismo asimétrico y no convencional». Como ven, si los recientes
atentados en Madrid han sido una sorpresa para los políticos, no lo han sido
para los responsables militares de nuestra defensa a quienes tan poco caso se
hace.
Es en este marco de los nuevos tipos de conflicto que amenazan a Occidente,
someramente descritos, donde tenemos que valorar las posibilidades de defensa
militar de Europa.
2.- Las dificultades europeas
Se dice que cuando el Congreso de Viena de 1814 abordó el posible
restablecimiento del Antiguo Régimen en Italia, Metternich afirmó con cierto
aire despectivo que Italia era una mera expresión geográfica; naturalmente el
canciller austriaco se refería al hecho de que no había en la península Italiana
ni una idea nacional surgida a la sombra de la Revolución francesa ni tampoco
una Monarquía o un Imperio capaz de aglutinar en sí políticamente a los
habitantes de aquella península.
¿Es este el caso de la Europa actual? La pregunta es importante porque si no
hay una organización política unitaria capaz de dar personalidad, consistencia
y, en definitiva, tener capacidad de decisión unívoca, la defensa militar es muy
difícil por no decir imposible, y menos aún ante el tipo de conflictos como los
que vemos cada día.
Las mesnadas medievales eran la expresión de un sistema feudal; los Ejércitos
reales, creados en España durante el reinado de los Reyes Católicos, eran
instrumentos de las Monarquías más o menos absolutas y los Ejércitos nacionales,
nacidos de la Revolución francesa, defendían una nación o varias coaligadas, en
cuyo caso se trataba de alianzas más o menos duraderas.
Ahora bien, la primera alianza que creó un sistema militar permanente con una
organización estable y supranacional fue el Tratado del Atlántico Norte firmado
en Washington en 1949, que dio origen a la OTAN para hacer posible la defensa de
Europa frente a la URSS. La nueva Alianza respondía a un concepto parecido al de
las viejas coaliciones con dos diferencias fundamentales: había una gran
potencia dominante dentro de ella y contaba con un órgano permanente para su
puesta a punto y dirección política y militar. Se trataba de defender
militarmente al mundo occidental trasatlántico ante un gravísimo peligro común
que es el mejor cemento para unir voluntades. Ahora, ese cemento ha desaparecido
y de ahí vienen las principales dificultades para establecer una defensa de
Europa autónoma.
¿Qué es Europa? Muy recientemente S.S. Juan Pablo II ha recordado que Europa
es «un concepto predominantemente cultural e histórico que caracteriza una
realidad nacida como Continente, gracias a la fuerza aglutinante del
cristianismo que ha sabido integrar a pueblos y culturas diferentes y que está
íntimamente ligado a toda la cultura europea».
Evidentemente, no ha nacido todavía la forma que consiga la trasformación de
la actual Europa en una entidad política propia y sin esa forma política es
sumamente difícil la puesta a punto de una estructura militar, es decir unos
Ejércitos que den seguridad y garanticen la defensa de Europa y de sus intereses
fuera de sus fronteras.
No faltan precisamente organizaciones políticas y militares que agrupan a
naciones europeas, aunque en ellas figuren también otras que no lo son. De
algunas se puede esperar que sean el núcleo inicial de una entidad política
propiamente europea. Veamos las más importantes:
- Organización de las Naciones Unidas (ONU)
- Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)
- Organización de Seguridad y Cooperación Europea (OSCE)
- Consejo de Europa
- Acuerdo de Schengen
- Unión de Europa Occidental (UEO)
- Unión Europea (UE)
Precisamente la amplitud y heterogeneidad de estas Organizaciones, la
presencia en algunas de ellas de naciones que no son europeas o que siéndolo
mantienen su estatus de neutralidad y su misma proliferación a través de los
años trascurridos desde 1945, dan idea de la dificultad de lograr un ente
político europeo único, capaz de poner al servicio de sus intereses el
instrumento militar adecuado para su defensa. Por ello, hablar de la capacidad
militar europea puede hacerse siempre que nos mantengamos en el campo de la
OTAN, pero al ser ésta una Organización intra y extra europea a la vez y
depender fundamentalmente de su miembro más poderoso, que son los Estados
Unidos, es evidente que, dentro de ella los países europeos carecen de autonomía
para la defensa de sus propios intereses, siempre que no coincidan absolutamente
con los de los Estados Unidos.
Sin embargo, no se puede olvidar que las naciones europeas han realizado
muchos esfuerzos y avances para lograr el nacimiento de una estructura unitaria
capaz de llevar definitivamente a la creación de la Europa política con su
correlativo Ejército.
Curiosamente el primer intento nació ante la amenaza militar soviética que
llevó a la firma del Tratado de Bruselas el 17 de marzo de 1948 por parte del
Benelux, Francia e Inglaterra lo que supuso el nacimiento de la Unión Europea
Occidental (UEO), cuyo objeto principal no era otro que hacer frente a aquella
amenaza. Constatada inmediatamente la endeblez política y militar del tratado
citado, el 18 de marzo de 1949 se firmó en Washington el Tratado del Atlántico
Norte que añadía al anterior las firmas de Canadá y los Estados Unidos y que se
amplió rápidamente a Portugal, Dinamarca e Islandia.
Como se ha dicho, el Tratado creaba un órgano capaz de conseguir día a día
los fines propuestos: era la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)
que logró efectivamente, en el marco de la «guerra fría», aportar a la Europa
occidental la seguridad que pretendía frente al peligro soviético hasta su final
y el de la «guerra fría» en 1989 con la caída del Muro de Berlín y
trasformaciones posteriores. No se puede olvidar que aquello fue posible no por
la acción autónoma de los principales países de Europa Occidental sino por la
aportación decisiva del poder económico, político y militar de los Estados
Unidos.
En el mismo año 1949 nacían el Consejo de Europa y la República Federal de
Alemania cuya integración en la OTAN tendría lugar casi inmediatamente, así como
la de Italia.
Paralelamente los esfuerzos de aquellos grandes hombres europeos que fueron
Adenauer, Monet, De Gasperi y Schuman, al iniciar la cooperación franco-alemana
con la puesta a punto mediante el Tratado de París de 1951 de la Comunidad del
Carbón y del Acero, seguida luego por el Tratado de Roma que habría de ser el
germen de la Unión Europea, han hecho posible medio siglo después los actuales
avances hacia la unidad económica europea.
3.- Los primeros intentos de defensa común
Hace ahora cincuenta años que fracasaba un primer intento militar de crear lo
que por primera vez iba a ser al menos el embrión de un Ejército europeo en que
se integrarían los Ejércitos de los países que así lo decidiesen. Me refiero al
proyecto del ministro francés René Pleven en 1950 para establecer la que se
llamó Comunidad Europea de Defensa (CED), capaz de formar unas Fuerzas Armadas
europeas en cuyas Divisiones se combinasen Brigadas y otras Unidades
pertenecientes a distintos países bajo un mando militar único. El Tratado fue
firmado por la República Federal de Alemania, Bélgica, Francia, Italia y
Luxemburgo el 27 de mayo de 1952 pero su puesta en marcha exigía la ratificación
de los Parlamentos nacionales; en el verano de 1954, paradójicamente, fue el
Parlamento francés quien se negó a ratificarlo con lo cual la CED no vio la luz.
En realidad, el proyecto era un intento de evitar la aparición de un nuevo
Ejército alemán, según era el propósito de los Estados Unidos, conscientes de
que para que la OTAN pudiese asegurar la defensa contra un ataque soviético era
imprescindible contar con la República Federal Alemana y considerando además que
sin la aportación alemana, la tarea iba a recaer casi íntegramente sobre ellos.
Fue precisamente la Asamblea Nacional francesa la que al negarse a ratificar el
proyecto en 1954 produjo su fracaso y, en consecuencia, la aparición de la
Bundeswehr o nuevo Ejército alemán integrado en la OTAN. Era el primer presagio
de la dificultad de poner de acuerdo a los gobiernos europeos acerca de la
integración de sus ejércitos.
Mientras duró la «guerra fría» y el empeño militar estadounidense en Europa,
incluidas las armas nucleares, no se volvió a plantear la cuestión de dotar a
Europa de un sistema defensivo autónomo y común. Este desinterés hizo más fácil
no sólo la reconstrucción económica europea sino los sucesivos esfuerzos de
integración en este campo cuyo exponente más importante fue el éxito del llamado
Mercado Común que ha desembocado en la actual Unión Europea (UE) cuya última
ampliación va a suponer la integración económica en un grado más o menos
avanzado de veinticinco países europeos.
Esta Europa puede llegar a ser, o es ya, la zona más próspera del mundo pues
su producto interior bruto supera al de los EE.UU., y el del Japón, a la vez que
la cuarta parte del comercio mundial se desarrolla en el mercado europeo, aunque
muestre todavía un cierto atraso tecnológico en relación con los Estado Unidos.
Esta enorme riqueza contrasta con la incapacidad europea para traducirla en
términos de seguridad y defensa del conjunto europeo, donde se han producido
acontecimientos como la disgregación de Yugoeslavia con los terribles conflictos
de Bosnia, Kosovo, Macedonia o Albania que los europeos fueron incapaces de
controlar y que no concluyeron en su fase militar hasta que se produjo la
intervención norteamericana.
A partir de los últimos conflictos las carencias militares de los países
europeos se hacen día a día más evidentes, así como la escandalosa falta de una
política exterior y de seguridad común que tanto ha complicado la situación
mundial después de la voladura de las Torres gemelas de Nueva York, con
episodios tan lamentables como las discrepancias europeas con ocasión de los
conflictos de Yugoeslavia, Afganistán e Iraq: sin olvidar las terribles matanzas
ocurridas en los países de África que un día fueron colonias europeas.
4.- Éxito y reorganización de la OTAN
Indiscutiblemente la existencia de la OTAN durante los años de la «guerra
fría» fue casi la única garantía para la defensa no de toda Europa, pues parte
importante de ella estaba bajo la dominación de la URSS, sino de la Europa
situada más acá del telón de acero. Para ser justos hay que recordar que la OTAN
fue completada a partir de 1953 con los Acuerdos hispano-norteamericanos que,
quiérase o no, dieron mayor profundidad estratégica al teatro de operaciones
europeo, aparte de asegurar el control del Estrecho de Gibraltar. El abandono
por parte de De Gaulle de la estructura militar integrada de la OTAN, que obligó
a ésta a instalarse en Bélgica, no supuso un grave colapso de la defensa
europea, que poco podía ganar con la capacidad nuclear lograda por Francia e
Inglaterra.
El éxito de la OTAN fue debido al apoyo de la potencia norteamericana, a la
aportación alemana y a su flexibilidad de organización. Cuando el fin de la
«guerra fría» parecía que iba a terminar con la existencia de la OTAN, ha
sucedido todo lo contrario, pues los antiguos países del Este se muestran
deseosos de integrarse en la misma, seguramente por ofrecerles más seguridad que
cualquiera otra solución con base en los países europeos.
La cumbre de Praga de la OTAN de noviembre de 2002 decidió llevar a cabo una
profunda reorganización que fue aprobada por los Ministros de Defensa en su
reunión de Bruselas el 12 de junio de 2003. Esta reorganización de su estructura
trata de hacerla más ligera y barata, más flexible y más adecuada a los actuales
retos militares y de seguridad a que nos enfrentamos; además es adecuada para
integrar a los nuevos incorporados: Estonia, Lituania, Letonia, Rumania,
Bulgaria, Eslovenia, Eslovaquia, Polonia, Hungría y la República Checa. Se
mantiene un solo Mando Estratégico (ACE) que tendrá subordinados seis Mandos
Conjuntos mientras que los actuales Cuarteles Generales Subregionales se
trasforman en Mandos Componentes terrestres (LCC), uno de ellos en Madrid,
Aéreos (ACC) y Marítimos (MCC); además se reducen de diez a seis los Mandos
Aéreos.
Es importante la aparición de la nueva Fuerza de Reacción Rápida (NRF) capaz
de entrar en acción en cualquier región en menos de cinco días para asumir
operaciones de apoyo a la paz y la estabilidad en cualquier parte del mundo y en
operaciones de combate contra el terrorismo y evacuación de residentes.
A partir del momento en que desapareció el telón de acero, los países
europeos de la OTAN comenzaron a relajar su esfuerzo defensivo, con un
progresivo intento de desvinculación de los Estados Unidos en el plano militar,
pero manteniendo la Alianza Atlántica.
De tal modo comenzó a hablarse, siempre dentro de la OTAN, de la Identidad
Europea de Seguridad y Defensa (IESD), que se presentaba como el pilar europeo
de la Alianza. Esta tendencia tuvo su primera manifestación en Saint Maló en
diciembre de 1998 cuando el Primer Ministro inglés y el Jefe del Estado francés
aprobaron una declaración en la que se decía que la Unión Europea debía contar
«con una capacidad autónoma de actuación, apoyada sobre unas fuerzas militares
creíbles que puedan ser utilizadas para dar respuesta a las crisis
internacionales». Como se ve tal declaración era un tanto ambigua pues no
aclaraba si esas fuerzas militares estarían integradas o no en la Alianza
Atlántica.
5.- Los intentos militares europeos
El 25 de marzo de 1957 se firmaron en Roma dos Tratados: el que dio origen al
Mercado Común y el creador del EURATOM; una vez ratificados por los parlamentos
de Francia, Holanda, Italia, Luxemburgo, Bélgica y Alemania, entraron en vigor
el 1 de enero de 1958. Nada en ellos se refería a la defensa de sus signatarios
que seguía encomendada a la OTAN.
En 1986 se firmaba el Acta Única Europea donde por primera vez se aludía a la
posibilidad de llegar a una unión política europea; tampoco allí se encontraba
ninguna referencia a la defensa militar de los países firmantes.
En el Tratado de la Unión Europea (TUE) firmado en Mastrique el 7 de
diciembre de 1992 aparece por primera vez en los acuerdos europeos una
preocupación por la defensa, concretada en la decisión de llegar a una Política
Exterior y de Seguridad Común (PESC), según acuerdos que deberían tomarse por
unanimidad en el seno del Consejo de la Unión Europea. A la vez, los firmantes
volvían a poner en marcha la Unión Europea Occidental (UEO), invernada durante
muchos años y restaurada en Roma el año 1984 para tratar de convertirla en el
brazo militar de la Unión Europea.
Dinamarca en un primer momento se negó a la entrada en la Unión, Austria,
Suecia y Finlandia sí lo hicieron, pero no Noruega y Suiza; con ello estábamos
ya en la Europa de los Quince cuya capacidad militar era escasísima fuera de la
OTAN.
En el Tratado se fijaban los llamados «tres pilares» de la Unión Europea, que
son:
Primer pilar: instituciones europeas, a saber:
- Consejo de la Unión Europea.
- Parlamento europeo.
- Comisión europea.
- Tribunal de Cuentas.
- Tribunal de Justicia.
Segundo pilar:
- Política Exterior y de Seguridad Común (PESC).
Tercer pilar:
Este Tratado de la Unión Europea (TUE) y su derivada la PESC, atravesaron
graves dificultades tanto por la grave crisis económica europea de sus primeros
años como por la demostrada incapacidad de los países de la Unión para hacer
frente militarmente a los conflictos de Croacia, Bosnia, Kosovo y Albania,
alguno de los cuales había sido fomentado por determinados países de la Unión,
que demostraron una gran falta de solidaridad y una no menos grande incapacidad
militar. Sólo la intervención militar norteamericana en el marco de la OTAN pudo
poner fin rápidamente, en 1999, al conflicto de la antigua Yugoeslavia.
El 2 de octubre de 1997 se firmaba el Tratado de Ámsterdam que entró en vigor
el 1 de mayo de 1999, donde se recogía el Acuerdo de Schengen relativo a la
libre circulación de personas en la Comunidad, que no fue firmado por el Reino
Unido, Irlanda y Dinamarca.
En cuanto a la PESC, la evidente desproporción entre los medios disponibles y
los objetivos propuestos, trató dé ser resuelta mediante el nombramiento del Sr.
Solana como responsable de la misma en el intento de contribuir a la formulación
de una política exterior comunitaria. La única realización militar de la UEO ha
sido el Eurocuerpo, nacido de una iniciativa franco-alemana en 1991, del que
luego hablaré.
Apareció en Ámsterdam el concepto de la «cooperación reforzada», según la
cual los países que quieran ceder más competencias nacionales a la UE podrán
hacerlo; es decir se trata de la construcción de la unidad europea de varias
velocidades, pero nada se especifica en cuanto a las cuestiones de defensa y
seguridad.
Ha quedado reseñada la declaración anglo-francesa de Saint Maló de 1998 en la
que por primera vez el Reino Unido aceptaba la idea de una fuerza militar
propiamente europea.
El Consejo Europeo de Colonia en junio de 1999 decidió:
- Crear una capacidad autónoma de acción con fuerzas militares creíbles, sin
perjuicio de la OTAN.
- Disponer de los medios militares precisos para reaccionar ante aquellas
crisis que no impliquen a los Estado Unidos.
- Integrar definitivamente a la UEO en la UE.
Para lograr esto último se le acumuló al Sr. Solana (mister PESC, según los
periodistas) el cargo de Secretario General de la UEO para que pudiese poner a
punto la llamada Identidad Europea de Seguridad y Defensa (IESD).
¿Qué es esta IESD? En el Consejo ministerial de la OTAN, celebrado en Berlín
en 1996, los Estados Unido aceptaron que, cuando no quisieran participar en
alguna operación militar en Europa, no tendrían inconveniente en que la entonces
UEO utilizase elementos de la OTAN para llevarlas a cabo. Estos elementos podían
ir desde los Cuarteles Generales de la OTAN en Europa hasta el Sistema de
Defensa Aérea y los Elementos de Información facilitados a la OTAN por los EE.UU.,
singularmente los llamados «satélites espía».
El nuevo concepto estratégico de la OTAN aprobado en abril de 1999 en
Washington reafirma que «la Alianza apoya plenamente el desarrollo de la IESD
dentro de la OTAN poniendo a su disposición activos e instalaciones para las
operaciones dirigidas por la UEO». Quedaba claro, una vez más, que los países
europeos necesitaban del apoyo de la OTAN para actuar militarmente, ya que la
repetida IESD forma parte de la doctrina de la OTAN, y sólo puede ser eficaz si
dispone de los apoyos que ésta le dé.
En el Consejo Europeo de Helsinki, celebrado en diciembre de 1999, se decidió
que los Estados miembros pudiesen cooperar voluntariamente con la UE para que
ésta pudiera estar en condiciones en 2003 de disponer de una fuerza de 60.000
soldados, capaces de desplegar en 60 días y mantenerse en disposición de actuar,
una vez desplegados, por un año al menos.
No se trataba de crear un Ejército plenamente integrado sino de que se
asignasen a la UE unidades nacionales para con ellas poder componer la fuerza
militar que se requiriese. Seguramente se estaba pensando en el Eurocuerpo ya en
marcha.
Para lograr esa fuerza de 60.000 soldados se crearon tres nuevos organismos:
- El Comité Político y de Seguridad (COPS o bien PSC).
- El Comité Militar de la UE (EUMC).
- El Estado Mayor de la UE (EUMS).
Todos ellos dependen del Consejo de la Unión Europea y le asesoran y proponen
las opciones estratégicas y medidas militares en caso de crisis, pero queda
claro que no se trata ni de lejos de ir a la creación de ningún Ejército
europeo.
Además, en las conclusiones de esta Cumbre se especificó que estas decisiones
no afectarían a los compromisos adquiridos con la OTAN.
Tal vez para evitar la desconfianza de los EE.UU., en el Consejo Europeo de
Niza celebrado en febrero de 2001 se dio un nuevo frenazo por el Reino Unido a
las ya escasas expectativas de creación de un Ejército europeo; Mr. Cook,
ministro de Exteriores ingles dijo que «el peso de la defensa de la Unión lo
seguirá llevando la OTAN», mientras que Solana estimaba que la nonata Fuerza de
Reacción Rápida de la OTAN se limitaría a realizar acciones humanitarias.
¿Cuáles son estas misiones humanitarias? El Consejo de la UEO celebrado en
Bonn el 19 de junio de 1992 había decidido que, aparte de la contribución a la
defensa común en la OTAN, las Unidades militares de los países miembros de la
UEO podían ser empleadas para misiones humanitarias y de rescate; misiones de
mantenimiento de la paz y misiones en las que intervengan fuerzas de combate
para la gestión de crisis, incluidas las misiones de restablecimiento o
imposición de la paz.
Estas misiones denominadas «misiones Petersberg» por haber sido aprobadas en
dicha localidad, cerca de Bonn, se incluyeron en el acervo comunitario en el
Tratado de Ámsterdam; pero aunque generalmente se hable de ellas como «misiones
de paz» no significan que no exijan combatir como puede deducirse de su propio
enunciado.
Hasta hoy, la Unión Europea se mantiene en cuanto a seguridad y defensa en el
clásico querer y no querer, desear en teoría una defensa autónoma pero no
atreverse a decirlo y mucho menos hacer el esfuerzo económico y organizativo
necesario para prescindir del apoyo norteamericano en cuanto a defensa y
seguridad. La existencia en la Unión de los cinco países neutrales (Austria,
Suecia, Finlandia; Dinamarca e Irlanda) complica todavía más las cosas.
6.- El Eurocuerpo y otras fuerzas europeas
El Eurocuerpo tuvo su origen en una carta dirigida el 4 de octubre de 1991
por Kohl y Mitterand al Consejo de Europa para comunicar su intención de crear
un Cuerpo de Ejército franco-alemán, decisión definitiva tomada por ambos en La
Rochelle el 22 de mayo de 1992 a la que se unió Bélgica en 1993, España en 1994
y poco después Luxemburgo. Su Cuartel General se estableció en Estrasburgo.
Iniciada su constitución fue necesario llegar a un acuerdo con la OTAN que se
firmó el 21 de enero de 1993 para hacer posible la participación del Cuartel
General del Eurocuerpo en el Cuartel General de la Fuerza de Estabilización (SFOR)
dirigida por la OTAN en Sarajevo. Una vez más fue preciso formar parte de las
estructuras aliadas en el seno del Pacto Atlántico.
En la ya relatada Cumbre de Colonia celebrada en 1999, la Unión Europea (UE)
se comprometió a convertir al Eurocuerpo en la Fuerza de Reacción Rápida Europea
a la que se le encomendarían las misiones Petersberg; para ello sería necesario
en cada misión revisar la estructura del propio Eurocuerpo, aspecto éste
bastante complicado puesto que, en todo caso, habría que mantener también la
posibilidad de que el Eurocuerpo pudiese seguir capacitado para actuar bajo el
mando OTAN en misiones de combate.
La composición en líneas generales del Eurocuerpo es la siguiente
- Mando y Cuartel General. En el mando se alternan generales alemanes,
franceses y españoles y el E. M. es multinacional con personal de todos los
países que componen el Eurocuerpo. Cuenta con el Regimiento de Trasmisiones n°
53, francés. Está situado en Estrasburgo.
- 10ª División Acorazada alemana de Sigmaringen.
- 1ª División Mecanizada belga en Saive con una Compañía de reconocimiento
luxemburguesa.
- 1ª División Mecanizada francesa en Besançon
- División Mecanizada Brunete en Burgos
- Brigada Mecanizada franco-alemana en Müllheim
En total se trata de 4 divisiones, 1 brigada, 60.000 soldados, 800 carros,
1.700 VCI y 500 piezas de artillería, pero se debe tener en cuenta que estas son
las Unidades nacionales integrantes del Eurocuerpo, pero no disponibles
continuamente ya que corresponde a cada gobierno asignarlas al Eurocuerpo en
cada circunstancia.
Se ha logrado el pleno funcionamiento multinacional del Cuartel General y su
E. M. en Estrasburgo venciendo las dificultades de organización, los distintos
procedimientos e incluso el problema idiomático para un trabajo en común
desarrollado en su mayor parte en inglés, que no es el idioma de ninguno de sus
componentes, y adoptando los procedimientos OTAN que se utilizan en los
ejercicios que se realizan, casi siempre de cuadros.
Asimismo se ha tenido en cuenta la posibilidad de que este Cuartel General
pueda actuar, como Mando de Componente Terrestre (LCC) de la OTAN. No ha habido
problemas en la rotación de mandos pues han sido Jefes del Eurocuerpo generales
belgas, franceses, alemanes y españoles.
Paralelamente al Eurocuerpo existen el EUROFOR y el EUROMARFOR así como la
Fuerza Anfibia hispano-italiana (SIAF).
El EUROFOR nació en noviembre de 1996 y en él participan España, Italia,
Portugal y Francia, con su C. G. en Florencia, y tiene asignados contingentes
correspondientes a una división (12.000 hombres) para realizar misiones
Petersberg. Cada nación asigna a esta Fuerza bianualmente las Unidades que
considere conveniente.
El EUROMARFOR es algo parecido en el ámbito naval con capacidad de
desembarcar una Brigada como máximo. Sólo tiene activado permanentemente su C.
G.
En cuanto a la Fuerza Anfibia hispano-italiana (SIAF) se creó en 1997 por
acuerdo de los Ministros de Defensa de ambos países; cuenta con un Grupo de
Trabajo para ponerla a punto mediante la permanencia en los Estados Mayores
de oficiales procedentes del otro país. Existe un Comandante de la Fuerza
Anfibia y un Comandante de la Fuerza de desembarco. Italia ha asignado para esta
Fuerza la 3ª División Naval y el Batallón Anfibio San Marco, y España la Brigada
de Infantería de Marina y el Grupo Delta de la Armada.
Para ser realistas, esta variedad de organizaciones militares no va más allá
de la creación de Cuarteles Generales multinacionales capaces, en un plano
teórico, de realizar operaciones tipo Petersberg y poco más; esto siempre que
los gobiernos nacionales resuelvan en cada caso aportar las Unidades nacionales
que sean precisas para cada misión.
La cuestión es que cada una de estas asignaciones exige la previa existencia
en condiciones operativas de las Unidades, cosa que no siempre ocurre, y desde
luego su empleo en estas misiones, especialmente en las operaciones Petersberg,
supone su desaparición durante largos períodos de tiempo como fuerzas
combativas.
Por lo tanto, no estamos ni de lejos en la constitución de un verdadero
Ejército europeo capaz de actuar en defensa de intereses europeos
independientemente de la OTAN y, en consecuencia, de los Estados Unidos.
7.- Los últimos intentos
El 26 de febrero de 2001 se firmó el Tratado de Niza que hacía las reformas
necesarias en la Unión Europea para el ingreso de nuevos países a partir de
2002. Alguno de sus firmantes, como Chirac y Persson, dieron muestra de su
escepticismo al declarar que «el espíritu europeo no había soplado en Niza».
Como es sabido la principal dificultad nació de la nueva distribución de poder
que había de presidir la toma de resoluciones en una UE ampliada a veinticinco
miembros.
Hay que señalar que en Niza no se hizo la menor alusión a la forma de encarar
en el futuro el problema de la defensa de Europa. Tampoco en la opinión pública
de algunos países fue bien acogido el nuevo Tratado, hasta tal punto de que los
irlandeses, en un primer referéndum, se negaron a ratificarlo.
Se convocó un nuevo Consejo Europeo en noviembre de 2003 que, reunido en
Bruselas, ha supuesto un nuevo fracaso político, pues no ha conseguido la
aprobación del proyecto de Convención o Constitución europea que fue encargada
en Niza a una Comisión presidida por Valéry Giscard d’Estaing.
Por su parte, los Ministros de Exteriores de la UE trataron una vez más en
Bruselas de la política de seguridad de la Unión; allí se tomó el acuerdo de
crear la Agencia Europea de Armamento, Investigación, Adquisición y Desarrollo
de Capacidades Militares que comenzará a funcionar en julio del presente año. Se
trata de evitar derroches en las adquisiciones de armamentos por parte de los
países de la Unión, actuales y futuros, impulsar la investigación militar y
llegar en lo posible a una normalización de armamentos de los países europeos.
Según el ministro de Defensa inglés será trabajo de esta Agencia detectar las
carencias de la defensa en el campo de los armamentos y ver la manera de poder
solucionarlas. Evidentemente, una de las causas de estas carencias reside en que
los países de la UE, cuyo PIB es mayor que el de los EE.UU., dedican al gasto en
armamento el 50 % de lo que gastan éstos. Nuevamente se encargó al Sr. Solana de
la creación de un equipo de expertos que estudie la forma de poner en pie dicha
Agencia.
En esta misma cumbre de Bruselas se ha decidido crear lo que se ha llamado un
«esbozo, de célula de planificación operativa», independiente de la OTAN si bien
en ella habrá enlaces del Cuartel General de la Alianza Atlántica, capaz de
estudiar posibles operaciones militares de la UE, y que también queda bajo la
responsabilidad del Sr. Solana. Sería el embrión de un futuro Cuartel General de
la UE, pero esta previsión no es muy apoyada dentro de la UE y no se admite por
los EE.UU.
De nuevo se ha podido comprobar que la formación de un Ejército europeo
integrado cuenta con el rechazo de los países neutrales de la UE y del Reino
Unido sin que Alemania, Francia o Italia sean tampoco muy entusiastas de la
idea, por no hablar de los países que van a entrar en la Unión Europea.
El proyecto de Constitución europea de Valéry Giscard d’Estaing había sido
completado por un protocolo que preveía la creación hacia 2007 de formaciones de
combate europeas con elementos de apoyo capaces de desplegar en plazos de cinco
días a un mes y de poderse mantener con sus propios medios durante treinta días,
siempre y cuando se encuentren países interesados a estos efectos en la llamada
«cooperación estructurada».
Es decir, que cuando entre en vigor la Constitución europea, habrá que buscar
países que tengan interés en participar en la «cooperación estructurada» para ir
más rápidos y más lejos que los demás en cuanto a sus aportaciones para la
defensa europea. Estos países tendrán que aumentar su gasto militar en función
de las exigencias de la Iniciativa Europea de Defensa (IED); cada uno de ellos
deberá poder desplegar en 10 días a 1.500 soldados a unos 4.000 kilómetros de
distancia y ser capaces de mantenerlos allí entre 30 y 120 días.
Como la Constitución europea no ha sido aprobada, hasta tanto lo sea tales
planes no pasan de ser una aspiración sin base real ni política alguna; en todo
caso no se trataría de la creación de un Ejército europeo y queda bien claro en
el protocolo aprobado que todos los compromisos previstos se llevarán a efecto
«conforme a los suscritos en el seno de la OTAN, que sigue siendo el fundamento
de la defensa colectiva», según dice el artículo 40 del proyecto de Constitución
europea.
8.- Las causas del fracaso
A lo largo de esta exposición se puede comprobar que desde hace cincuenta
años se viene tratando por los políticos europeos la idea de crear un Ejército
que integre a las Fuerzas Armadas de los países que forman Europa o, al menos,
la Europa Occidental; a la vez se puede constatar que los resultados son
escasamente significativos. ¿A qué ha sido debido? La primera explicación reside
en la existencia de una poderosa alianza como la OTAN que, bajo el liderazgo de
los Estados Unidos, ha resuelto durante la guerra fría el problema de la defensa
de Europa haciendo posible el aumento de la riqueza de sus países sin los
sacrificios necesarios para su defensa.
Por otra parte, por decirlo en frase del asesor de la Casa Blanca Zbigniew
Brzezinski, «una Europa verdaderamente europea, no existe. Es una visión de
futuro, una idea y un objetivo, pero no una realidad». Esto explica también las
reticencias de muchos países europeos con conciencia de su soberanía a ceder la
parte de ésta que supone la existencia de Ejércitos nacionales a una entidad
supranacional que no se sabe de qué modo emplearía el instrumento militar así
creado.
Los países con más peso en la construcción europea no dejan de defender con
ahínco sus intereses nacionales frente a los menores y ello aumenta las
desconfianzas de éstos frente a los problemas de defensa. Hay una cierta
incompatibilidad entre la construcción de una política de defensa y seguridad
común y los intereses nacionales de cada país. Véase el caso de nuestros
intereses en ambos lados del Estrecho y su colisión con los de otros socios
europeos.
Además, los países europeos han dedicado cada vez menos recursos a sus
Ejércitos al contrario del empeño de los Estados Unidos; todo ello ha dado lugar
a que la distancia tecnológica en cuestión de armamentos entre Norteamérica y
Europa se haya acentuado hasta un punto que hace difícil recuperar el retraso
sufrido. Todo ello ha llevado a que las carencias de Europa en sistemas de mando
y control, guerra electrónica, armas llamadas «inteligentes», misilística,
vigilancia del campo de batalla y capacidades logísticas sean muy grandes y
requieran para ser colmadas inversiones importantes que los europeos no están
dispuestos a hacer.
Es cierto que se ha aprobado el proyecto europeo Galileo para poner a punto
un sistema de satélites militares, que la UE ha creado el Centro de Satélites en
Torrejón y que hay acuerdos entre algunos países europeos sobre fragatas, el
eurocaza y el avión de trasporte europeo, pero ni siquiera en estas cuestiones
la participación comprende a todos los que están capacitados para estos
desarrollos.
Otra cuestión que explica la impotencia europea ha sido la introducción poco
meditada del voluntariado en algunos países para disponer de los hombres
necesarios a los Ejércitos, sin tener en cuenta el aumento de costes que ello
comporta y las dificultades de reclutamiento. Algunos piensan que el
debilitamiento del espíritu nacional en algunos países europeos es mucho mayor
cuando se trata de la construcción europea, y si los jóvenes de Europa no están
dispuestos a arriesgar su vida por sus viejas naciones, mucho menos lo van a
estar por un concepto indefinido como Europa. Por eso recientemente, Fischer,
Ministro alemán de Asuntos Exteriores, decía que «los Estados siguen siendo
realidades indispensables para la construcción de Europa».
Puede añadirse que dentro de Europa hay dos tendencias bien definidas: una es
la que podemos llamar «atlantista» que considera que la OTAN sigue siendo el
instrumento adecuado para la defensa europea y que no hay motivo para intentar
crear un marco distinto; la otra tendencia es la «europeísta» que propugna un
sistema de seguridad propio de la UE que tenga una política exterior, de
seguridad y de defensa común con la necesaria capacidad militar para proyectar
su poder militar en cualquier zona donde haya un interés europeo o un riesgo
para Europa. Las tensiones entre ambos conceptos contribuyen a explicar que la
defensa de Europa como entidad independiente no vaya adelante. Más grave es que
estas dos tendencias se enfrenten dentro de un mismo país como estamos viendo
recientemente en el nuestro con el resultado del viejo refrán «los unos por los
otros, la casa sin barrer».
Finalmente, no se puede olvidar la actuación norteamericana en el seno de la
OTAN que ha asimilado como proyectos de la organización atlántica las, por otra
parte, limitadas y escasas iniciativas europeas para adquirir un mínimo grado de
independencia militar de la gran potencia hegemónica.
9.- Conclusión
He tratado de presentar ante la dimensión militar de Europa que
parecen pretender algunos de sus políticos, acerca de cuya sinceridad tengo
serias dudas, pues sigue prevaleciendo en ellos la defensa de los intereses
nacionales, cuando no la de los puramente personales, y, a la vez, presentar la
capacidad militar europea, escasa, dudosa y que no ha dado hasta la fecha
ninguna prueba evidente de fortaleza, pues no se puede tomar como tal el envío
de 500 policías europeos a Bosnia-Herzegovina y el proyecto de relevar en el
segundo semestre de este año con 8.000 soldados a los 13.000 que actualmente
tiene la OTAN en Bosnia, ni tampoco la intervención tardía e insuficiente que
tuvo lugar en el Congo Brazaville en agosto de 2003 dirigida por Francia. De la
actuación de los países europeos en la presente situación en Iraq no es
necesario hablar, pues es noticia de cada día.
Es cierto que hay estudios y declaraciones de propósitos y que se ha iniciado
la puesta en marcha de proyectos armamentísticos de cierta importancia a la vez
que la actividad del Eurocuerpo y de otros Cuarteles Generales dependientes de
la UE ha sido satisfactoria hasta la fecha, así como los relativamente numerosos
ejercicios de cuadros que se vienen realizando con una relativa autonomía de los
correspondientes a la OTAN.
Con todo, resulta que la Unión Europea sigue siendo esencialmente una entidad
de carácter económico aunque haya acuerdos en el campo de lucha antiterrorista,
de movimiento de personas y mercancías, de cooperación judicial, etc. De ahí a
la constitución de un verdadero Ejército europeo integrado y obedeciendo a una
autoridad política única hay un trecho muy largo cuyo recorrido apenas se ha
iniciado, mientras existen dudas razonables sobre si algún día se recorrerá.
Lo cierto es que el individualismo y la ética consumista de Europa han
llevado a la aparición de unas poblaciones que se aprovechan de los sacrificios
ajenos, apelando siempre para evadirse de sus obligaciones hacia sus semejantes
a una supuesta «legalidad internacional», emanada de una comunidad internacional
en la que tampoco creen.
Termino refiriéndome de nuevo a Zbigniew Brzezinski, quien ha escrito que «a
pesar de su fuerza económica, su significativa integración financiera y de la
auténtica resistencia frente al peligro mostrada en largos años de amistad
transatlántica, la realidad es que Europa es hoy en el terreno militar, un
protectorado de facto de los Estados Unidos». Tal vez eso explique la
extensión del antiamericanismo de calle y salón tan presente hoy entre los
europeos.
[1] Armado Marchante Gil es General de Brigada,
diplomado de Estado Mayor, Lic. En Derecho, periodista y escritor.
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