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REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 97 – Enero de 2005 (Extraordinario)
PRESENTACIÓN
Por Emilio Álvarez Frías
Una de las preocupaciones más importantes de la Hermandad del Valle de los
Caídos es el encuentro con los problemas que tiene el hombre como ser que en sí
contiene insitos los valores fundamentales recibidos de Dios, valores que
trasciende a la sociedad para la mejor convivencia de la comunidad. Porque el
hombre no ha nacido para vivir en soledad, sino para convivir con los demás,
para relacionarse con los próximos y, a medida que ensancha la posibilidad del
encuentro, desarrollar el plan previsto por Dios.
Pero ¿de verdad que el hombre de hoy intenta hallar la raíz de los problemas
que le aquejan con la intención de solucionarlos? ¿Acaso no tiene en mente la
intención de influir sobre los otros, sin ánimo de buscar el bien, sino sólo el
deseo de llevarle por veredas obtusas, equivocadas, torcidas? Como consecuencia,
si el hombre no persigue el bien como aspiración fundamental, la sociedad no se
desarrolla dentro de normas que permiten una convivencia pacífica, honesta,
generosa y sí se ve impelida hacia el desquiciamiento, el egoísmo, la molicie,
la propia destrucción.
Como decíamos al principio, la Hermandad del Valle de los Caídos intenta
enfrentar, desde su modestia, los problemas de hoy, mirando el pasado como
fuente de aprendizaje pero con el pensamiento puesto en el mañana, pues el ayer
y el hoy ya son pasado.
En este propósito cada año convoca las denominadas «Conversaciones en el
Valle» en las que, un grupo de personas, en convocatoria abierta, reflexiona
sobre un tema monográfico visto desde distintos aspectos. Así, en años
anteriores se han analizado los siguientes temas: En 1994, Moral, ética y futuro
de Europa; en 1995, La perspectiva ante el año 2000; en 1995, España; en 1997,
La Verdad; en 1998, Hombre y sociedad; en 1999, Cómo se regenera una sociedad;
en 2000, La revolución de Juan Pablo II; en 2001, Movimientos migratorios; en
2002, Europa; en 2003, La cultura de la mundialización; y el tema tratado en las
«XI Conversaciones, en 2004, ha sido España en Europa. Por el rótulo de los
temas queda en evidencia la preocupación de la Hermandad por el hombre, por los
problemas de la sociedad y por los del entorno en el que fundamentalmente ha de
moverse por proximidad: Europa.
En esta línea asumimos una de las ideas comprendidas en la Fundación de la
Sana Cruz del Valle de los Caídos: mantener un Centro de Estudios Sociales que
prestara atención primordial al estudio del pensamiento social con el propósito
de hallar los caminos por los que el hombre consiguiera ser más feliz, se
entendiera mejor con sus prójimos, fuera en pos del mejoramiento de las
relaciones entre los hombres y con ello se evitaran el siempre injustificado
enfrentamiento entre hermanos.
Llamamos la atención sobre la proximidad existente entre la idea de los
«padres» de la unidad europea (Schuman, De Gasperi y Adenauer) cuando en 1947
reflexionaban sobre la necesidad de encontrar el camino que condujera a evitar
nuevos enfrentamientos entre quienes formaron la Cristiandad en otra época de la
Historia, para conseguir que el diálogo sustituyera a las armas, y el deseo de
los fundadores del Valle de los Caídos al crear el Centro de Estudios Sociales
con parejo pensamiento.
Si los políticos de hoy, en vez de estar empeñados en conseguir su medro
personal o de grupo, hubieran puesto la vista en este meritorio deseo de los
creadores de la Fundación de la Santa Cruz, y se hubieran sentado en torno a una
mesa para reflexionar sobre este simple pero fundamental esquema, seguramente
habrían comprendido qué es el Valle de los Caídos en vez de estar vertiendo odio
y vituperios sobre él; y, de paso, se habrían enterado de que bajo la Cruz se
encuentran depositados, en un abrazo eterno, cincuenta mil de los muertos en la
lamentable Guerra Civil, de uno y otro lado, de una y otra confesión, de unas y
otras ideas, muertos de una u otra forma. Quienes hablan de volar o cerrar el
monumento están condenando a sus muertos al olvido eterno, olvido en el que no
cayeron, en un acto de comprensión y generosidad, los fundadores.
No podemos olvidar, por más que en ello se empeñen los políticos de
izquierda, los separatistas de los más variados pelajes, incluso de misa
dominical, y los de la derecha temerosa o cobarde, que en España hubo una guerra
en la que se venció al comunismo (no a la República por la que, en el fondo,
luchaban todos), anticipándose a la caída del muro de Berlín el de
noviembre de 1989, cincuenta años antes de que el comunismo ruso se derrumbara
definitivamente. Hijos de la guerra son los españoles de hoy, e hijos de Europa
son los que proceden de la caída del muro de Berlín. Unos y otros están
condenados a entenderse en la Unión Europea, y unos y otros lo harán tras haber
sido vencido el comunismo. Y unos y otros han de estar agradecidos a quienes
reposan en el Valle de los Caídos y en los cementerios extendidos por todos los
países de Europa muertos por ideologías que compartían o justamente porque no
compartían esas ideologías.
En la convocatoria de la XI edición de las Conversaciones en el Valle
comentábamos que en la mente de las actuales generaciones españolas hay una gran
confusión sobre lo que es España en relación con Europa, cuando no ignorancia,
en lo que participan gran número de políticos, pues se empeñan en que es
necesario nos integremos en una Europa de la que estamos lejos, asumiendo,
probablemente, la lamentable frase de que Europa empieza en los Pirineos.
Desconocen, ignoran, que Europa es Dante, y Cervantes, y Moliere, y Goethe, y
Shakespeare, y que fuera de esas cinco naciones: Italia, España, Francia,
Alemania, Inglaterra, no hay más naciones, sino países que beben o han bebido de
las fuentes de las que proceden. Y que Europa no es tal si no está formada en
paridad por las cinco.
Son cinco naciones, son cinco lenguas, cinco modos de pensar, cinco formas de
ser y comportarse que han trascendido esa cultura más allá de las propias
fronteras, más allá de las fronteras del continente que conforman, dando origen
a otras naciones que directa o indirectamente asumen la herencia de las culturas
de las que proceden.
Y entre esas cinco naciones, en lugar destacado por derecho propio y por su
prolífera acción en el mundo, está España.
España es Europa de forma irrenunciable y en ella ha de tener un puesto
preponderante y perpetuo, aunque los avatares de la Historia, las luchas, los
odios, las rivalidades, las invasiones, la debilidad interior en determinados
momentos, la corrupción, la dejación de la propia estima, la cobardía, el olvido
de la moral, la hayan privado de figurar en todo momento en el punto en el que
siempre debió estar.
En este momento, carente de voluntad de ser una nación en ejercicio, es
preciso hacer un replanteamiento de cara a la Europa de la Unión, en la que no
puede faltar ninguna de las cinco naciones que como tal se reconocieran en el
Concilio de Constanza de 1414, e impedir que España sea relegada a un
lugar secundario por la prepotencia de una de las otras y por dejación de
nuestros políticos.
Y con el propósito firme de analizar los caminos por los que discurre Europa
en busca de su unión y los senderos de España para tomar posiciones en el ente
que configure esa unión, dialogamos amplia y cumplidamente entre los días 28 y
30 de mayo de 2004 en la Hospedería del Valle de los Caídos, lugar en el que
estuvo ubicado el Centro de Estudios Sociales y donde duerme probablemente la
más espléndida biblioteca conocida sobre temas sociales en espera de manos
ávidas de hojear los miles de páginas allí atesoradas.
Y consecuencia de esa reflexión es el número de la revista Altar Mayor que
presentamos a nuestros lectores, donde, además de las «Comunicaciones» de los
ponentes, hemos recogido una amplia gavilla de colaboraciones tanto de personas
que participaron en los debates como de otras que nos brindan su amistad y con
generosidad han aportado sus conocimientos e ideas sobre alguno de los temas
tratados, o sobre otros que por la escasez de tiempo no pudieron ser debatidos.
Digamos, por poner un ejemplo de otros trabajos que se incluyen, que sentimos
inclinación por analizar, aunque brevemente, el contenido de las Leyes de
Indias, pues nos parecía que de ellas se podía sacar una maravillosa
recopilación de lo que en verdad es la salvaguarda de los derechos humanos, o de
los derechos del hombre, puestas en práctica por España entre los siglos XV y
XVII, leyes muy superiores a las declaraciones de derechos humanos que se han
sucedido en el acontecer de la Historia desde la Revolución francesa.
Bien es cierto que los hechos se pisan unos a otros, y lo que hoy se puede
exponer como novedad mañana pertenece al pasado o ha quedado obsoleto del todo.
Pero la base, el fundamento, permanece inalterable. Es como sucede con el teatro
clásico: podrá variar el verbo, podrá cambiar la forma de ser puesto en escena,
podrá ser distinto el vestuario, pero la idea, la base moral que encierra, la
valoración de los hechos permanece inalterable; salvo que la intención del
adaptador sea, precisamente, aprovechar la obra para subvertir los valores,
hecho nada extraño en nuestros días.
Era importante, desde nuestro punto de vista, analizar el Proyecto del
Tratado por el que se instituye una Constitución para Europa, porque los vientos
traían la preocupación de que ese proyecto hubiera sido conducido por Giscard
d'Estaing, introduciendo en él su mano negra de masón así como su sempiterno
odio a España. España se había mantenido firme en cuanto a la defensa del
reconocimiento implícito del antecedente de la Europa que fue conocida como la
Cristiandad, así como del valor histórico de España como cofundadora de Europa.
Mas con el cambio de gobierno en nuestro país se vinieron abajo todos los
planteamientos anteriormente realizados. Para entrar en materia al respecto,
contamos con la colaboración del profesor D. Fernando Suárez González.
Sin duda había que exponer, con claridad y contundencia, que España no se
«incorporaba» a Europa, que no «entraba» en Europa por la sencilla razón de que
España es Europa desde tiempos antiguos. Y el profesor D. Luis Suárez hizo un
recorrido por la Historia para exponer con gran lucidez qué son las cinco
naciones que conformaron Europa y que siguen dando vida a este Continente y a
Occidente aunque los centros de decisión se hayan ido desplazando con el paso de
los años y los acontecimientos históricos.
También había que poner en su sitio a Europa respecto a sus planteamientos
estratégicos. Si Europa quiere campar libremente sin necesidad de manos que la
sostengan en momentos de crisis internacional, tiene que posicionarse
militarmente y no dar pábulo a los planteamientos pacifistas de salón, a los
entreguistas, a los políticos débiles. Para ello recurrimos al General D.
Armando Marchante, quien nos ofreció la película de cómo se encuentra Europa en
cuanto a su defensa, cuáles son sus ejércitos, qué intentos están haciendo
algunos países para separarse de Estados Unidos a pesar de deberles su actual
existencia como países, y cuál es, también, nuestra escasa participación en esa
necesaria defensa, sin olvidar cómo hay en Europa países (Francia) que, por
intereses particulares abandonan a otro país (España) que forma parte de la
Unión a todos los efectos, frente al enemigo común (Marruecos).
No podíamos olvidar el análisis de las culturas europeas junto con aquellas
otras que a través de la inmigración se van introduciendo en los países de la
Unión, dando origen, por un lado a la integración de los inmigrantes en la
cultura que los recibe, y por otro al nacimiento de una multiculturalidad que
por principios religiosos, fundamentalmente, jamás se integrará en la cultura
del país receptor, lo que, a la larga o a la corta, dará lugar a problemas de
difícil solución. Para ello estuvo con nosotros la profesora Dña. Milagrosa
Romero Samper, que trazó una amplia panorámica que dio paso para entrar en el
debate en el que vivamente se cambiaron ideas, experiencias, conocimientos sobre
lo concreto y lo especulativo.
Atenta a la preocupación por los problemas de nuestro tiempo, la Hermandad
del Valle de los Caídos ofrece este número de su revista, en dos volúmenes por
facilidad de distribución, agradeciendo desde aquí la generosidad de cuantos han
colaborado para que pueda llegar manos de nuestros lectores en el deseo de
su lectura resulte amena e instructiva.
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