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REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS Nº 132 - Nº Extraordinario. Diciembre - Enero de 2010
CONCIENCIA O MEMORIA HISTÓRICA Luis Suárez*
Hoy comenzamos la decimosexta edición de las «Conversaciones en el Valle» con un tema que consideramos importante porque está en juego un concepto fundamental, del que yo me he ocupado en la Academia de la Historia publicando en su boletín un artículo bajo el nombre de Conciencia o memoria histórica.
Ahora se habla de la memoria histórica. A mí me lo explicó muy bien un académico soviético, polaco de nacimiento, en el Congreso de Estocolmo. Y me lo volvieron a explicar en otro congreso internacional en el que estábamos reunidos en el salón de actos del Soviet Supremo en Moscú. ¿Qué es memoria histórica? En realidad es la negación de la conciencia cristiana de la historia. No es otra cosa. Una selección que trata de recoger del pasado, o de descubrir en el pasado, con lo cual hay una intención, aquello que puede permitir construir el futuro. Pero ¿qué futuro? Aquello que Lenin estableció de una manera completa.
Pero cuando uno de los grandes intelectuales españoles fue a ver a Lenin el año 1919 para que le explicara qué era aquello que se estaba haciendo, y le habló de libertad, Lenin le contestó con gran sorpresa: ¿libertad? ¿Qué es eso?+ Para Lenin lo importante era el totalitarismo. Él inventó el término totalitarismo.
Hay que llamar la atención hoy, que se está manejando la memoria histórica, que España nunca tuvo un régimen totalitario; tuvo un régimen autoritario. Totalitarismo, en una definición de Lenin, no es otra cosa que el sometimiento del estado a la voluntad del partido. Si este partido es único, como soñaba el marxismo, o como soñaba el PSOE alemán al que añadieron una N para disfrazar lo que era, entonces esto se convierte, prácticamente, en una tiranía.
Pero la pregunta que nos hacemos los hombres de hoy es, ¿y qué ocurre cuando este sometimiento del estado no es a un partido, sino a unos determinados partidos que son los únicos que gozan del criterio de la legitimidad? ¿Deja de ser totalitarismo? No. Lo que verdaderamente se está produciendo hoy es la rotura de un orden que Europa creó a lo largo de siglos, con esfuerzo y con trabajo inmenso, pero gracias a la aportación del cristianismo que establecía una diferencia entre autoridad y potestad. Esto ahora no se puede decir. En la Edad Media la autoridad es buena porque es aquella que enseña y dice a los hombres lo que se debe hacer. Si todo el mundo cumpliera con su deber, no haría falta acudir a la potestad. La potestad es, por tanto, un mal menor necesario que tenemos que aplicar cuando el súbdito no cumple, como debe, su deber. Ahora hemos invertido los términos: la autoridad es mala, hay que acabar con el autoritarismo de los padres de familia, se ha acabado con el autoritarismo de los profesores, y ahora empezamos a echarnos las manos a la cabeza diciéndonos hasta dónde hemos llegado. Hemos llegado a la democracia.
Yo no puedo evitar recordar un hecho sumamente importante. Polibio es el más grande los historiadores griegos que vive en esa época de tránsito que significa el paso del siglo II al I antes de la era común. Polibio dice: la democracia es la señal de la muerte de la polieba. Porque cuando nos vemos ya dueños del poder, entonces, automáticamente, mandan los malos. La democracia es parte de un principio fundamental, es decir la mayoría tiene razón. Y entonces hay que hacerse la pregunta: ¿Y la mayoría está formada por los buenos? ¿Son los santos, son los justos, son los artistas, son los sabios la mayoría? No. ¿Es el progreso la consecuencia de la mayoría? No, en absoluto. Es, siempre, el efecto de las minorías.
Y Polibio llegaba a la conclusión de que en la vida de una polis hay cuatro etapas consecutivas, porque cada uno de los sistemas se va desgastando y tiene que ser sustituido por otro, en la última etapa es esa democracia que significa la muerte de la polis. Es decir, la muerte de Grecia que era lo que él estaba viviendo precisamente en aquellos momentos. Y hoy, a quien habla como nosotros nos atrevemos a hacerlo, se le mira por encima del hombro y se le considera como una especie de amenaza contra la sociedad. Defender el papel de las minorías no es aceptable. ¿Defender el autoritas puede ser un bien? Tampoco es aceptable.
Se está diciendo qué gran labor hacen nuestros Ejércitos que están tratando de contribuir en el mundo a establecer la democracia en países que de ninguna manera la quieren, y que no están dispuestos, en modo alguno, a aceptarla. La cambiarán sobre la marcha y harán lo que sea.
Vamos a hablar en este breve curso de todas estas cuestiones. Y el problema verdadero es siempre el mismo: cómo conseguir dentro de una democracia la convivencia. Nosotros en España no la hemos conseguido. Hemos vuelto, es una especie de salto atrás, a los odios que durante el siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX nos causaban un daño tan terrible. No es por ahí, sin duda alguna, por donde viene la cura.
* Luis Suárez es Presidente de la Hermandad del Valle de los Caídos.
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