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REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS Nº 134 - Marzo - Abril de 2010
THE NEW AGE FARSA EN PROSA José Javier Manzanera*
Se ha desatado una noche cósmica de Walpurgis. Lo superior se trastoca en lo inferior, y el fondo del Abismo pasa a ser la cima. De nuevo ha llegado el momento en que pueden destrozar sus cadenas los perros del Cazador Furtivo. Gustav Meyrink
Venid todos, pobres y ricos, jóvenes y viejos, ilustres e iletrados, necios y despabilados, marigallos y machorras, réprobos y elegidos, güelfos y gibelinos, de izquierdas y de derechas; venid de todas las tribus, cofradías, talleres, cenáculos, academias, grupos mediáticos, cortes de amor, estamentos, facultades y otras sectas; venid a nuestra fiesta de fin de siglo y comienzo de Milenio...; no desatendáis esta llamada. Harto tiempo hace que preparamos esta gran orgía. No hagáis caso a quien os diga que nuestra casa está maldita: sus simpáticos penates y otros fantasmas familiares son teúrgos silenciosos que han tejido –durante cíclicos lustros y aun centurias completas– el entramado mismo de vuestros más íntimos paños, esperanzas, miedos, deseos inconfesables, tendencias de consumo, percepciones del mundo, dioses laicos, pulsiones del Eros, delirios de grandeza, ilusiones egóticas, ídolos colectivos, ambiciones mundanas y ultramundanas, sueños y también pesadillas; así resulta fácil hasta el darte de bruces con tigo mismo y con tus más entrañables pijamas y edredones en cada alcoba hechizada de nuestra divertida casona. Vuestros más prevenidos ángeles de la guarda nos resultan ya queridos y juguetones duendes: traed a vuestras propias y más genuinas experiencias e intuiciones que sabremos condimentar con ellas nuestra sopa prodigiosa. Traed a vuestros súcubos e íncubos –psíquicos o encarnados– que bailarán con los nuestros una danza tántrica –inventada en California– que jamás olvidarán. Traed también –de ser posible– la vacía y limpia copa de una mente relajada, tolerante, libre, armónica con el cosmos, abierta en suma y siempre dispuesta a beber cualquier prodigio imaginal y abracadabra de conceptos: mecánicas anímicas, iatromatemáticas cuantitativas, alquimias informáticas, teosofías de la física, magias morfogénicas, microbiología daimónica, metafísica de las finanzas, botánicas minerales, zoología metapsíquica, cartografía psiconaútica, metaética metalúrgica, arcanología geomántica, ufología interior, egolatría terapéutica, angelología lisérgica, analítica mística, macroeconomía onírica, psicosofía egótica, sacroingeniería del espíritu, y quién sabe qué otro fascinante e hipercientífico despliegue conceptual del mejor equilibrismo intelectual; saciaremos con abundancia toda sed de maravilla.
Refinados bailarines y músicos preparan ya –en nuestros salones más nobles– variopintos coros y danzas: os ofreceremos flamenco tántrico, jotas chamánicas, gregoriano electrónico, giróvagos extetrapléjicos –rehabilitados por channeling–; también prestidigitación colectiva, y esgrima psíquica maquiavélica, y zoofilia mística escenificada por sexudas druidesas letonas (Grupo Amor a la Bestia de Investigaciones Psícosociológicas de Massachussets); gaitas celtas sopladas por un Acordeón Informático de origen extraterrestre (sutilísimo hongo cibernético que impregna a la Gran Red de origen desconocido); liturgia global y eucaristía holística (espectáculo emotivo si lo hay, así como también muy ecológica invocación a la solidaridad de los pueblos y de las especies); y hasta un grupo iniciático de Salamanca que no requiere otro comentario salvo el decir que lleva casi veinte años practicando –cinco veces al día– la Danza sioux del Sol. No cabe imaginar más entretenidas y excitantes distracciones interactivas.
En nuestras múltiples salas y dormitorios, galerías, vistosas torres y gabinetes ocultos, cocinas y despensas, desvanes y buhardillas, sótanos y bodegas, portales, caballerizas, gallineros, cochineras y corrales, en toda nuestra desvencijada casa castellana en suma, excluida sólo la vieja capilla que está candada, podréis vivenciar –por nuestras artes de bibibirloque– cualquiera de vuestros más sinceros sueños y dilectas fantasías: sentirse un rato chamán amazónico y al siguiente discípulo del Buda; o caballero templario que practica magia sexual con prostitutas eslavas; quizá élfico sufí reconciliado con el más sutil aroma del jamón de Guijuelo; incluso sesudo y prudente cabalista de complejas cavilaciones financieras; también alquimista etílico y ebrio sacristán de la alegre compañía de Dionisos; después guerrero-místico de las estepas de la Luna; por fin licántropo extremeño liberado de complejos que exterioriza sus propias fieras interiores; para trasformarse pronto en vampiro cruento de sus amantes e incruento o psíquico de sus amigos; o en hombre araña salido de las profundas grutas de la tierra; mujer bisonte; águila pluricéfala de múltiples personalidades; caballero negro o mero depredador urbano; opositar a régulo de los rústicos vetones y retirarse al campo para ser berraco crístico; o llegar a gran señor de las orgiásticas danzas metropolitanas: a gran taumaturgopolítico, a mago pneumático y erótico diseñador genial de públicos fantasmas. Por qué resignarte a ser mero fitipaldi figurón de tontódromos y deotros circuitos culturales, cuando puedes designarte para estrella cantamañanas del más lucífero amanecer dorado del arte, del cine, de la música o de la literatura. Sea cual fuera el fantoche que halláis alguna vez soñado, éste puede convertirse –cual bellota psíquica latente de potencial prodigioso– en un primer germen hacia el crecimiento interior frondoso, la realización personal más arraigada, y hasta la florida y fructífera Excelencia. Tal lo dictan inequívocamente los más elementales rudimentos de la arboricultura-neurosemántica –nueva ciencia experimental–; aunque exige antes que nada el aprender a soñar intensamente –con la plenitud de tus chacras y cojones– y el no oponerse nunca a la armonía polifónica de nuestro Gran Acordeón.
Mas ya se ocuparán de iniciaros en los entresijos de nuestros juegos y chanzas los mejores equipos de animadores: a vuestra disposición ponemos creativos alfareros de las arcillas humanas y recreadores de los soplos adámicosque sutilizan y subliman los más groseros tocinos interiores; gurús californianos que sacan eléctricas chispas con las manos de vuestros más opacos chacras y vejigas; técnicas arcaicas australianas para estirar los huesos y así resultar más altos y europeos; sastres remendones de los más sensibles tejidos del alma; espiritistas histéricas vestidas de Chanel; ecótopos lisérgicos neopaganos; brujas clásicas con vibrador de palo de escoba y ungüento de datura; cocineros de meriendas prodigiosas y deotras sosas sopas de sapo; boticarios decimonónicos que hacen juanolas de peyote; psicólogos trasalpinos e hiperbóreos que consiguieron volver –más o menos lúcidos– de náuticos viajes anímicos tras las Columnas de Heracles de la modernidad; sofistas posmodernos que triunfaron en la insólita audacia de no grillar totalmente leyendo al gran Federico en las alas viscosas del hachís; tímidos urbanitas que se perdieron en las junglas y regresaron feroces comedores de cocos; poderosos andróginos que han mudado de sexo seiscientas sesenta y seis veces en la vida; yoguinis de bocas sensuales para cumplir con los ritos de la cópula inversa; hipnotizadores de serpientes para relajar vuestros miedos, vigilias y tensiones, y así aligerar mejor también vuestros bolsillos; especializados exorcistas de tabúes, prejuicios, culpas, vergüenzas, compromisos, principios, deberes, responsabilidades y demás aguafiestas del ánimo; también cirujanos plásticos para domar a placer los psicosomáticos hocicos y astas; y astrólogos, y nigromantes, y echadores de cartas marcadas; y lectores del iris y de la mano, y husmeadores de alientos ajenos; y especuladores bursátiles con bola de cristal. Dispondréis de yerbateros peruanos y también de micófagos de Siberia; y de guerreras impecables e implacables –ayer resignadas matronas, hoy panteras sociales– para iniciaros en las artes más ocultas del acecho, del disimulo y de la intriga. Contaréis con sicofantesorientales maestros en ganar dineros y vanas glorias; con deshollinadores de karmas adversos; con peluqueros de la mente que pueden cardar las testas más calvas; con traumatólogos del ánimo y reanimadores del ego. También encontraréis en nuestra fiesta rarísimos y pseudoegipcíacos sacerdotes tifónicos para introduciros en los Grandes Misterios de esta casa...
Pues cuando por fin la Luna nos abandone en la noche propicia, y se conjuguen los astros en combinación acertada determinando una precisa llave cósmica, guardaremos inolvidables instantes de religioso silencio a la sola luz de una humana constelación de ecopáticas velas –sea así en los cielos como en la Tierra–; para escuchar –emocionados y extáticos– la grave voz del búho que, desde el encinar cercano, nos confirme –él que penetra en las causas ocultas de la diosa Gaia y en los arcanos de la obscuridad– que ha llegado el instante delicioso, la gran hora de nuestro embeleso –tanto tiempo esperada–: la hora del Nuev@ H@mbre en coyundas místicas con la Tierra. Sólo entonces abriremos –como apoteosis lúdica, entre el bramido de las gaitas informáticas acordes con el destello del láser virtual– los cerrojos oxidados y las cadenas herrumbrosas que clausuran desde hace trescientos treinta y tres años las puertas pesadas de nuestra vieja capilla; y contemplaremos boquiabiertos –entusiasmados y ansiosos por entrar danzando también en este último rincón prohibido de nuestros lares– un espectáculo en verdad irrepetible, buena prueba magistral de nuestras artes: severos jesuitas hipnotizando serpientes interiores con mandala tibetano y gafas de relajación; venerables dominicos bailando la danza fálica y californiana de Siva; hombres lobo vestidos de cardenales; confesores tricéfalos; teólogos gárgola; un cura escocés que modifica su sexo para cada oficio litúrgico; faunos monaguillos chamánicos de muy ecológica pata de cabra; y un sanguinolento vicario de Cristo desnudo y crucificado con los pies hacia arriba y la cabeza sobre el altar; erguido junto al cual un soberbio andrógino alado de la más fría belleza anglosajona, blandiendo un arma afilada y estrafalaria, exclamará con voz poderosa, a la vez femenina y viril: «¡Oh grandeza inmensa y sorprendente de la condición humana por fin culminada! ¡Oh gran obra de nuestro Arte! ¡Oh pyramídion del nuevo Templo! ¡Oh piedra angular de la Modernidad! ¡Oh monstruo unigénito del Humanismo! ¡Oh sopa prodigiosa de sabidurías arcaicas y ciencias del futuro! ...¡Oh Nueva Era de la humanidad atribulada y por fin triunfante!».
En verdad en verdad os digo: vuestros hijos retozaránsobre la orina de mis perros; mas que no falte tampoco ningún pequeñuelo ala gran fiesta. Y que vengan las damas primero –ya Sakaspeare supo que siempre fuimos un caballero–; pues como advirtiera al genio de Weimar nuestro entrañable amigo el doctor Fausto cuando alegre marchaba hacia la Noche de Walpurgis: «todos vamos por el mismo sendero / mas ellas van siempre delante / pues tratándose de ir a la casa del diablo / ganadas tienen siempre varias horas de ventaja». ________
* José Javier Manzanera es poeta y escritor. Este ensayo literario le fue sugerido al autor en la contemplación de la tercera tabla del tríptico conocido como El Jardín de las Delicias, en la que el Bosco ilustró –tras el Jardín del Edén y las edades del mundo– su concepción visionaria de las postrimerías.
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