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Altar Mayor Nº - 134 (2)
Tuesday, 16 March a las 19:34:33

Altar Mayor artículos REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 134  - Marzo - Abril de 2010

 

EL ABORTO, SUICIDIO SOCIAL
Luis Buceta Facorro*



 
 
Independientemente de otras consideraciones acertadas y pertinentes, no he visto reflejada, en los nuevos análisis publicados sobre el aborto, su dimensión social, económica e, incluso, de simple supervivencia, muy especialmente en nuestros países europeos, en concreto, y en Occidente en general.

Ya en 1974, el presidente de Argelia, Bumedian, profetizó, ante la Asamblea de las Naciones Unidas: «Un día millones de hombres abandonarán el hemisferio sur para irrumpir en el hemisferio norte. Y no lo harán precisamente como amigos. Porque irrumpirán para conquistarlo. Y lo conquistarán poblándolo con sus hijos. Será el vientre de nuestras mujeres el que nos dé la victoria». Estaba afirmando la victoria del Islam sobre Occidente y eso es precisamente lo que está ocurriendo ante nuestros ojos, sin que el mundo occidental, el mundo cristiano reaccione y se deje invadir por el Islam, ante la indiferencia y, en muchos casos, la connivencia de los políticos y los grupos dirigentes. Y esto es más grave en Europa. Cualquiera que dude de esta afirmación no tiene más que echar un vistazo a las estadísticas. Ya en 2007, el ensayista norteamericano Bruce Bawer, en su obra Mientras Europa Duerme, nos señala que hoy en día, en la mayor parte de la Europa Occidental, la proporción de musulmanes oscila entre el 2 y el 10 por ciento, acercándose al índice más elevado Suecia, Austria y Holanda y superándolo Francia con un 12 por ciento. España, con ser uno de lo países más deseados y en el que se asientan y actúan, como base, numerosas células islamistas, se mueve, actualmente, entre el 2 y el 3 por ciento de la población. En Julio de 2004, Bernard Lewis, destacado experto occidental sobre el Islam, predijo que antes de final de siglo Europa sería islámica. Ya, incluso, han acuñado un término para designar esta entidad geográfica resultado de la islamización de Europa: Eurabia. Hay que constatar realidades para que no parezca que estoy hablando de abstracciones o de remotas tesis o simples elucubraciones. La realidad es muy terca, digan lo que digan ciertos sectores pacifistas y de la Alianza de Civilizaciones. Las capitales más importantes, hoy, de esta Eurabia son: Reino Unido: Birmingham en un población de 143.000 musulmanes que representan el 14,3% y Londres con 625.000 que representan el 8,5%; Holanda: Amsterdam con 180.000, el 24% y Rotterdam con 80.000, el 13%; Francia: París con 1.700.000, el 10 al 15% y Marsella con 350.000 el 20%; España: Madrid con 220.000 el 37%; Suiza: Zurich con 26.000, el 7%; Austria: Viena con 120.000, el 8%. Sin dar cifras exactas podemos afirmar que en Europa hay alrededor de treinta millones de musulmanes. Los índices de reproducción indican que esta población y los porcentajes señalados aumentarán significativamente en los próximos años. Entre las mujeres autóctonas, el índice de fertilidad se sitúa entre 2,2 y el 1,8 por mujer por lo que estamos muy por debajo del índice de reemplazo que es de 2,1. Ello significa que las poblaciones nativas de nuestros países se reducirán considerablemente en la próxima generación y el número de jubilados aumentará, produciéndose un envejecimiento de la población. Todos los países de Europa, salvo Irlanda, Reino Unido y Francia, perderán población. En España se calcula que se perderán diez millones de los actuales españoles. De aquí la importancia de los inmigrantes siempre que no sean musulmanes y preferentemente de Iberoamérica que son los de más fácil adaptación y no traen conflictos religiosos ni culturales. «Mientras tanto, reitera Bower, el número de musulmanes aumentará dramáticamente, en parte por la inmigración continuada y en parte también por la reproducción (siendo el índice de fertilidad de los musulmanes en Europa considerablemente más alto que el de los no musulmanes). Ya en la actualidad, en la mayor parte de Europa occidental entre un 16 y un 20 por ciento de los niños son musulmanes. Dentro de pocos años, la quinta o la sexta parte de los adultos jóvenes serán musulmanes; en un par de generaciones, muchos países serán de mayoría musulmana».

Cualquier honrado observador puede ver con claridad que la profecía de Bumedian se cumple con exactitud: Millones del hemisferio sur irrumpen en el hemisferio norte y lo «conquistarán poblándolo con sus hijos. Será el vientre de nuestras mujeres el que nos dé la victoria». Pues bien, ante esta situación y la baja natalidad española-europea, una ley que convierte el aborto en un derecho y casi como un método normalizado de anticonceptivo, es un disparate social, económico y de supervivencia, ante los que quieren suplantar nuestros valores occidentales, por los suyos radicalmente antagónicos. Y ratifico antagónicos y no compatibles. Nuestros principios básicos cristianos de la cultura occidental, que se plasman en la Declaración Universal de Derechos Humanos, significan una contraposición radical con los principios básicos del islam. Los expresa muy acertadamente un profesor, Martín Karsawski (El País, 26-10-2001): «Nosotros creemos en la democracia; ellos, no. Nosotros creemos en la libertad de culto; ellos; no. Nosotros creemos que ellos tienen el derecho a vivir en paz, ellos no creen que nosotros lo tengamos. Nosotros creemos que ellos tienen derecho a hacer proselitismo en nuestros países; ellos persiguen y a veces asesinan a quienes promueven otra religión en los suyos. Nosotros creemos en el pluralismo; ellos en la uniformidad monolítica. Nosotros creemos que las leyes son obra de los hombres y que las podemos cambiar de común acuerdo; ellos creen que las leyes fueron entregadas por Alá y son inalterables. Nosotros creemos en la libertad de prensa; ellos, no. Nosotros creemos que hombres y mujeres tienen los mismos derechos; ellos, no. Nosotros creemos en la libre educación para hombres y mujeres, ellos, no. Nosotros no creemos que los menores deban ser soldados; ellos, sí. Nosotros creemos en ayudar a los musulmanes cuando son víctimas de la opresión como hicimos en Bosnia y Kosovo; ellos no están dispuestos a ayudar a un infiel aunque esté en la miseria». Defendemos una sociedad democrática que a pesar de los patentes defectos que tiene es la que se ha hecho con nuestro esfuerzo y es la que queremos. «Deseamos que nuestros hijos y principalmente nuestras hijas, sigan viviendo en un lugar más parecido a Nueva York, París, Londres o Madrid y no en Teheran o en Kabul de los talibanes. Defendemos una sociedad en la que se pueda ser católico, protestante, musulmán, judío o ateo».

Pues bien, ante esta alarmante situación, grave a medio plazo y gravísima y de efectos imprevisibles a un plazo de cincuenta años, la apatía y la indiferencia es la tónica general del grupo de dirigentes políticos, sociales, económicos, mediáticos, académicos de Europa. Hay una excepción, Francia, que ha comprendido que una de las armas estratégicas para salir de la crisis y ponerse a la cabeza de Europa es la defensa y fomento de la fecundidad de las francesas. Se ha seguido una política de estado de ayuda a la fecundidad y a las familias que está permitiendo que las francesas rocen ya los 2,15 hijos por mujer, lo cual supone una fecundidad superior al resto de Europa, salvo Irlanda que va decreciendo, mientras Francia sube. La media de Europa de fecundidad es aproximadamente la de España, que según el Instituto Nacional de Estudios Demográficos de Francia, es de 1,46 hijos por mujer. Por debajo de España están doce países entre los que se encuentra Italia (1,41), Alemania (1,37) y Polonia (1,23), que ocupa el último lugar en el índice de natalidad. Para que veamos cuál ha sido la evolución, en 1980 España tenía un índice de 2,20; Italia, 1,64; Alemania 1,56 y Polonia 2,26. Los tres primeros puestos los ocupan Irlanda (2,10) que decrece y Francia (2,00) subiendo y Reino Unido (1,94) subiendo. Como señala este mismo Instituto, la política demográfica nacional francesa, desde hace décadas, es muy favorable en la fecundidad, tal como explica France Prioux (demógrafo de INED): «La política de Estado permite a las mujeres tener más hijos, sin dejar de trabajar. Existen muchas ayudas. Italia, España, el Reino Unido, apenas tienen políticas familiares comparables. La política alemana sólo favorece a las mujeres que trabajan. La política familiar francesa favorece la natalidad, y, al mismo tiempo, da un impulso económico a toda la nación».

Así, pues, Francia crece desde una larga década mientras el resto de Europa envejece peligrosamente. La fecundidad, además de ser el factor fundamental de renovación y estabilidad social, constituye, también, un motor económico. El corresponsal de ABC en París, Juan Pedro Quiñonero, que tan acostumbrado nos tiene a buenos análisis, señala (ABC, 7-12-2009) en un artículo que titula, significativamente, «Francia impulsa su política de natalidad para ejerce el liderazgo en la Unión Europea», que según el catedrático de Historia de la Economía en la Universidad de la Sorbona, Jacques Maseille, «con su fecundidad actual, Francia será dentro de unos años el país más poblado de Europa, rodeado de naciones envejecidas y menos dinámicas». Y ello porque con una tasa de natalidad más alta que el resto de Europa, Francia podrá consolidar su industria de la construcción que deberá construir más de 500.000 nuevos pisos durante los próximos quince años. Al mismo tiempo, la natalidad permitirá consolidar el sistema de pensiones, alimentando el vivero de la creación de empresas, con nuevos empresarios jóvenes, asegurando el crecimiento del mercado interior, principal fuente de riqueza.

Por el contrario, en España, en vez de protección a la mujer y al concebido, lo que se propugna es una nueva ley de claras consecuencias negativas sociales y económicas. Socialmente no se puede admitir el aborto como un derecho de la mujer. El aborto es una acción ilegal despenalizada en determinados supuestos y con ciertas condiciones. Es, pues, una excepción ante ciertas situaciones que se establecen con claridad y han de ser apreciadas fehacientemente; no puede ser la simple voluntad de una persona que afecta a la vida de otro ser humano. En el título de la Ley ya hay un manifiesto engaño al titularla: «Ley de Salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo». Interrumpir supone dejar de hacer algo que luego se puede retomar, pero el embarazo no permite interrupciones para luego continuar, por lo que el aborto nunca es una interrupción sino que es definitivo y para siempre. Esta ley deteriora la autoridad y la patria potestad de los padres y puede romper la armonía familiar, al consentir que las menores de 16 años puedan abortar sin el conocimiento ni el apoyo de sus padres. Aunque el PNV, en el chalaneo de votos, y a cambio de algo que no nos dicen, ha exigido que fuera obligatorio que los padres lo supieran o al menos uno de los padres, pero aceptando una excepción cuando «aquellas menores que puedan alegar fundadamente que la comunicación a sus padres pueda suponerles un peligro cierto de violencia intrafamiliar, amenazas, coacciones, malos tratos o se produzca una situación de desarraigo o desamparo».

Así, los católicos del PNV han salvado su conciencia, aunque ellos tienen la garantía espiritual de obispos y clero vasco incondicional, que les tranquilizarán cualquier desasosiego de este tipo, siempre que sea por la más alta causa de los objetivos finales del «pueblo vasco». Esta excepción es un coladero para que las menores puedan abortar sin consentimiento de los padres. Así ocurrió que mientras Joseba Aguirretxea (PNV) estaba eufórico porque se había producido el milagro, gracias a ellos, triunfando sus tesis de la obligatoriedad de informar a uno de los padres, el miembro de (ERC), Juan Tardá, celebraba que «hemos conseguido que la ciudadana tenga en todo momento la primera y última palabra».

Estamos ante un elemento más para romper la familia, socavando la convivencia y rompiendo los vínculos de consejo y ayuda de los progenitores. Socialmente, esta ley, no sólo produce la fractura de la familia, sino que ya ha producido una profunda fractura en la sociedad, pues ni era necesaria ni responde a una demanda social, antes al contrario ha provocado un rechazo frontal por una gran parte de la sociedad y un rechazo implícito en otros muchos ciudadanos que no han tenido ocasión de manifestarse. Por otra parte, implícitamente, protege a las clínicas abortistas involucradas en procesos penales graves por los desmanes que han realizado y que puedan seguir realizando. En vez de exigir más control en una actividad tan delicada, se está protegiendo esta actividad como algo normal y natural en la sociedad. Este es uno de los problemas que está creando en los aspectos morales y de valores este gobierno socialista: va consiguiendo que se consideren normales y naturales muchas conductas, que se han de respetar, pero no elevar a categoría de lo normal y general.

Económicamente, es un disparate privar a España de una población joven que es la fuente de trabajo y esfuerzo en todos los campos y son los que sostienen el sistema de bienestar social. Por eso, el ejemplo de Francia es aleccionador y por ello pueden manifestar que va camino de convertirse en la primera potencia demográfica de Europa, lo que, según Quiñonero, «le permitirá asumir responsabilidades en muchos frentes que puentean significativamente la parálisis institucional de la diplomacia común europea». Francia, con su política demográfica, está abriendo un prometedor horizonte de futuro; nosotros, con nuestra política abortista, en vez de proponer ayudas a las mujeres embarazadas y, muy especialmente a las solteras, nos abrimos a un futuro de país envejecido que dependerá de la inmigración para mantener nuestra capacidad económica. Es curioso que uno de los argumentos de la joven ministra, que no recordará nadie dentro de unos años, salvo por sus desatinos y estropicios, ha sido que la ley va a servir para reducir el número de abortos.

Como nos recuerda José María Méndez, del Centro de Estudios de Axiología: «Se suele decir que cuando ocurre un cataclismo social, cincuenta o cien años atrás algún filosofo o pensador sembró la cizaña, que acabó provocando tal resolución». En definitiva, los errores en la conducta moral de la sociedad siempre van precedidos de algún error en el pensamiento. Desde el existencialismo, una filosofía pesimista, nihilista desesperanzada, Sartre, Camus, Heidegger, hasta los deconstructivistas como Derrida, Lyotard o Foucaul, entre otros, han sembrado lo que ahora estamos recogiendo. En España, donde también hay títulos significativos como la Miseria de la Razón de I. Reguera, La razón sin esperanza, de Muguerza, entre otros, estamos en un proceso de «deconstrucción» de todos los valores que hasta ahora han sido constitutivos del ser de España y de los fundamentos de Europa.

En el último momento y para garantizar sus votos, el PSOE, a exigencia de sus necesarios socios Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) e Izquierda Unida, diputados Tardá y Llamazares, se establece la obligatoriedad de que las facultades de Medicina enseñen a practicar el aborto y se ponen límites a la posibilidad de objetar a las personas que estén directamente implicadas: el cirujano y el enfermero del quirófano, mediante petición expresa, por lo que los que se apunten entrarán en una lista negra, señalados para futuras promociones o conseguir puestos o plazas. Así mismo, quieren que la educación sexual forme parte de la educación de los colegios en todos los niveles. Se habla si se impondrá a partir de los once años.

Cuando estoy escribiendo este artículo me encuentro la noticia (ABC, 29-XII-2009) según la cual el PSOE vetó en los Presupuestos Generales todas las ayudas a la familia solicitadas por el PP y, en cambio, considera prioridades siete millones de euros al Ministerio de Ciencia e Innovación, para que tres afamados cocineros vascos, Arzak, Arguiñano y Subijama, monten una Facultad de Gastronomía. Supongo que los harán doctores porque en la Universidad para ser profesor hay que serlo. Indudablemente, esta es una prioridad social que ayudará a salir a la Universidad del pozo en que está metida. Otra importante prioridad, es la de veintiocho mil euros que el Ministerio de Exteriores destinará al colectivo de homosexuales y lesbianas de Zimbawe.

Por su parte (ABC, 28-XII-2009), el Profesor Velarde señala que: «el abandono de la protección familiar y decisiones como la del fomento del aborto también tiene un durísimo coste económico que engendra consecuencias». Especialmente, en España, que es uno de los países donde el envejecimiento presionará más a las finanzas del Estado.

No puedo terminar, aunque hay tela para largo, sin citar el magnifico comentario de César Alonso de los Ríos (ABC, 11-12-2009), titulado «Comentarios bajo la Luna», en el que reflexiona que: «El sí del Gobierno al agravamiento de la Ley del Aborto, propuesto por Izquierda Unida y Esquerra Republicana de Cataluña, llega a lo demoníaco, eso es, al disfrute del placer que produce el Mal. La implicación de la sociedad, de las jóvenes y de sus padres, de los educadores y de los profesionales de la medicina, me trae a la memoria las denuncias que hacia Georges Bernanos de aquellos adultos que necesitan comprometer a otros, especialmente menores, en la transgresión del Bien. Necesitan que todo se corrompa. Que nada se salve. Los partidarios del aborto están haciendo lo imposible no sólo para encaminar a las jóvenes hacia el crimen, acallar a los padres y romper desde dentro las familias, sino que tratan de instalar la práctica del aborto en el plano de lo vulgar, de lo cotidiano, de la educación, desde la infantil a la universitaria». Se pregunta que ante asalto tan bárbaro a la normalidad «¿Qué pueden decirle a la sociedad los Bono y los Ibarra? ¿Qué, los teólogos de la liberación?». La naturalidad con la que se va a sacar adelante esta ley da la medida de la insensibilidad ante lo monstruoso, de los parlamentarios que la aprueben y pone a toda la izquierda a la altura de Juan Tardá y Gaspar Llamazares.

La política abortista y familiar del Gobierno socialistas constituye en el presente un disparate diabólico y un autosuicidio de España para el futuro, ante el progreso mahometano, que como señaló ya en 1972 Georges Habash, médico y excristiano, jefe del Frente de Liberación de Palestina, que después de afirmar que América y Europa sepan que estamos apenas en el principio del principio y que de ahora en adelante no habrá paz para ellos, añadió. «Avanzar paso a paso, milímetro a milímetro. Año tras año. Década tras década. Determinados. Obstinados, pacientes. Esa es nuestra estrategia. Una estrategia que, por lo demás extenderemos».


* Luis Buceta Facorro es doctor en Ciencias Políticas, licenciado en Derecho, y diplomado en Psicología. y Sociología, y Catedrático.

 
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