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REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS Nº 135 - mayo de 2010
HABLAN DEMASIADO Emilio Álvarez Frías
Yo creo que hablan demasiado. Me refiero, naturalmente, a los políticos. Deberían ser más parcos, limitar sus intervenciones a informar a la Nación, al pueblo soberano, respecto de lo que van haciendo en relación con los compromisos contraídos con el electorado en las campañas previas a las elecciones, de las actuaciones nuevas que desarrollan y que no estaban en esos compromisos, de lo que van consiguiendo en beneficio de los españoles, de los proyectos que tienen de cara al futuro, así como de las relaciones con otros países, qué obligaciones contraen en esas relaciones, cómo va el tema del terrorismo, de los actos llevados a cabo para su erradicación, de los proyectos para terminar con esa locura…, es decir, de todo aquello que concierne a los gobernados en conexión con su seguridad, su bienestar, su progreso, su cultura, su salud, que le permitan vivir y desarrollar su misión en este mundo.
Pero no es así. De esos temas cuentan poco a ese pueblo soberano; y lo que le dicen siempre o casi siempre tiene una fuerte dosis de mentira, de inexactitud, de conveniencia, de manipulación. En lo que más se recrean es hablando contra los que consideran sus enemigos por oponentes, con profusión de insultos, provocaciones, mendacidades, falsedades, miserias y todo tipo de adjetivos que lleven, en lo posible, a desprestigiar al otro dañando su imagen y socavando la credibilidad que puedan tener ante sus seguidores y el electorado en general.
Llegados aquí no tenemos más remedio que aclarar que, cuanto queda dicho, se refiere, fundamentalmente, a los partidos que conforman la llamada izquierda junto a algunos otros de signo separatistas que se insertan en la llamada derecha; porque la que llaman derecha, o se llaman centro-derecha, no tiene más remedio que repeler (no tanto como debiera en los momentos presentes) la baba y la inmundicia que contra ellos suelta esa llamada izquierda. Para evitar dudas, aclarado queda. Digamos, no obstante, una vez más, y antes de continuar, que esas denominaciones aleatorias nos parecen un puro engaño en relación con lo que tradicionalmente se entiende dentro de tales conceptos, pues hoy, por ejemplo, la izquierda apoya con más ahínco que la derecha a la peor versión del capitalismo (entre los que se encuentran los medios de comunicación), y la derecha atiende más los asuntos de quienes se ocupan de los medios de producción en sus variados sectores y que son la base de la sociedad.
Pues sí, creo que los políticos hablan demasiado de lo accesorio y olvidan lo fundamental que, sin duda, es más comprometido. Y así les vemos decir esto y lo contrario, según los días y la dirección del viento, según conviene en cada momento; y no se sonrojan ni se trabucan al exponer lo más pintoresco, engañoso o inexacto que se les ocurre para soslayar los temas candentes.
A veces tienen una genial idea y dicen, como lo hizo un destacado político español de la izquierda montaraz, que en España hay «libertad de crítica y expresión», para, a continuación, poner a caer de un burro a su oposición, negando, a ésta, el derecho a expresar los puntos de vista distintos que mantiene respecto a las acciones de gobierno, o a poner de manifiesto la política que se sigue en materia internacional, o lo concerniente a los estatutos autonómicos, o la demencial política contra el terrorismo de tiempo atrás que retrasó su erradicación probablemente años, etcétera.
Porque la mayoría de esos incompetentes, además, dentro de los tortuosos caminos que van recorriendo, o tienen trazado recorrer, a las palabras que pronuncian unen sus comportamientos. Ahí los tenemos con la reciente aprobación de la nueva ley del aborto; con la incomprensible actuación respecto a la necesaria reforma de las estructuras para salir del impás en el que está metida España, con una recesión económica brutal, sin atender a las recomendaciones de los que realmente conocen las inexorables leyes del mercado; con un proceder en relación con la «memoria histórica» que divide a los españoles cuando arteramente el preámbulo de la disposición asegura que pretende romper las barreras que se alzan entre los españoles, barreras que han levantado precisamente sus promotores; con una persecución implacable al cristianismo y todos sus símbolos al tiempo que hablan de libertad y, efectivamente, la conceden a los seguidores del Islam que anuncian su inquebrantable meta de eliminar la cultura y los valores de occidente para implantar las enseñanzas del profeta; con un asalto sin límite a todos los valores de la cultura occidental, inspirada en el cristianismo, que concede al hombre el libre albedrío y la posibilidad de trascenderse; con una oferta materialista a la sociedad plagada de mentiras que hacen que esa sociedad se sienta y manifieste continuamente carente de un «algo» que difícilmente conseguirá por el camino de tener más, pues se ha olvidado de la aspiración que el hombre debe tener de ser más en cuanto a valores y conocimientos;… Resultaría largo seguir enumerando, en tan breves apuntaciones, los hechos que se van sucediendo cada día.
Mas sigamos con nuestra creencia de que los políticos hablan demasiado; unos y otros, derechas e izquierdas, tirios y troyanos, pues se empeñan en utilizar, lanzándoselas mutuamente como dardos envenenados, expresiones fuera de lugar en el ambiente en el que las profieren, tales como fascistas, franquistas, falangistas, etcétera. No somos dados a encerrar bajo siete llaves el sepulcro del Cid, ni los hechos ocurridos en la España que va dejando de ser reciente, por lo que, para terminar de una vez con las divergencias, somos partidarios de llevar adelante una investigación seria y rigurosa sobre los acontecimientos que se puedan comprender en el contenido de esas expresiones. Es decir, que para que definitivamente se cierre ese capítulo de la historia de España, casi olvidado hasta que se han reabierto las heridas en estos últimos años, somos partidarios de entrar de lleno en el análisis de lo que fue el fascismo y situarlo en su justo lugar; que se estudien las razones del 18 de julio de 1936, la participación de Franco en la guerra y después de la misma, se ponga en la balanza lo positivo y lo negativo y se diga, para siempre, lo que España ganó, o no, durante esa etapa de la Historia, asumiéndola unos y otros como punto final; y que se analice el movimiento-partido Falange Española, se llegue a la conclusión de por qué nació, se pondere lo que aportó a la convivencia y al progreso de los españoles, y se delimite quiénes se sirvieron de esas siglas y a quién sirvieron, y quede para la historia el ejemplo de un movimiento que se vio metido en una guerra sin pretenderlo y que aportó un estilo de vida que influyó notablemente en los españoles, dejando una doctrina digna de ser analizada, y un arquetipo de hombre político decoroso como lo fuera su fundador.
Pero, lógicamente, haciendo el análisis completo de cuantos grupos han estado presentes y actuado en la vida española en el inmediato tiempo anterior, o viniendo de fuera, y han influido grandemente en los destinos de España, pues es justo no quede olvidado en el carcaj su muy destacada incidencia en los hechos acaecidos en esos años dolorosos.
No es menester extenderse demasiado al respecto. Es indudable que habría que hablar del Partido Socialista Obrero Español, pues desde su nacimiento, a pesar de los «cien años de honradez», promovió la subversión, con constantes amenazas de sus dirigentes, con revoluciones como la de Asturias de 1934, con la quema de iglesias, el asesinato, las checas…; y también sería conveniente sacar a relucir al Partido Comunista Español que sembró el terror en España, que actuó como legado del Partido Comunista de Rusia en la operación de dominar España como cabeza de puente para otros asaltos posteriores, que nos trajo el maquis para seguir sembrando el terror en las áreas rurales cuando ya España se iba rehaciendo de los estragos de la guerra; tampoco sería un dislate estudiar la trayectoria de la Izquierda Republicana de Cataluña, que cometiera desmanes sin cuento y que, incluso, en fechas no tan lejanas, todavía siguió asesinando bajo las siglas de Tierra Libre; sin olvidar, naturalmente, al católico PNV, que tanto «antes» como ahora ha estado empeñado en desmembrar de España a las provincias vascas, usando en el intento todo tipo de acciones y artimañas, desde la concomitancia con ETA en todo tiempo a las chulerías del último lehendakari ante los Tribunales de Justicia y toda la nación española; sin entrar en más vericuetos en esta enunciación por no hacer interminable estas líneas que nacieron con vocación de ser breves.
Para terminar, digamos una vez más que es sorprendente cómo se lanzan los dardos y por quién. Pues, como es sabido y no precisa mayor explicación, debería ser mucho peor calificar a alguien de socialista, comunista, separatista que de fascista, franquista o falangista. Mas no es así. Por eso nos encontramos con que cualquier monterilla socialista (y en ello incluimos a toda la gama de dirigentes) imparte clases de democracia y talante desde el orgullo que le produce pertenecer a un partido de tan larga historia plagada de dislates; o que los representantes del decrépito partido comunista, tengan la osadía –cuando está documentalmente demostrado las barbaridades, crímenes y terror que han extendido por el mundo entero, y particularmente en España– de decir con arrobo necedades desde su podio de demócrata de toda la vida; o que un asesino, si no confeso sí demostrado, reciba el título honorífico de doctor honoris causa por la Universidad Complutense por su ¡aportación a la paz!, obviando sus antecedentes hasta que se cubrió con la piel de oveja, sin que se arrepintiera de los hechos anteriores ni pidiera ese perdón que ahora exigen a los otros; o que extremistas radicales republicanos de esa tierra española que es Cataluña, a pesar de sus recientes antecedentes, reciban todo tipo de zalamerías para poder formar Gobierno en aquella comunidad autónoma, sirviendo, también, de contrafuerte al Partido Socialista en el gobierno de la Nación; etcétera.
Pero que en la palestra de la vida política, o incluso social, salga a relucir como oprobioso un franquista de los que llenaron de pantanos España, posibilitando con ello la producción de la energía eléctrica necesaria y el abastecimiento de agua a las ciudades; que crearon la Endesa que se ha disputado el nuevo capitalismo globalizado; que elevaron a los españoles a la categoría de clase media; que industrializaron el territorio español; que concibieron las Universidades Laborales arrasadas por la democracia, así como la formación profesional que ahora echan de menos; que instauraron la Seguridad Social; que concibieron las pagas extraordinarias que tapan tantos agujeros; que pusieron en marcha los Convenios Colectivos y tantas otras ventajas para el trabajador español, aunque ahora sea preciso actualizar algunas de estas actuaciones por el cambio de los tiempos. A esos, como dice el refrán popular, chicharrón y matarile. Porque se olvida, en general, dentro del apagón impuesto por los demócratas (incluso algún periódico de rancio abolengo) ese tiempo importante de la historia de España que duró cuarenta años, en el que hubo aciertos y desaciertos, que de todo hay en la viña del Señor que nos dijo aquello de que el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.
Convendría hablar menos, no decir sandeces cuando se habla, ser honesto en las palabras que se pronuncian, respetar al pueblo al que van dirigidas, y encaminarlas al beneficio de la mayoría si no puede ser de todos.
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