REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS Nº 136 - Julio /Agosto de 2010
SOBRE LA TIERRA Luys Santa Marina
Sobre la tierra, la banda de azores
se abatió con las alas desplegadas;
nada quedaba oculto a las miradas
agudas de sus ojos avizores...
Hombres halcones de orgullosos ojos
eran los legionarios, y en el Día
de la Ira, en pos de banderines rojos,
talan y arrasan con cólera fría
cosechas y poblados. Todo arde,
hoguera inmensa, bajo la azul tarde...
Abandonados de todos, sólo Dios
y los machetes, nos abrieron paso
hasta la loma. Llegan, al acoso,
ahora un grupo, luego otro, al fin las dos
compañías. El aduar se refuerza
con parapetos de sacos terreros.
Los heridos y los muertos, los primeros
bajo techado. El resto de la fuerza
en el patio padece frío y hambre
bajo el cielo lúgubre y tenebroso.
Los pies a un lado y otro de un fiambre
tienen los tiradores. Desdeñoso,
triste, converso a solas con mi alma
agobiado por tan fúnebre calma...
Uno muere partiendo corazones;
otro se ofrece por blanco seguro;
el hechizado rompe su conjuro
y el pater les reparte bendiciones
por igual. Y flamean las banderas.
Marchan los unos y los otros vienen
cual mezquinas verduras de las eras. Todos hermanos son en las angustias;
las fuertes manos y las manos mustias
se unen generosas y sinceras.
Quien una vez le vio, ya no le olvida,
estremecido como flexible arco
al lanzar la saeta, o cual acero
toledano; ardiéndole los ojos
bajo el chambergo, su noble corona;
y aquel rostro viril y el brazo alzado
señalando hacia las montañas moras:
Allí están las estrellas
para las guerreras legionarias,
hijos míos.
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