Altar Mayor - Nº 97 (48)
Fecha Monday, 17 January a las 21:00:14
Tema Altar Mayor


REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 97 – Enero de 2005 (Extraordinario)

Filatelia 2005
LA COMUNICACIÓN ENTRE EUROPA Y ESPAÑA
Por Joaquín M. Pavón [1]

El pasado mes de Mayo se celebraron las ya tradicionales «Conversaciones en el Valle», que este año versaron sobre españa en europa (¿españolizar Europa?).

Nosotros con humilde leal saber y entender, queremos aportar un granito de arena a las reflexiones de alto nivel intelectual que han desarrollado nuestros compañeros de la Hermandad del Valle de los Caídos y lo haremos a la inversa, es decir, la comunicación entre Europa y España («europeizar España) a través del Camino de Santiago.

Europa, en cuanto entidad civilizadora y en cuanto cultura, ocupa uno de los primeros puestos en la Historia. En el transcurso del tiempo, Europa consiguió realizar una singular síntesis de diversas herencias valiosísimas: la filosofía griega, el derecho romano, las culturas eslavas y germánicas, el cristianismo. Todo ello produjo el resultado de una gran riqueza humanística, con una clara conciencia de la libertad y un especial espíritu creador.

Europa es una realidad geográfica, histórica y sociocultural que comprende una pluralidad de naciones. Pero Europa es también una aspiración, un ideal. Desde esta última perspectiva el deseo de conseguir una Europa hermanada, solidariamente unida y con un destino común es antiguo. Baste citar que en uno de los momentos más importantes de la historia de la unificación, el de Carlomagno, los emisarios de Alfonso II establecieron relaciones amistosas con su corte, como recoge Fefourneaux en su trabajo Carlomagno y el Reino de Asturias. Siglos más tarde y adelantándose a ilustres precursores del Continente, Jovellanos preveía expresamente el momento en que la fuerza del progreso había de conducir a la federación de Europa, cuando escribió en su Tratado teórico-práctico de la educación: ¿quién no ve que el progreso mismo de la instrucción conducirá algún día, primero, a las naciones más adelantadas de Europa y al fin, las de toda la tierra a una confederación general?».

Fue el Camino de Santiago, la ruta de peregrinación, el camino de la fe que conmoverá Europa en el Medievo; la ruta de le entrada europea religiosa y cultural. Sobre la influencia decisiva de sus rutas Goethe ha dejado escrito que «la idea de Europa nació peregrinando a Santiago.

Al renacimiento económico de la España cristiana durante los siglos xi y XII contribuyó poderosamente en algunas regiones el creciente desarrollo de las peregrinaciones a Compostela. Por la senda del Camino de Santiago venían a la Península numerosos peregrinos para dirigirse a la turba del Apóstol y con ellos muchos mercaderes y artesanos, que a menudo se establecían de un modo permanente en las ciudades y localidades situados a lo largo de la ruta. Estos peregrinos eran franceses, ingleses, alemanes, italianos y flamencos, comprendidos todos ellos bajo el nombre común de francos, y esta inmigración franca fue bastante densa, sobre todo en Aragón y Navarra, pero llegó también a Castilla, León y Galicia, contribuyendo al desarrollo demográfico, mercantil, industrial y urbano de una extensa zona septentrional de la Península, reanimados los centros de población de esa zona por la corriente mercantil originada por las peregrinaciones compostelanas. Así, desde la segunda mitad del siglo XI el comercio europeo llegaba ya a la España cristiana con la importación de paños flamencos (paños brugesos o de Brujas, etc.) y de otros objetos, según lo acredita una tarifa o arancel aduanero de los portazgos de Jaca y de Pamplona establecida por el rey navarro-aragonés Sancho Ramírez (1076-1094). Armas y telas francesas, paños flamencos y otros productos eran importados a la España cristiana por mercaderes ultrapirenaicos y se pagaban con el oro musulmán de las parias o tributos anuales satisfechos a los príncipes cristianos por los reyes de Taifas, oro islámico que de esta manera pasó a la Europa occidental. Por su parte, los Estados hispano-cristianos exportaban a los países de ultramonte objetos de cobre (hispanicum metallum), cautivos de guerra reducidos en cuanto tales a servidumbre, algunas pieles y mercancías de lujo de origen oriental o andaluz, procedentes de al-Andalus, como piezas de seda y tejidos para tapices.

Esta mayor actividad comercial promovida por las peregrinaciones compostelanas favoreció el desarrollo de la economía urbana en ciudades del Camino como Pamplona, Jaca, Estella, León y, sobre todo, Burgos, que inició su prosperidad económica en el siglo XII, en tanto que Compostela era ya en este siglo una ciudad poblada de burgueses dedicados a la industria y el comercio, animada por la presencia de los peregrinos extranjeros y en la que algunos cambistas negociaban con el cambio de moneda.

El renacimiento comercial y urbano originó desde los comienzos del siglo XII la reunión anual de los comerciantes en algunas localidades, o sea, de ferias (nundinae), protegidas por los príncipes y de mayor radio de acción que los mercados locales, como la feria que desde el año 1116 se celebraba en Belorado, villa cercana a Burgos, y que fue, sin duda, originada por el creciente tráfico mercantil del Camino de Santiago. Poco después, a mediados del siglo XII, Alfonso VII concedió a Valladolid en 1152 una feria que debía durar tres semanas y otra a Sahagún en 1155, y a finales del mencionado siglo se reunía también una nueva feria en Cuenca, mientras en Cataluña una de las primeras ferias de que se tiene noticia es la de Moyá (localidad próxima a Vich), fundada por Ramón Berenguer IV en 1153. Pronto otras muchas poblaciones del reino leonés-castellano tuvieron sus ferias (Brihuega en 1215, Cáceres en 1229, Sevilla, Guadalajara, Badajoz, Murcia, Alcaraz en el reinado de Alfonso X) y, a partir del siglo XIII, algunos mercados y ferias fueron francos, o sea, libres de impuestos y gabelas.

Pero esta formación de poblaciones burguesas se encuentra en los Estados de la Reconquista relacionado, en gran parte, con las peregrinaciones a Compostela y con la inmigración de extranjeros o francos a las localidades situadas a lo largo del Camino de Santiago. En efecto, los barrios mercantiles o burgos únicamente se formaron en los territorios sometidos a la influencia francesa y en las regiones atravesadas por las peregrinaciones compostelanas o colonizadas más o menos por mercaderes y artesanos francos, y tan sólo en esas zonas llegó o ser el término burgués el usado comúnmente para designar a los habitantes libres de los centros urbanos de población. Así, en la España cristiana medieval, el origen mercantil de la burguesía solamente se comprueba en las ciudades que debieron su desarrollo a la formación de sus poblaciones burguesas, el renacimiento de las actividades comerciales y a la inmigración de pobladores venidos de ultramontes, o sea francos, como consecuencia de las peregrinaciones a Santiago (Jaca, Pamplona, Estella, Logroño, Nájera, Burgos, León, Lugo, Santiago y otras localidades). Asimismo el factor mercantil debió originar igualmente la formación de los grupos sociales burgueses en aquellas comarcas donde actuó la influencia francesa, ya desde los comienzos de la Reconquista, como Barcelona o Gerona.

Venían los peregrinos medievales, ricos y pobres, señores y vasallos, pecheros y prelados, con la humilde vieira -el pecten jacobeus- como una flor marinera sobre el pecho, desde la lejana Polonia; desde Maguncia; de la Alta Aquisgrán, por la nieder Stresse Suiza que pasaba por Einsedeln; desde Italia o Inglaterra. Y sobre todo venían desde Francia vecina y cristianísima: del mismo París, sobre los tejados de cuya Rue Saint Jacques cantaron los presuntuosos, los prepotentes gallos carolingios que allí empezaba también aquel otro Camino de Santiago que pinta la Vía Láctea por la nebulosa de los cielos. De todas partes de Europa, porque tal era la fama del Apóstol hispánico que, en la noche de la Alta Edad Media, hasta los piratas normandos, cuando llegaban abajo del Mar Británico, sabían para bien y para mal -porque alternaban la fe con el pillaje- dónde estaba la primitiva tumba de Iria Flavia y dónde Compostela, en la misteriosa tierra galaica que ellos llamaron «Jakobslaend».

Se calcula que unos 250 millones llegaron al «solar» de Santiago, en el «Finis Terrae» hasta el siglo XVIII: impresionan las huellas de los cinco dedos excavadas en el mármol de la columna (árbol de Jessé) del Pórtico de la Gloria por el simple tacto de la mano derecha de los peregrinos.
 

Personajes ilustres que han realizado el Camino de Santiago

La nómina de ilustres personajes peregrinos europeos la encabeza el obispo Gotescelcos.

En 950 el obispo de Le Puy, Gotescalcos, es el primer peregrino francés que visita la tumba del Apóstol. Le sigue Hugo Vermandais que en 961 va a Santiago desde Reims y muere ese mismo año. En 1056, Roberto, monje de Santiago de Lieja, encabeza una nutrida peregrinación de flamencos. En 1072, el arzobispo de Maguncia, Sigfrido I, es el primer peregrino alemán en Compostela. En 1094, el primer peregrino inglés Ansgot de Borwell, de Lincolnsbire, da cuenta de su viaje a la tumba del Apóstol. El 12 de Mayo de 1095 llega a Compostela el arzobispo de Lyon con gran acompañamiento de clérigos y peregrinos. En 1098, san Guillermo de Vercelli y san Theobaldo de Mondovi, son los primeros santos peregrinos a Santiago. Asimismo se sabe de la presencia del escandinavo Sigurd; de Guillermo VII, duque de Quitenia; de Enrique, obispo de Winchester; del duque de Sajonia Enrique de León; de Raimundo de Borgoña. En 1125 llega a Santiago Matilde, hija del Rey de Inglaterra Enrique I, y viuda del emperador de Alemania Enrique V. En 1137, Guillermo X, Duque de Aquitania, muere el Viernes Santo ante le tumba del Apóstol; había peregrinado para expiar los daños que hiciera en Normandía. En 1140, Aymeric Pícaud lleva a Santiago el Códice Calixtino, que él ayudó a contemplar. Calixto II había muerto en 1124, pero los monjes de Cluny siguieron trabajando en el Códice, fuente de historia y de textos literarios como el Libro de Turpín. Los monjes copiaron el Códice en veinte idiomas, y se difundió así por el orbe la pasión por peregrinar a Santiago de Compostela. El 6 de junio de 1147 entraron en Compostela los peregrinos de una escuadra de más de doscientas naves, inglesas, elemanas y borgoñonas, que mandaba el Conde de Flandes. En 1153, Nicolás, obispo de Cambray, visita la tumba de Santiago. En 1154 llega la peregrinación del rey Luis VII de Francia, casado con una hija de Alfonso VII el Emperador. En 1164 peregrina a Santiago Conrado I, Arzobispo electo de Maguncia. En 1175, Amno von Blakenburg, obispo de Rinden, crea en Santiago la confraternidad de oraciones entre Compostela y su obispado de Alemania. En este mismo año la Condesa Sofía de Holanda, a su regreso de Santiago, ilesa de una tentativa de asesinato, hecha por los ladrones que acechaban a los peregrinos. En 1180, un clérigo, familiar del Obispo Eskil, es el primer sueco que visita la tumba del Apóstol. En 1185, Enrique León, Duque de Sajonia, peregrina a Santiago. En 1190 visitan la tumba del Apóstol, San Morando, cluniacense, Santa Bona de Pisa, San Alberto, eremita, el Arzobispo Guillermo de Reims y el Abad Enrique III, del Monasterio de Fulda. En 1203 llegan a Santiago Wolfgang, conde del Rhin y su mujer Guda. En 1212, tras la batalla de las Navas de Tolosa, llegan a Compostela Guillermo II, Arzobispo de Burdeos y el Obispo de Nantes. Entre 1213 y 1215 se sitúa la peregrinación de San Francisco de Asís a Compostela. En 1244, Sancho II, rey de Portugal, peregrina a Santiago. En 1270 la princesa Ingrid, con su séquito de nobles hizo a pie el viaje desde Suecia hasta Santiago, Roma y Jerusalén. Volvieron a su tierra en la misma forma, e Ingrid fundó un convento de dominicos. En 1297 peregrinaron Eduardo I de Inglaterra y Hugo IV duque de Borgoña. En 1325, Santa Isabel de Portugal visitó el 25 de julio la tumba del Apóstol Santiago y le ofreció sus galas de reina. En 1340 tiene lugar la peregrinación de Santa Brígida de Suecia. En 1386, el Duque de Lancaster llega a Compostela en son de conquista, pues llevaba un ejército de soldados, no de peregrinos; recibió las llaves de 1a ciudad, pero no hizo sino irse con toda su familia a rezar ante la tumba del Apóstol. En 1397, el Marqués de Ferrara llega a Compostela con un gran séquito de criados y peregrinos.

Veamos ahora algunos de los peregrinos del siglo XX. En 1918, la Emperatriz Eugenia de Montijo, procedente de Santiago de Compostela, pernoctó en la villa asturiana de Luarca; venía acompañada de su sobrino-nieto el Duque de Alba y otros parientes; Eugenia de Montijo, viuda de Napoleón III falleció el 11 de Julio de 1920 a los 94 años. En 1939, el mariscal Petain, prestigioso militar francés, héroe de Verdúm, visita Santiago de Compostela, ofreciendo un copón de plata al Apóstol. En 1954 gana el Jubileo el Cardenal Roncalli, futuro Papa Juan XXIII. En 1990, en el mes de noviembre, el Primer Ministro francés Michel Rocard visitó Santiago de Compostela acompañado de su esposa, en una visita de carácter privado. En 1993, Anibal Cavaco Silva, Primer Ministro portugués, ganó el 6 de marzo el Jubileo, Indulgencia Plenaria concedida por el Papa ese Año Santo. El jefe del ejecutivo luso es el segundo dignatario extranjero que peregrina a Santiago; le había precedido el presidente de Bolivia Jaime Paz Zamora. En 1995, el 27 de abril, Harald V de Noruega confesó su emoción por saberse tan cerca de la historia, al llegar a Santiago con su esposa la reina Sonia, y los Reyes de España. Visitaron la catedral y abrazaron al Apóstol. En 1997, una descendiente directa de la reina María Estuardo, de Escocia, Elspeth Chichton Stiuart, después de recorrer a pie el Camino de Santiago desde la raya de Asturias con Galicia hasta la tumba del Apóstol, manifestó que siguió la ruta jecobea por «motivos de espiritualidad». «Fue una experiencia única e irrepetible». Su nombre, traducido al español, es Isabel Estuardo.
 

Reflexión final

Las últimas elecciones al Parlamento europeo han puesto de manifiesto lo lejos que aún estamos del horizonte de una Europa Unida y lo poco que han contribuido para conseguirlo nuestros actuales gobernantes, muchas veces influenciados por pseudo-intelectuales progres partidarios de imponer en Europa teorías laicistas que van en contra de sus propios orígenes.

Es sorprendente que todo esto se pretenda poner ahora, después de siglos de historia, en tela de juicio, haciendo borrón y cuenta nueva, menospreciando la gran 1abor realizada en estos últimos años por insignes personajes como Schuman, De Gasperi y Adenauer, que eran católicos practicantes. Cabe recordar asimismo que Sánchez Albornoz invitaba a una intelectual andaluza que añoraba la dominación árabe a cruzar simplemente el otro lado del Estrecho si no estaba contenta en la Andalucía cristiana. Y lo que nos dice el filósofo Gustavo Bueno en junio de 1991: «Y no estaría de más recordar desde este lugar de La Rioja, que Santiago, su sepulcro, la turbina que desde Finisterre puso en marcha la gran corriente humana  que durante siglos circuló por Europa, fue inventado por Alfonso II de Asturias; que Santiago, no su sepulcro, sino su real efigie, montada en un caballo blanco, combatió en Clavijo, al lado de Ramiro I de Oviedo y que fue el mismo San Millán quien, junto a Santiago, combatió con Ordoño II, hasta lograr derrotar a Abderraman III en la batalla de Simancas.

En estas cuartillas hemos querido dejar constancia de algunas referencias de lo que significó la impronta del Camino de Santiago, de lo que aún hoy significa cuanto revive aquel sueño medieval que empezó a forjar lo que con el tiempo ha venido a ser la Europa unida.

Hay que insistir una vez más que fueron justamente el cristianismo y la ruta jacobea los que dieron el impulso definitivo a esta identidad. La extraordinaria vitalidad espiritual, social, cultural y económica de la ruta fue en origen eje vertebrador de la primera conciencia común de Europa.

Por todo ello esperamos y deseamos que se imponga la sensatez para verla transformada en una unión política auténtica. Esto serviría además para fortalecer todos los lazos culturales que han permitido a Europa alcanzar un lugar de primacía en la Cultura Universal.
 

Post escrito

Hoy, 8 de septiembre de 2004 (festividad de Nuestra Señora de Covadonga), en que finalizamos este trabajo, la prensa nos anuncia que: «El jurado que falló ayer el premio “Príncipe de Asturias” de la  Concordia optó por entregar el galardón al Camino de Santiago, una tradición nacida en el siglo IX, en tiempos del monarca asturiano Alfonso II».

Con el tiempo, la peregrinación afirmó tanto la fe cristiana que ni siquiera la reforma protestante que supuso una ruptura del espacio confesional europeo impidió que desde todo el continente siguieran llegando miles de peregrinos.

El galardón se suma al reconocimiento que en años pastados el Camino obtuvo de instituciones como la UNESCO y el Consejo de Europa, que destacaron que en él se ve representado el significado del ser humano en la sociedad, las ideas de libertad y de justicia y un espacio de diálogo y de reunión.

El director de la Real Academia de la Historia se remontó a los siglos de historia de la ruta jacobea para recordar que toda Europa estaba atravesada por diversos senderos que seguían los peregrinos encaminados a Santiago en busca de la gran perdonanza.

Nosotros, como santiaguistas y como asturianos, nos congratulamos de este premio.
 

Bibliografía

  • Ferrer, Alfonso: estructura social y política. Ed. Doncel, 1971, págs. l63 y 165.
  • Gran Enciclopedia Asturiana, Tomo 6, pág. 186.
  • Veldecvellano, Luis g. de: curso de historia de las instituciones españolas. Alianza. Editorial. Madrid 1982, págs. 274, 275 y 335.
  • PAVÓN, JOAQUÍN M.: La ruta jacobea en la filatelia. Págs. 71, 218, 309 a 315.
  • Catálogo oficial Anfil de sellos de España. 11ª Edición 1999.
  • Diario la nueva españa de Oviedo, día 7 de septiembre pág.43 y día 8 pág. 53.
  • Boletín de la Asociación Interregional de los Amigos del Camino de Santiago «Alfonso II El Casto», nº 3. Oviedo 30.XII.99.



[1] Joaquín M. Pavón, cursó estudios en la Escuela Social y en la Facultad de Derecho de la Universidad de Oviedo y se diplomó en Derecho Comunitario Europeo en la Politécnica de Madrid. Ha colaborado en diferentes diarios y, siendo gran aficionado a la filatelia, con ocasión del Año Compostelano de 1999 publicó el libro La ruta jacobea en la filatelia









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