REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 97 – Enero de 2005 (Extraordinario)
EUROPA Y EL AMIGO AMERICANO
Por Gustavo Morales [1]
«Devolver la fe colectiva a los españoles en los destinos de
la Patria, ya que ésta, necesariamente, ha de marchar a la cabeza de la nueva
Europa» [2].
José Antonio
La Cristiandad
El liderazgo de Europa en el planeta se esfumó después de dos guerras
mundiales en el siglo XX. Hicieron su aparición dos nuevos actores imperiales,
de los cuales uno, el soviético, no sobrevivió al cambio de época. Estados
Unidos es la única superpotencia, en cuya construcción intervino de modo muy
especial el luteranismo, base de la alianza de Washington con Jerusalén. Max
Weber lo explica en La ética protestante y el espíritu del capitalismo.
Europa es la unidad de la Cristiandad, cuna del imperio universal y por tanto
católico. A la Roma que latinizó Europa la sucede la Roma que la cristianiza.
Hoy, la Unión Europea es consecuencia de la colaboración entre demócratas
cristianos alemanes y franceses, socialistas italianos y social cristianos de
Benelux durante la reconstrucción de un continente arrasado por la madre de
todas las guerras. La influencia cristiana en la fertilización de la Europa
actual ondea en la bandera azul con un círculo de estrellas doradas reconocible
para cualquier marianista.
En cualquier caso, Occidente no es ya la tierra donde habitan la mayoría de
los cristianos. De los dos mil millones de cristianos que hay en el mundo, 1.246
millones se encuentran en África, Asia, Oceanía e Iberoamérica y 821 millones en
Europa y América del Norte.
Europa 25
La fuerza de Europa la constituye un foro político común que sigue a la
libertad de circulación de capitales, personas y mercancías, hasta que los
agricultores franceses quieran. De la unión económica a la política. Un mercado
de 400 millones en una sociedad desarrollada, compartiendo la misma moneda, con
poblaciones instruidas al modo occidental, productora de tecnología y otros
bienes y servicios que compiten directamente con los norteamericanos. En este
aspecto económico, el principal desde la óptica liberal, la Unión Europea y los
EE UU son rivales irreconciliables porque sus industrias y servicios no son
complementarios sino idénticos. Tanto que empresas como Dainler Benz trasladan
plantas de fabricación a Estados Unidos donde el trabajador cobra menos que el
alemán y los sindicatos son menos quisquillosos.
Si la primera Europa, la del carbón y del acero, era rica, la actual asume
financiar en el ala oriental el alivio de las penurias y caricaturas económicas
que legó el marxismo, doctrina europea que sólo sobrevive en Asia. Los países
que han ingresado hasta completar los 25 miembros de la Unión Europea actual
unos son restos del imperio austrohúngaro, como Hungría, la República Checa y
Eslovaquia, en la órbita de Alemania; otros son pedazos del poderío soviético,
como los países bálticos; a lo que sumamos la peculiaridad de las islas Chipre y
Malta muy vinculadas al enfrentamiento histórico entre el Islam y Occidente en
el Mediterráneo. Los restos de los imperios suelen dar problemas. El siglo XX se
estrenó y clausuró en nuestro continente con un conflicto en los Balcanes, uno
destruyó el imperio austrohúngaro y el otro Yugoslavia y la política exterior
independiente de la UE. El fracaso en prevenir y detener la guerra fue palmario.
La OTAN resolvió el conflicto siguiendo el interés del socio mayoritario.
La República Checa, Eslovaquia y Polonia tienen la renta per capita más baja
de los 25, los dos últimos países también ostentan la mayor tasa de paro.
Hungría y Eslovenia sufren la inflación más alta. En el lado esperanzador, dos
países bálticos, Letonia y Lituania, presentan el mayor incremento del PIB. Para
lubricar las plumas de cuantos escapan a la tradicional órbita rusa, la prima de
enganche a la Unión Europea incluyó antes de la firma 408 millones de euros: 108
para Polonia; 100 para Malta, República Checa y Eslovenia, y 200 para el resto.
La UE garantiza ahora esas fronteras y «colonizará» esos países frente a su
antiguo preceptor, Moscú. A cambio abrirá las barreras a un buen número de
trabajadores, con cuadros medios muy cualificados.
El resultado de la caja está en números rojos para Bruselas que debe hacer
una nueva distribución de las ayudas, en detrimento de la Península Ibérica, y
regatear con Alemania que redirige sus fondos de desarrollo a la zona oriental
de la nación unida. Londres quiere reducir su aportación. El gobierno británico
asegura que desde 1994, descontada la devolución que recibe, Reino Unido ha
aportado 58.000 millones de euros, mientras que Francia ha puesto 29.000
millones e Italia 17.000 millones [3].
Londres tuvo una contribución neta al presupuesto en 2003 de 3.800 millones de
euros, frente a los 1.700 millones de París o los 1.100 millones de Roma. España
y Portugal, hasta ahora, eran beneficiarios si no consideramos reconversiones o
las cuantiosas multas y detalles como la necesidad de reducir la cuota láctea,
por debajo del autoconsumo, para que otros socios más antiguos siguieran
exportando.
Alemania
El presidente germano reconoce que es imposible equiparar a los ciudadanos
del Este y el Oeste de la misma nación. La constitución se convierte en papel
mojado. En tiempos de crisis florece el fascismo. Las elecciones alemanas lo han
reflejado. Más cuando el presidente polaco, Alexander Kwasniewski, se ve
amenazado por las reclamaciones de tierras de los germanos expulsados en 1945,
con el corrimiento de fronteras. Varsovia busca un trozo más del pastel y exige
a Berlín reparaciones de guerra. El canciller Schröder rechaza ambas
pretensiones que alimentan los nacionalismos polaco y germano. Alemania, que
refuerza su posición con el giro de Europa al Este, tiene reivindicaciones
irredentas que calla en recuerdo de Munich. Los astilleros polacos están en la
antigua ciudad de Danzig, hoy en manos de Solidaridad de Walesa. La ciudad de
Kant, Koenisberg, es hoy la rusa Kaliningrado. Y en Berlín estrenan El
hundimiento, película alemana donde Hitler en sus últimos días no se comía
ya a los niños crudos por los pasillos del bunker entre los murciélagos y las
cámaras de tortura.
La llegada de la democracia liberal a los antiguos satélites soviéticos ha
generado un efecto desesperanzador a medio plazo. Al vacío tras la caída de las
estructuras autoritarias marxistas le han seguido las mafias, el paro y la
desindustrialización. El subempleo de la economía comunista lo añoran los sin
trabajo en la economía capitalista. Sus cuadros medios, muy cualificados
técnicamente, han emigrado a los países donde la poesía bolchevique señalaba al
Ejército Rojo «montañas de carne y lagos de mantequilla».
La Unión Europea fracasa en la resolución del problema de los Balcanes.
Washington asume el mando, los bombarderos norteamericanos arrasan Serbia y de
las cenizas una república islámica nace en el continente: Bosnia. La apoyan el
romanticismo de la opinión pública norteamericana (USMC) y los pasdarán
[4] iraníes. Con bastante menos
glamour que las ministras Vogue. El status que alrededor de las
fronteras emanadas de la II Guerra Mundial se viene abajo también en Europa.
Plus ultra
La Unión Europea es una amenaza comercial y tecnológica para los Estados
Unidos pero no es rival militar, político, ni financiero. El músculo militar
norteamericano se ejercita varias veces por década. Más con la desaparición de
la paridad inherente a la Guerra Fría.
Para lubricar el conveniente apoyo de la ONU, el equipo del presidente
Clinton se ocupó del cambio en la secretaría general de Naciones Unidas,
deshaciéndose del secretario árabe, Boutros Ghali, y situando en su lugar al
keniata Kofi Annan. Dick Clark, asesor con Bus padre, Clinton y Bus hijo, lo
coordinó. Clinton ordenó el lanzamiento de misiles de crucero contra objetivos
en Sudán y Afganistán. De nuevo firmó una orden autorizando de nuevo a la CIA a
matar personas, en este caso era Ben Laden, a quien ya buscaban antes del 11 de
septiembre. El uso de la fuerza no es exclusivo de los republicanos. Aunque John
Kerry fuera presidente no habría variaciones significativas en la política
exterior de Washington. El apoyo formal para evitar la apariencia de
unilateralidad lo da la alianza especial con el Reino Unido, Portugal y las
naciones orientales de Europa que necesitan la aquiescencia de Washington para
acceder a financiación y desarrollo. Varios de los países que ingresan en los 25
mantienen una política exterior totalmente norteamericana que materializan con
tropas en Irak. Durante las negociaciones de ingreso en la UE Francia advirtió
seriamente a Polonia por sus declaraciones respecto a la intervención de Estados
Unidos en Irak.
Con la fuerza militar máxima se plantea como última razón y el apoyo o la
pasividad del foro internacional onusino, Estados Unidos no tiene suficiente.
El control que ejerce Washington sobre los organismos que regulan el comercio
y las finanzas del mundo es férreo. Uno de los más duros políticos
norteamericanos, lo explica así: «También debe incluirse como parte del sistema
estadounidense la red global de comunicaciones especializadas, particularmente
las instituciones financieras “internacionales”. El Fondo Monetario
Internacional (FMI) y el Banco Mundial se consideran representantes de los
intereses “globales” y de circunscripción global. En realidad, empero, son
instituciones financieras fuertemente dominadas por los Estados Unidos»[5].
Ese país, que es el mayor receptor de créditos del planeta, dirige la economía
global con la hegemonía anglosajona en los aparatos mundiales que controlan los
préstamos, y dirigen las inversiones y el comercio planetario. La globalización
de la economía responde a la necesidad de estandarizar que tiene el modo de
producción capitalista, unificando los hábitos de consumo de distintas culturas.
La regla de oro del abogado Fisac.
La ventaja de Washington sobre Bruselas no se circunscribe al poder y al
dinero. Parecen haber sido los mejores discípulos de Gramsci, huésped de
Mussolini, en la batalla cultural que precede a la política. El consejero para
la Seguridad Nacional del presidente Carter escribe: «La cultura de masas
estadounidense ejerce un atractivo magnetismo especialmente sobre la juventud
del planeta [...] Los programas de televisión y las películas estadounidenses
representan alrededor de las tres cuartas partes del mercado global»[6].
El presunto magnetismo responde también a lo reducido y esperpéntico de otra
oferta en los medios.
Junto con la cultura de masas, con la homogeneización de los comportamientos
y gustos viene la producción y distribución de bienes de consumo a escala
global. La gran masa, en los medios audiovisuales, recibe la información opinada
y el comportamiento aceptable a través de la televisión y el cine que reflejan
de forma aplastante y constante el american way of life. Por si no ha
dado resultado, el FBI anuncia que tiene acceso a los datos de los pasaportes
extranjeros, con foto y huellas dactilares. La Comisión Europea destaca como
prueba de la mejora de las relaciones bilaterales el que haya sido informada.
En el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de la Universidad
Johns Hopkins de Washington, predica un profesor: «La principal meta estratégica
de los Estados Unidos en Europa se puede resumir en pocas palabras: consiste en
consolidar [...] la cabeza de puente estadounidense en el continente
euroasiático»[7]. Europa está perdiendo
también la batalla de la cultura global y los «halcones» de Washington la
perciben como una «cabeza de puente» desde donde actuar sobre Asia, donde habita
gran parte de la humanidad. En el imaginario del Pentágono, Europa es Normandía.
Estados Unidos piensa que salvó en dos guerras mundiales a Europa, ¿a qué
Europa? es otra pregunta. Desde esa óptica, los dirigentes norteamericanos están
«contra los europeos por aprovechados, desagradecidos, egoístas dedicados a su
bienestar e incapaces de dar cara a los problemas de nuestro tiempo»[8].
Alfaquíes
Hemos visto cómo nace un estado musulmán, con su población más moderada que
sus dirigentes, en Bosnia Herzegovina. El dinero saudí, tan ubicuo, también
fluye hacía allí.
Tras constituir la Europa de los 25, se presenta al modo de Toynbee un nuevo
reto: el ingreso de Turquía, abriendo las fronteras de Europa a setenta millones
de musulmanes con un gobierno islámico y la espada de Damocles en que Mustafá
Kamal, el Ataturk, convirtió al Ejército turco. El ingreso de Turquía
supone incluso sobrepasar las fronteras del continente, sólo el tres por ciento
del territorio otomano está en Europa y su abundante población le daría una gran
representación en el parlamento europeo, mientras su bajo nivel de vida le haría
objetivo de todas las ayudas. Pero eso no es lo más peligroso. Las permeables
fronteras turcas limitan, entre otros, con Irak, Irán, Siria, Armenia y Georgia.
A los inmigrantes de África y América se sumarían los de Asia central. Que
pregunten a los iraníes de Mashad su convivencia con los emigrantes afganos.
La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), que
participa habitualmente en la supervisión de procesos electorales, ha renunciado
a enviar observadores a las presidenciales celebradas en Afganistán el 9 de
octubre. El ministro Bono reconoció el pasado 6 de octubre en Telemadrid que hay
reuniones europeas de ministros de Economía o de Agricultura pero no de Defensa
sin estar bajo la mirada reprobatoria de los de Exteriores.
Europa no se siente segura con fracciones radicales crecientes del Islam que
han dejado su sello en dos 11, S y M a ambos lados del Atlántico. La única
actitud que defiende su república es francesa, aunque para quitar el velo
despojen también los crucifijos de las escuelas.
Ante el fanatismo doctrinal de muchos almuédanos el viejo continente carece
de un modelo válido y creíble. La constitución europea ha abandonado algunas
señas de identidad básicas. Menos válido y creíble aún cuando se trata de
combatir muyahidines, combatientes en la causa de Dios. Ellos creen en
Dios mientras en Occidente reina un cinismo cansado. A los millones de jóvenes
de América del Sur, África y Asia se les da a elegir entre una vieja prudente y
sabia y una joven fogosa y alocada.
En Nueva York no olvidan que la Estatua de la Libertad es un regalo galo que
el humor francés modeló basándose en una prostituta. Y esa orgullosa silueta,
sky line dicen, junto al mito de la invulnerabilidad del territorio
estadounidense, se vinieron abajo con las torres gemelas y miles de «infieles»,
kafar. La nueva Babel, los mercaderes de Occidente, el triunfo de la
ingeniería sobre la gravedad, se desploman en el pensamiento suicida de los
kamikazes musulmanes y árabes que pilotaban los aviones. Ofrendan su vida
matando infieles. Viento del este, de Levante.
En algunos medios árabes y no, algunos escribían, pasado el dolor y la foto
de Arafat donando sangre, que los norteamericanos habían sabido un día lo que
había sido Beirut o Mogadisco. Un mudo «el que siembra vientos...» recorría
algunos artículos, algunos comentarios. Cuando el terror golpeó Madrid se lanzó
abiertamente esa misma acusación contra Aznar, por su compromiso con Washington
en Irak. El poder pasó al PSOE, las tropas españolas se retiraron a la orden del
Gobierno y el ministro Moratinos farfulla el paso de la órbita de Washington a
la estela de Francia. Efectos del 11 M. Lo contó muy bien el catedrático Juan
José Calaza de la Universidad de París.
El Eje
La Unión Europea gestiona el bienestar, producto perecedero ante la
competencia asiática a la que siempre se la puede crear una crisis financiera si
se tienen amigos en las instituciones oportunas que citaba Brzezinski. Pero el
modelo de vida que se extiende es el estadounidense. Los norteamericanos
desprecian las viejas conspiraciones y debilidades crueles de Europa. Si miran
hacia aquí ven que al gobierno socialista de OTAN de entrada no pero sí, bases
fuera pero no todas, le continúa, interregno Aznar, el gobierno socialista de
Guerra no en Irak pero sí en Afganistán o Haití. Los presupuestos de defensa de
los países europeos han sido artificialmente bajos gracias a la asunción de la
tutela armada durante la Guerra Fría por parte de Estados Unidos. España tiene
el menor gasto en Defensa de la Unión Europea.
Para reforzar el lado europeo de la conexión atlántica se forma el eje
franco-alemán, impensable durante dos siglos de guerras. Este eje constituye una
brigada de intervención franco-alemana y busca, por el prurito de la identidad,
una política exterior diferente en el matiz a la de Washington. Francia continúa
la política exterior gaullista y Alemania abre horizontes en el Este. Es más
visible en torno a la cuestión palestina, donde el Gobierno israelí desprecia y
desaira a los enviados de la Unión Europea mientras cuente con el apoyo de
Washington. El Eje divide en la UE en europeístas y atlantistas. Nada serio. Es
un sencillo reparto de la hegemonía dentro del continente por parte de las dos
mayores potencias, Alemania y Francia, cuyo peso y población le dan mayoría en
los órganos de decisión de Bruselas y Estrasburgo. Ambas sólo serían anegadas
por el ingreso de Rusia y desestabilizadas por el de Turquía.
En cualquier caso y a pesar de los discursos en la ONU, la orgullosa Francia,
potencia nuclear, rindió honores a los Estados Unidos en la reciente celebración
de Normandía. No es para menos.
Y Zapatero en la ONU nos cuenta El abencerraje y la hermosa Fátima o
cómo unir a Oriente con Occidente en la misma línea del discurso del persa
Jatami, presidente de la República Islámica de Irán, y su propuesta, más
limitada, de diálogo de civilizaciones.
[1] Gustavo Morales es periodista.
[2] Mitin de José Antonio Primo de Rivera celebrado en el
teatro Calderón, el 12 de enero de 1936
http://www.rumbos.net/ocja/jaoc2151.html.
[3] El País,
http://www.elpais.es/articuloCompleto.html?d_date=&xref=20040913elpepueco_6&type=Tes&anchor=elpporeco
[4] Guardias de la Revolución Islámica, Sepah pasdaran
engelab islami.
[5] Brzezinski, Zbigniew: El gran tablero mundial.
Edita Paidos, Barcelona, 1998, página 36.
[6] Ibíd., página 34.
[7] Ibíd.., página 93.
[8] Kagan, Robert: Poder y debilidad. Europa y EE. UU.
en el nuevo orden mundial. http://www.pensamientocritico.org/ionarr0703.htm