REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 97 – Enero de 2005 (Extraordinario)
¿PENSAMIENTO EUROPEO?
Por Juan Luis Calleja [1]
El pensamiento político de quienes ahora mandan en nuestro país ¿es propio
no, ya, de Europa sino de España? ¿Es, siquiera, pensamiento? La cátedra
magistral de quienes se llaman socialistas, aunque se discute si lo son,
sermonea sentencias, principios y moralejas que se hacen célebres en el acto y
espolean el asombro irónico de muchos espectadores. Como muestra de tan
resonante magisterio, merece la pena revisar algunas de sus más famosas
lecciones:
Lección a Clausewitz. La guerra contra el terrorismo internacional no se
gana con armas ni métodos militares sino con la igualdad de sexos. Pensemos
en Gonzalo de Córdoba cuando, antes de la batalla de Garellano, exclamó:
«Prefiero ir hacia la muerte dando tres pasos al frente, a vivir un siglo con un
paso atrás». Para nuestros maestros, el Gran Capitán puso en evidencia su
desorientación táctica. ¿Cómo no vió que, con un paso a la izquierda, habría
descubierto la igualdad de sexos y el camino cierto a la victoria?
Lección a Carlos III. La paz exige más valentía, más determinación y más
heroísmo que la guerra. Por eso las tropas españolas regresaron del Irak. Es
decir, que en las Ordenanzas militares de Carlos III debe abolirse cuanto
discrepe de este nuevo, heróico y determinante artículo: «La orden más bizarra,
honrosa y exigente es la de retirada». (También quedarían desaconsejados los
pasos al frente del Gran Capitán).
Lección al cristianismo. Lo que despierta mi vena rebelde son veinte
siglos de un sexo dominando al otro. Por supuesto, los veinte siglos que
preocupan a quien lo proclamó son los de la era cristiana; los del cristianismo
que venera a una mujer como Madre de Dios y que dice al hombre, cuando se casa,
«compañera te doy, que no sierva». Eso es lo que rebela al sensible pensador. Lo
que calma su vena rebelde son los cien mil siglos, desde Atapuerca, con un sexo
llevando al otro por la melena y con porra. El Corán, el harén, la adúltera
lapidada y el repudio verbal, tampoco lo preocupan.
Lección a los demócratas. Bien está la separación de poderes, pero
conviene rejuntarlos de nuevo para asegurar su fructuosa armonía. Aunque
esta vieja tesis, del maestro Guerra, da a Montesquieu un gran pase de muleta,
no quiero incluirla en lo español, ni en el pensamiento europeo. Fue Edgar
Quinet, francés, quien dijo en su obra La revolución: «El absolutismo
puede durar sin justicia. La democracia, no».
Lección a la ONU. La fórmula para vivir en paz es vivir en paz. La guerra
no es la paz. Lo que trae la paz es que los enemigos no sean enemigos. Por eso,
hay que buscar la manera de aliarnos con otras civilizaciones. Es de suponer
que la lección excluye al cristianismo de esta inédita y prodigiosa idea, por
ajeno a la Constitución de Europa y de su civilización. En suma: para conseguir
la paz internacional, amor internacional laico. (O, si acaso, amor islámico
internacional; incluso sin igualdad de sexos porque, ¿para qué si, en paz
perpetua, no habría que ganar guerras?).
Algo de europeo podríamos barruntar en tan supuesta lección. Con bastante
manga ancha, creeré que se acercó a ella el girondino Vergniaud, cuando, hace
doscientos años, dijo en la Convención Nacional de París este lirismo: «Se ha
buscado el triunfo de la revolución, por el terror. Yo hubiera preferido
lograrlo por el amor». Nada congruente con su voto inapelable contra Luis XVI,
Vergniaud moduló ese epigrama el 10 de abril de 1793. Apenas seis meses después,
en octubre del mismo año, fue arrastrado a la guillotina. Como el Rey. Del amor
teórico, al desastre práctico.
Y el contenido de esas lecciones ¿es pensamiento europeo? ¿Español? ¿Es, de
veras, pensamiento? No. ¿Es error vacio? Tampoco parece. Lo que pueda tener de
pensamiento huele a error intencionado, a tontería, maniobra y escapatoria
demagógicas, servidas a los inocentes y los trágalotodo. Y en el origen y
genealogía de tales recursos «políticos», no figura una sola estirpe. Hay
varias. De España y, sobre todo, de Europa.
[1] Juan Luis Calleja es escritor.