REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 116 – Septiembre / Octubre de 2007
LA PALABRA CAMARADA
Francisco Caballero Leonarte
*
No ha mucho tiempo redacté un artículo en relación con el origen e
implantación de una de las más famosas canciones militares: Yo tenía un
camarada. A raíz de aquel trabajo tuve ocasión de conversar, con algunos
eruditos, sobre el origen y significado de la palabra camarada. Lo cierto es que
me ha parecido oportuno poner manos a la obra y aquí os ofrezco un pequeño
estudio sobre el tema.
Como tantas veces ocurre, si vamos al diccionario, nos encontramos con una
descripción o concepto parcial, sintético y pobre, de la palabra que buscamos;
el diccionario Espasa, en su edición del año 1996, nos dice: «Camarada (de
cámara, por dormir en un mismo aposento): Persona que acompaña a otro y come y
vive con él; Persona que anda en compañía de otros tratándose con amistad y
confianza; En ciertos partidos políticos y sindicatos, correligionario o
compañero».
Sin embargo, esta palabra está llena de simbolismo, de matices y, por
supuesto, de fuerza mística (sólo hay que recordar la susodicha canción Yo
tenía un camarada, en su significado profundo).
Según nos dice Rafael García Serrano, en su Diccionario para un macuto,
«De lo que no hay la menor duda es de que el vocablo es de origen militar». En
qué momento y en qué lugar nació esta palabra, como tantas otras de nuestro
lenguaje, es imposible saberlo. Pero sí conocemos que unas Ordenanzas militares
españolas del siglo XVII se refieren a «la buena y loable costumbre que solía
haber de que los soldados viviesen en camaradas [...], que son las que han
conservado a la nación española».
¿Qué quiere decir vivir en camarada? Volviendo a García Serrano, éste señala:
«De cámara y de cama puede derivarse camarada, y antes de significar amigo
entrañable, compañero de armas y aventura, vino a ser algo así como república o
imperio, es decir, fraterna administración militar para asuntos de rancho y vida
en común». Abundando en esta idea nos encontramos también que Cervantes, en
El Licenciado Vidriera, habla de «hacer camarada», es decir, «unirse a dos
o más amigos, para vivir juntos, como la familia». Covarrubias dice que camarada
es «el compañero de cámara que come e duerme en una mesma posada». Y añade:
«Este término se usa entre los soldados y vale compañero y amigo familiar».
Corroborando lo anterior nos encontramos un documentado libro, titulado
Tercios de España, de Fernando Martínez Laines y José Mª Sánchez de Toca,
que dedica un capítulo a la vida del soldado y profundiza, precisamente, en el
significado y contenido de esta palabra: «…los soldados vivían en régimen de
camaradas, lo que significaba que ocho o diez soldados compartían la misma
cámara».
Así vemos, pues, que su origen es castrense o militar. Que dimana de algo tan
prosaico como las necesidades materiales y económicas de los soldados. Pero es
evidente que, trascendiendo de esa base material, esta convivencia generará unos
lazos de unión y profunda amistad; sobre todo en los momentos difíciles de
campaña militar o ante peligros comunes (¿Quién no recuerda la famosa frase de
Los Tres Mosqueteros: «Uno para todos y todos para uno»).
Cuando el poeta alemán Ludwig Uhland escribió su famosa canción Yo tenía
un camarada (1809), se estaban produciendo las grandes guerras napoleónicas
en Europa y él, que seguramente habría participado en alguna batalla, fue capaz
de transmitir poéticamente su sentimiento de dolor por el camarada caído y,
también, al mismo tiempo, la exigencia del deber que le impulsa a seguir
luchando.
A tenor de lo dicho, vemos que el vocablo camarada no es de uso
exclusivo del idioma castellano o español. Cómo y cuándo pasó a formar parte de
otros idiomas (alemán, italiano, inglés…) no lo sabemos. Sin embargo, sí le
consta al autor, por ser testigo de ello, que en los ámbitos castrenses
actuales, en muchas naciones, sigue utilizándose tal palabra, y, sobre todo, en
actos solemnes.
Pero, si bien su origen es militar (como hemos visto), este vocablo con el
tiempo se fue extendiendo hasta irradiar áreas de la sociedad civil y del mundo
de la política. Como curiosidad citaremos el título de un librito escolar de
primera enseñanza, utilizado allá por los años veinte, que algunos recordarán,
denominado, precisamente, El Camarada.
En cuanto al mundo de la política, sabemos que esta palabra fue asumida en su
día por muy diversas formaciones e ideologías, desde los comunistas, pasando por
los nacionalsocialistas, fascistas…y, por supuesto, por la Falange Española.
En cada una de estas organizaciones políticas, como es lógico, debió tener su
específica significación. Pero lo incuestionable es, con las matizaciones que se
quieran y haciendo abstracción del contenido ideológico y doctrinal, que la
intencionalidad no era otra que la de buscar un sentido de unidad y hermandad
entre correligionarios de cada una de ellas.
Así, en la Falange Española de preguerra, se impuso el tratamiento de tú
entre sus miembros con la intención de facilitar la aproximación espiritual
y eliminar las barreras de carácter social-convencional que pudieran dificultar
la existencia de un espíritu de hermandad (por otra parte, tan necesario en
aquellos tiempos de dificultades extremas). En ese contexto y con esa intención,
se atendió especialmente el fortalecimiento de los lazos de camaradería que
debería reflejarse básicamente de dos formas: por un lado, en el sentimiento de
hermandad con todos los de la Falange, como expresión de pertenencia a una
fraternidad en las ideas y en la acción y, por otro, como elemento de cohesión
en unidades operativas, de las cuales la Escuadra sería el paradigma. La forma
más depurada y concreta de la camaradería, en la Falange, se encuentra en la
Escuadra natural, es decir, en la formada por escuadristas voluntarios y por
razones de afinidad.
En esa organización política siempre se puso el mayor énfasis en este
aspecto. De tal forma que en el Juramento de la Falange puede leerse: «Juro
vivir en santa hermandad con todos los de la Falange y prestar todo auxilio y
deponer toda diferencia, siempre que me sea invocada esta santa hermandad».
Fieles continuadores de las esencias del Nacionalsindicalismo, las Falanges
Juveniles hicieron suyo el vocablo y lo procuraron insertar en la existencia
vital de la Organización, es decir, hacer de él una realidad en la vida misma,
para darle un sentido práctico que contribuyese a la creación de esa sociedad
ideal sin clases sociales a la que se aspiraba. Por esa razón se insistía
constantemente en su explicación y valoración. El Manual del Jefe de
Centuria, de 1943, inserta entre las diversas consignas: «8ª.- Vencerás con
el ejemplo de tu conducta. Vive con austeridad. Supérate, sé camarada con los
tuyos, prudente y correcto con todos, pero también enérgico, decidido y
valiente». Cuando en un folleto de divulgación, editado en 1945, se pregunta:
»¿Qué es la camaradería?», responde: «Es el vínculo íntimo e inquebrantable que
nos une estrechamente en una misma comunión de intereses e ideales a todos los
que constituimos la santa hermandad de la Falange».
En el famoso librito rojo Moral y Estilo, de las FF.JJ., podemos
leer: «Vivirás en absoluta hermandad con todos los camaradas y compartirás con
ellos alegrías y pesares». Del Manual del Cadete (1943) extraemos los
siguientes párrafos: «Entre los afiliados de la Falange existe una hermandad que
hace posible la supervivencia de la Organización que, sin ella, no tendría razón
de ser. […] Camarada es más que amigo, porque amigo es el compañero de
diversiones […], camarada es el que en momentos difíciles forma con abnegación
junto a nosotros hasta la misma muerte».
Está claro que, a la luz de los tiempos actuales, estos conceptos de la
palabra camarada parecen completamente desfasados. En la tercera edición de su
libro Diccionario para un macuto (1983) Rafael García Serrano ya nos
decía: «Con la palabra camarada pasa que no está de moda. Tampoco están de moda
muchas otras vinculadas con el uso de la palabra y, en general, un clima
bastante insolidario hace que ni siquiera la camaradería esté en boga». ¿Qué
diría hoy nuestro querido camarada y escritor?
Sin embargo, pese a todo, nosotros sabemos que, como la acrópolis de Atenas,
lo clásico permanece. Creo que no importa que el vocablo no esté de moda; las
modas pasan y desaparecen, pero el sentido profundo de la palabra camarada no
puede desaparecer, porque forma parte consustancial de la propia naturaleza
humana y, por lo tanto, existirá mientras existan las personas.
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Francisco Caballero Leonarte es Técnico Superior de
Relaciones Industriales. Graduado Social.